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La experiencia espiritual, una posibilidad humana por J. Álvaro Olvera
Ibarra, Comunidad Católica Vino Nuevo/Enkidu Que gusto volver a
encontrarte en Enkidu. Ya hemos hablado un poco de algunas de las causas
del abandono de la vida espiritual y descubrimos que detrás de ese
abandono hay – entre otras cosas que veremos luego – una concepción
dualista de la vida. Hoy quiero hablarte del primer paso en la vida
espiritual, paso que nos invita a superar nuestra visión dualista del
mundo para integrarnos en una concepción holística [holos en
griego significa totalidad] de la vida. ¿Sólo
existe lo que se puede ver? Es una vieja discusión
filosófica que ha causado muchos dolores de cabeza. Yo no me voy a meter
en ella más que como punto de partida. Y es que, cuando hablamos de Dios
y de las realidades espirituales, hablamos de algo que está más allá de
nuestra capacidad intelectual y entra en los terrenos de otras capacidades. ¿Has visto el libro
“inteligencia emocional”? En él, el autor llama la atención sobre el
exagerado interés que hemos puesto en la inteligencia racional (IR)
descuidando, minusvalorando o rechazando de plano otros niveles de
inteligencia tan reales como la IR. Todo el libro desarrolla la tesis de
que el ser humano tiene una inteligencia emocional (IE) que es más amplia
y abarca más realidades que la mera razón. Por ejemplo, el amor es
algo que tiene más que ver con la IE que con la razón [la razón dirá
que se trata de un fenómeno químico producido por ciertos factores y que
es fuente a su vez de ciertas sustancias – endorfinas – que nos
provocan esa sensación de bienestar y de cosquillas en el estómago... y
no es que el amor no sea esto, lo es, pero es mucho más que esto y ese
plus ya no lo puede captar la razón] El amor de una pareja no
se puede conceptuar, ni medir, ni estudiar con la mera razón. Para captar
ese amor necesitamos abrir nuestra percepción y utilizar nuestra
Inteligencia Emocional que nos permite ver el amor en su verdadera medida. Pues bien, otro tanto se
está diciendo ahora de lo que los místicos de todas las religiones y de
todos los tiempos han dicho: el ser humano tiene una capacidad innata de
captar las cuestiones espirituales. Esa capacidad, llamada por algunos
Inteligencia Espiritual (IEs) hace que nuestro cerebro produzca cierta
clase de ondas cuando está ante lo que se reconoce como manifestación
espiritual. Si esto es cierto – y los datos que encontré hablan de
investigaciones a nivel de física cuántica – estamos reconociendo por
fin que las manifestaciones religiosas no son un mero capricho humano,
sino una necesidad nacida de una capacidad... algo así como “escribimos
novelas porque tenemos la capacidad de leerlas” Personalmente creo que
todos los seres humanos tenemos la inteligencia espiritual y con ella
podemos captar en la historia y en la vida ciertas realidades que nos
remiten a lo trascendente, que nos hacen salir de nosotros mismos como
centros del universo, que nos extasían y nos fascinan. Para mí, esas
realidades son las realidades espirituales. Espiritualidad
sin dualismo El asunto de entrada es
superar el dualismo en la espiritualidad. Me explico. Si tu piensas que
espíritu es opuesto a cuerpo, entonces seguro que piensas que
espiritualidad tiene que ver con cosas etéreas, del más allá, de seres
sin carne, o sea, de otro mundo. El dualismo lleva a separar. Pero que pasa si el espíritu
es, más bien, la fuerza vital que anima a las personas y que no es
opuesta al cuerpo, sino que se manifiesta en ese cuerpo, existe a través
de ese cuerpo y se hace realidad en ese cuerpo. Entonces la espiritualidad
no será lo etéreo y una persona muy espiritual no será la que reza
mucho, ni la que vive en los templos y se olvida de su mundo y de su
cuerpo. Por ejemplo, la creación
artística es para mí una manifestación espiritual. ¿Has escuchado una
pieza de Mozart? Si eres sensible a la belleza musical descubrirás que en
esa melodía – humana, mundana, física, terrenal – se expresan
cuestiones que nos remiten a algo más que meros sonidos hechos con un
instrumento musical. ¿Y que tal un atardecer
en la playa o una noche estrellada cuando estás en medio del bosque y no
hay ciudades cerca? Si eres sensible a ese tipo de belleza estarás de
acuerdo conmigo de que, más allá de árboles y plantas, arena y nubes,
esas realidades materiales y mundanas, ordinarias y cotidianas, nos
transmiten algo que no podemos explicar con palabras [inteligencia
racional] sino que captamos con otra dimensión de nuestro ser que vibra
ante ellas... esa es la capacidad espiritual. Uno de los mejores
ejemplos, creo yo, de experiencia espiritual ha sido siempre y es la
experiencia sexual. Hay religiones orientales que dan al sexo una
importancia radical a la hora de caminar en la espiritualidad. En la
Biblia también se usa cierta clase de sexo como una manifestación capaz
de acercar al ser humano con su Dios. Algunas formas de pensamiento católico
actual están convencidas que el sexo es un sacramento [sí, la misma
palabra que se usa para definir el bautismo y la confirmación],
sacramento del amor humano, de la entrega de dos personas, del amor de
Cristo por la iglesia y del amor apasionado de Dios por la humanidad. Una
buena relación sexual y un buen orgasmo, si eres sensible a ese tipo de
belleza, pueden ser una excelente expresión de espiritualidad. * * * Como puedes ver, la
capacidad de experimentar lo espiritual, no está desligada ni es opuesta
a las realidades corporales, físicas y mundanas, al contrario, se expresa
en ellas, se vive a través de ellas y existe sólo en esas mismas
realidades. Desde este punto de vista
estoy seguro de que podrás encontrar en tu historia momentos de verdadera
y profunda experiencia espiritual, te invito a que esta semana busques en
tu vida esas experiencias, las revivas y las saborees para ver si las
explicas con solo tu razón, tu emoción o si captas en ellas ecos de lo
que aquí llamamos espiritualidad. Nos vemos pronto. Cuídate
y lucha por ser auténticamente feliz. J. Álvaro Olvera I. Comunidad Católica Vino
Nuevo
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