El empleo de la homofobia como táctica militar alcanza un nuevo nivel de perversidad

Las imágenes de los prisioneros de Irak siendo torturados impactó al mundo por su brutalidad pero también por su sexualidad descarada. No sólo se trata de hombres forzados a permanecer desnudos; debieron realizar actos reales o simulados de relaciones sexuales anales y de masturbación.

La homofobia del ejército estadounidense no es algo sorprendente, pero el empleo de la homofobia como táctica militar alcanza un nuevo nivel de perversidad. Los hombres gay son testigos del uso de la homosexualidad como el arma última de los interrogadores en su estrategia de degradación en la cárcel de Abu Ghraib ahora tienen otra razón para aborrecer la Administración Bush.

Toda vez que “gay” implica una identidad y una cultura, en adición a la descripción de un acto sexual, es difícil para un hombre gay en el Occidente entender de manera plena el nivel de desgracia que significa para los prisioneros iraquís. Pero en el mundo árabe, las técnicas de humillación son particularmente efectivos por la relación problemática del Islam ante la homosexualidad. Esto no quiere decir que las relaciones sexuales entre los hombres no ocurra en las sociedades islámicas, la vergüenza viene de la identidad gay, no del acto sexual en sí mismo. Mientras que un hombre no acepte el rol supuestamente femenino (pasivo) al tener relaciones sexuales con un hombre, no existe vergüenza en la conducta. Acorde con reportes, los prisioneros no sólo fueron abusados de manera física, sino también acusados de ser homosexuales, lo que es una degradación mucho mayor para ellos.

Parece que finalmente la Administración Bush ha tomado su tiempo para entender una creencia islámica fundamental. Desafortunadamente, ha utilizado ese conocimiento para desarrollar una política que está degradando completamente tanto a las víctimas como a la ciudadanía en Estados Unidos, al verse como el enemigo ante los ojos del mundo [further sullied in the eyes of the world].

Dado que el rechazo islámico a la homosexualidad es bien conocido, es difícil de entender que la humillación sexual no hubiese sido explícitamente discutida como una estrategia para obtener la cooperación de los prisioneros. Declaraciones del Gen. Brig. Janis Karpinski, quien supervisó la policía militar parecen indicar que la tortura era parte de una política perfectamente establecida.

Uno de los aspectos extraños de las fotos es la participación activa, incluso jocosa, de mujeres en este proceso. Una soldado fémina con el pulgar hacia arriba frente a un cuerpo degradado de un hombre o posando para una foto como turista tras pilas de hombres que parecen muertos, agregan una nota extra de horror ante los ojos de hombres gay que intentaban observar las imágenes [gay eyes trying to take in the images]. (La pila de cuerpos inmediatamente trae a la mente el recuerdo del Holocausto, donde hombres gay fueron eliminados junto con judíos y otros indeseables). La idea de que las soldado mujeres son capaces, tanto como los hombres, de tales atrocidades es algo que desorienta a los hombres gay que tienden a pensar que las mujeres son sus aliados naturales. Es una pena que las mujeres, quienes han trabajado tanto para ser aceptadas en el ejército, fueran participantes de primer orden en estos actos de tortura.

Por supuesto que el remilgo de nuestra propia cultura sobre la sexualidad gay no puede ser ignorada. La discusión en los medios de comunicación sobre la tortura en Abu Ghraib ha sido elevada, pues los escritores y editores son forzados a discutir temas de sexualidad que claramente preferirían evitar. En casi cualquier historia, la semana pasada, la imagen más prominente fue la del prisionero encapuchado que se enfrentaba a la amenaza de la electrocución mientras se balanceaba en una caja. El centro visual ha estado en un hombre abusado, en lugar del hecho de que muchos más fueron sujetos abyectos de violaciones sexuales. Si los comentaristas se sintieron compelidos a discutir la tortura en términos más gráficos, la mayoría se concentró en los actos “sexuales simulados” en lugar de hacer referencia de los alegatos más serios respecto a que algunos prisioneros fueron violados con objetos tales como mangos de escoba, mientras que en otros casos se veía cómo estaban orinando sobre ellos.

Este tipo de prejuicios refleja la disconformidad de los estadounidenses para discutir de forma abierta asuntos relacionados con el sexo. Una actitud más saludable habría sido ayudar a evitar tales perversiones como las empleadas en Irak. Atestiguar que la identidad es utilizada como una forma extrema de tortura ha provocado enojo a nivel mundial, lo que es una experiencia degradante para aquellos de nosotros que vivimos en el mundo supuestamente más iluminado de Occidente. Para los hombres y las mujeres homosexuales que se encuentran en el ejército, debe evocar una gran vergüenza. Los hombres gay deben encontrarse en la vanguardia de las protestas contra estos crímenes de guerra, pues todos finalmente pagaremos el precio de que nuestra sexualidad sea estigmatizada aún más.

El libro más reciente de Moore es “Beyond Shame: Reclaiming the Abandoned History of Radical Gay Sexuality” [Más allá de la Vergüenza: Reclamando la Historia Abandonada de la Sexualidad Radical Gay].

 

(© Enkidu/CNN)