LAS RECAÍDAS

Por José F. Colón



La mente es sumamente poderosa. Asimismo el deseo de vivir, el espíritu de lucha, y lo que nos debe guiar siempre: El amor...

Aquellos que sufrimos de las mal llamadas enfermedades terminales, tenemos que tomar una de dos sendas, o nos dejamos dominar por la enfermedad y sucumbimos, o le hacemos frente y la combatimos con todos los elementos posibles: la fe, la oración, el buen humor, una higiene excelente, un poco de lágrimas, (demasiadas empeoran, unas cuantas desahogan), y la expectativa de seguir trabajando en alguna obra de bien para la humanidad, la cual se torne en nuestra meta para salir de nuestra enfermedad y la cama.

La desesperación, la amargura, el mal humor, la rabia y el coraje son venenos para combatir una dolencia. Lo que hacen es envenenar nuestro proceso de recuperación, atrasando, no solamente nuestro bienestar físico, sino el espiritual también.

Por experiencia (les escribo desde mi cama en el hospital), he tenido que reponerme a lo que para muchos sería una desgracia aniquilante: estar en el hospital cuatro semanas y a los nueve días volver para que se me diagnostique una pulmonía. Al revelárseme lo que tenía, di gracias porque por lo menos sé a lo que me enfrento, y puedo enviarle a mi cuerpo los debidos mensajes de sanación, fuera de la presión de no saber lo que me estaba pasando.

Durante esta odisea, he tenido la suerte de conocer a personas a través del teléfono, quienes me han llamado para, desde sus respectivas aflicciones y dolencias, darme consuelo. Asimismo me he dado cuenta de que los ángeles existen, y que no tienen necesariamente que tener alas, son de carne y hueso.

Estando en una cama es que realmente uno sabe quién es quien, lo que puede ser desagradablemente sorpresivo, o maravillosamente agradable.

Otro aspecto que tiene suma importancia, es la pro actividad que uno tenga como paciente. Debemos, por regla general, siempre preguntar qué medicamento se nos está dando, a qué hora nos toca, cuáles son los resultados de los exámenes y laboratorios que se nos hacen, y bien importante, llevar una bitácora del proceso de la hospitalización. Estos factores pueden ser de vida o muerte, ya que nadie es ni perfecto ni infalible, ya que somos humanos y por ende cometemos errores. No podemos permitir que uno de ellos se convierta, ni por omisión, ni por descuido, en nuestra sentencia de muerte.

Tuve la experiencia de que habiendo dicho desde el principio de mi ingreso en la hospitalización pasada a cuáles medicamentos era alérgico, (la penicilina y la aspirina), una enfermera entró en mi habitación con una bolsa de suero y al preguntarle qué era me dijo que era un antibiótico. Inmediatamente le pregunte el nombre del mismo, llame a mi compañero y le pedí accesara en la red qué era el medicamento. Resultó ser un derivado de penicilina. Si yo no hubiese indagado lo que se me estaba suministrando, quizás no estaría escribiendo hoy.

En conclusión: no podemos dejarnos caer por meros diagnósticos o recaídas. Nuestra fortaleza tiene que ser lo que nos impulse a seguir batallando. El deseo de vivir es la mejor cura para cualquier mal. Uno no se puede desesperar porque, como decía mi difunta tía Panchita: "Si tu mal tiene cura ¿por que te apuras?, y si no la tiene, ¿por que te apuras también?..."


Muchas gracias.
      

[16.08.2004]: Veintiseis días después...
Por © Jose F. Colon/Enkidu

[05.08.2004]: CRONOLOGÍA DE LA HOSPITALIZACIÓN DE UN ACTIVISTA DEL VIH/SIDA VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS DEL COMIENZO DE LA PANDEMIA 

José F. Colón cada semana en Enkidu

Nota: El autor es Coordinador de Pacientes de SIDA pro Politica Sana, organizacion que aboga por los derechos de las PVVIH/SIDA en San Juan, Puerto Rico. para comentarios puede escrbirle a: jfcolon062@aol.com y/o (787) 771-7641, Hab. 5251, Hospital Auxilio Mutuo.