|
|
|||||||||
|
193. NOCHES DE BOHEMIA EN SANTIAGO DE CHILE De Montevideo a Santiago por siete días. Para poder
convertirlos en gastos profesionales, Bruce me ha puesto en contacto con
Fernando Bustos, un chico afiliado al MOVILH (Movimiento de Integración y
Liberación Homosexual), el grupo activista en Santiago. Los
contactos se han hecho apresuradamente. Tengo todo un programa de
presentaciones, reuniones y entrevistas.
Asisto a una reunión entre la directiva del MOVILH y un grupo anarquista.
Después de muchas deliberaciones, la directiva decide que no puede
hacer causa con los anarquistas. Señalan, acertadamente., la muy
precaria posición de su grupo en cuanto a la ley, y las complicaciones
que traería asociarse con otros grupos marginales.
Un chico llamado Víctor Hugo me entrevista para un programa radial, “El
Triángulo Abierto,” en Radio Tierra. Preguntas difíciles,
respuestas difíciles, pero me siento satisfecho.
Esa noche, salgo con Fernando Bustos a conocer a la escritora Amanda Berenguer y al famoso/infame Francisco, “Pancho” Casas, fundador del grupo de guerrilla teatral “Las yeguas del Apocalipsis.” El encuentro tiene lugar en el “Prosit,” lugar favorito de locas de todos los sexos y la incipiente juventud alcohólica de Santiago. Ambos llegan acompañados. Berenguer, por una amiga feminista que me da copia de su libro, escrito en lo que he llegado a reconocer como la jeringonza internacional del postmodernismo. Casas, quien desgraciadamente se parece más a Aubrey Beardsley que a Rock Hudson, por un callado noviecito de diecinueve años.
Casas ataca furiosamente a Bustos por no haber sido invitado
nunca al MOVILH, mientras que invitan extranjeros. La feminista lo
aporrea por intentar conseguirme una presentación en la Biblioteca
Nacional. Procede a citar una sarta de previos invitados desde Juan
Gelpí , Cristina Peri-Rossi, Jean Franco a Frederick Jameson, para
enfatizar que hay suficiente cultura en Chile y que soy demasiado poca
cosa para merecer tales honores. Se enredan todos en una tremenda
discusión sobre “Locas revolucionarias” (Casas) y “homosexuales
burgueses” (pobrecito yo) que atrae la atención de todo el mundo
mientras busco cómo meterme debajo de la mesa.
Casas propone que movamos la farra a un cabaret llamado “El Triángulo,”
pero que en realidad se debiera llamar “La pesadilla.” Todos los
muebles muy de vanguardia, en colorines, triangulares, ridículamente
incómodos. Nos encontramos con otro miembro de la bohemia intelectual
santiaguina, un borracho recitando poesía que siempre termina en un
silbido y que luego, compasivo, me cuenta la historia de cómo llevó
a Gorbachev a Chile y nadie tampoco le hizo ningún caso. Anda
acompañado de un guapo tipazo, también borracho, que pasa la noche
intentando levantar a Berenguer, invitándola a bailar para luego
llevarla a su departamento. Pero a la vez me exhibe el paquete, al
que rabiosamente no le quito la vista de encima Esta gente
bebe pero no come así que, siendo el invitado con dólares, me toca
pagar por las siete botellas de vino que han consumido. Casas
ácidamente le informa al borrachón que no se nos acerque porque somos
“una mesa de homosexuales”(¿burgeses?), pero él insiste en darme
conversación. Regreso a las dos de la mañana, muerto de hambre, de
cansancio, y con ganas de llegar a Nueva York.
Tan pronto despierto al día siguiente, Bruce me informa que la
conferencia de la Biblioteca Nacional, misteriosamente convertida en rueda
de prensa, no tendrá lugar. El MOVILH pasa por una crisis: el
gobierno ha censurado un programa sobre la homosexualidad en la televisión.
Recibo una llamada de Bustos avisando que debo estar a las 9.00PM en el
MOVILH para una lectura de poesía, y que vaya en taxi porque no pasará a
recogerme. Es el cumpleaños de Bruce, quien me acompaña en
Metro porque su celoso maridito se ha llevado el auto. Al fin
puedo hablar por hora y media de mi trabajo y contestar preguntas.
Una me conmociona. ¡Quieren saber si Gabriela Mistral es lesbiana!
Contesto que, siendo chilenos, ellos lo deben saber mejor que yo. De
memoria, recito “Lai” (Un hombre/ bello como el vidrio . . . “)
y leo de La voz de la mujer que llevo dentro y de Pato salvaje,
terminando con el subversivo “Dijo el amor.” Anuncio que mi
lectura está dedicada al hombre de mi vida, el cumpleañero.
Ese es mi regalo. Las pupilas sorprendentemente húmedas, me pasa la
mano por el hombro, me estrecha, y murmura las mágicas palabras: “Je
suis fier de toi . .” Luego se larga a continuar la fiesta con
unos amigos. Termino con otro de sus acólitos, Alejandro, en el “Prosit,”
cenando pizza y vino de la casa.
Señores
Enkidu
Atentamente
Juan Hernàndez, 02-671 48 55,
Resulta ser que mi contacto con el MOVILH de Chile data de 1986, bastante antes que los actuales dirigentes asumieran la directiva (muchos de ellos probablemente estaban todavía en pañales). Leí poesia, hablé sobre Augusto D'Halmar, he hice una entrevista en la radio. Lamento que la organización en el presente no haya conservado una memoria histórica de sus propios pasados logros. ¡Lo que si han conservado es el estilo retórico! Dr. Alfredo VIllanueva Collado
|
|||||||||