|
IRAQ-EEUU:
Todos los caminos conducen a
Feith
Análisis de Jim Lobe
WASHINGTON, 20 may (IPS) - Pueden pasar meses
antes de que se determinen responsabilidades por el maltrato de
prisioneros iraquíes a manos de soldados estadounidenses, pero no
sorprendería que se descubriera que el subsecretario de Defensa para Políticas
de Estados Unidos, Douglas Feith, tuvo un papel importante.
Feith, que responde directamente al secretario
(ministro) de Defensa Donald Rumsfeld y a su segundo, Paul Wolfowitz, ha
estado en el centro de casi todo lo que ha salido mal en Iraq. En su nuevo
libro ”Plan de ataque”, el periodista Bob Woodward cuenta que el
general Tommy Franks, comandante de la invasión a Iraq el año pasado,
llamó a Feith ”el tipo más estúpido sobre la faz de la Tierra”.
La hoy disuelta Oficina de Planes Especiales, creada por él, apeló a
informes frecuentemente aportados por el iraquí favorito de los
neoconservadores, Ahmed Chalabi, para preparar alarmistas informes de
inteligencia que reforzaron los argumentos a favor de la invasión a Iraq.
Esos datos luego llegaban a la Casa Blanca a través de Rumsfeld o del
vicepresidente Dick Cheney, sin pasar por organismos de espionaje
establecidos como la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o las agencias
militares.
Fue con esos informes a la vista que el presidente George W. Bush aseguró
que el régimen del hoy depuesto presidente iraquí Saddam Hussein poseía
un programa de armas nucleares, biológicas y químicas, y que estaba
vinculado con la red terrorista Al Qaeda, de Osama bin Laden.
Feith fue también encargado de la planificación de la posguerra en Iraq,
y en ese carácter rechazó toda previsión de resistencias en el país árabe,
como aseguraban tras meses de trabajo iraquíes exiliados y expertos en
Medio Oriente del Departamento de Estado (cancillería) y de la CIA.
Además, impidió que expertos del Departamento de Estado participaran de
cualquier modo en la Autoridad Provisional de la Coalición, principal órgano
civil de la ocupación estadounidense en Iraq.
Por último, fue Feith quien recomendó, junto con la Autoridad
Provisional, grandes contratos para la reconstrucción del país árabe
que, en la percepción de quienes han criticado la invasión y la ocupación,
tienen el lucro como principal objetivo.
Entre las compañías que aprovecharon esos contratos figuran varias con
empleados o asesores que han integrado la Junta de Políticas de Defensa
del Pentágono, cuyos miembros son elegidos por Feith.
De hecho, su ex socio en el bufete de abogados Feith & Zell, L. Marc
Zell, instaló una oficina en Bagdad con un sobrino de Chalabi para ayudar
a empresas interesadas en contratos para la reconstrucción de Iraq.
Y fue la oficina de Feith la que albergó a quien sería el subsecretario
de Inteligencia, Stephen Cambone.
Cambone facilitó la transferencia del general Geoffrey Miller, comandante
de la prisión de Guantánamo --donde permanecen detenidos supuestos
miembros de Al Qaeda y Talibán sin juicio ni acceso a abogado--, a la
infame prisión iraquí de Abu Ghraib, para extraer a los prisioneros más
datos sobre la creciente insurgencia en Iraq.
Tanto Cambone como Miller, que llevó de Guantánamo a Iraq tácticas de
interrogación prohibidas por las convenciones de Ginebra, son objeto de
las investigaciones del Congreso legislativo sobre el escándalo de las
torturas a prisioneros en Abu Ghraib, plasmadas en fotografías que
circularon por todo el mundo.
El anuncio el martes de la Comisión de Servicios Armados del Senado, John
Warner, de que pedirá el testimonio de Feith en las próximas semanas,
podría arrojar luz sobre las razones por las que el secretario de Estado
(canciller) Colin Powell se habría referido a la oficina de Feith como
”la Gestapo”, según Woodward.
Las publicaciones Newsweek, The New York Times y Los Angeles Times
afirmaron que, incluso antes de la guerra contra Iraq, altos funcionarios
del Pentágono, por recomendación de abogados civiles, autorizaron una
reinterpretación de las convenciones de Ginebra para permitir métodos más
duros de interrogación de prisioneros de guerra.
El esfuerzo de reinterpretación fue resistido por Powell y por el cuerpo
de fiscales del ejército, conocido por sus siglas en inglés JAG. Ese
cuerpo argumentaba que técnicas como la privación del sueño y no sólo
producirían datos de inteligencia dudosos, sino que servirían como
precedente a usar en contra de soldados estadounidenses que caigan
eventualmente en manos enemigas.
Según el semanario Newsweek, las nuevas técnicas fueron aprobadas
formalmente en abril de 2003, aunque el superior inmediato de Feith, el
subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, testificó la semana pasada que
no estaba al tanto de esa decisión.
Scott Horton, ex miembro del JAG y presidente de la Comisión de Derechos
Humanos Internacionales de la Asociación de Abogados de Nueva York,
declaró a Los Angeles Times que oficiales del JAG le manifestaron su
preocupación porque habían sido ”excluidos del proceso, y porque
abogados civiles, no militares, estaban reescribiendo las normas”.
Según Horton, los oficiales del JAG identificaron a Feith y al consejero
general del Pentágono, William Haynes, como los principales impulsores de
la flexibilización de las normas.
Feith, entrevistado por el canal ABCNews, negó cualquier desacuerdo del
JAG respecto de las prácticas autorizadas por su oficina, pero es
improbable que el asunto se cierre sólo en base a sus declaraciones.
De hecho, las afirmaciones de integrantes del JAG están de acuerdo con
los antecedentes políticos de Feith, un protegido del ex presidente de la
Junta de Políticas de Defensa del Pentágono, Richard Perle.
A lo largo de su dilatada trayectoria política, Feith ha manifestado
posturas de línea dura en materia de política exterior y de control de
armas, al igual que Perle.
En la década de 1970, se opuso a tratados internacionales contra la
proliferación de misiles antibalísticos y de armas químicas y biológicas,
a los que consideró ineficaces y perjudiciales para los intereses
estadounidenses.
Su bufete de abogados ha representado, entre otros clientes, a las firmas
fabricantes de armas Lockheed-Martin y Northrop Grunman.
Feith se ha destacado como defensor de los intereses y de la seguridad de
Israel, y se ha opuesto, por ejemplo, a la posibilidad de que Israel ceda
territorios a Palestina a cambio de paz.
Este funcionario neoconservador ha sido un extravertido enemigo del diálogo
de paz entre palestinos e israelíes iniciado en Oslo en 1993, e incluso
del proceso de Camp David, que condujo en los años 70 a la paz entre
Egipto e Israel y en el que participó el entonces primer ministro
derechista israelí Menajem Beguin.
Sus contactos profesionales cercanos son muy significativos. Su ex socio
Zell es portavoz del movimiento de colonos judíos en Cisjordania.
Feith ingresó en el gobierno en 1981 como experto en Medio Oriente del
Consejo de Seguridad Nacional, durante la presidencia de Ronald Reagan.
Fue despedido abruptamente al año siguiente. Pero Perle, entonces
secretario de Defensa Adjunto para Seguridad Internacional, lo contrató
como su segundo.
En 1986, Feith dejó ese cargo para fundar el bufete Feith & Zell.
Tres años más tarde, el gobierno turco lo contrató para representarlo
en Washington. En ese carácter, participó en la consolidación de vínculos
militares entre Turquía e Israel.
La revista Commentary publicó en 1997 un extenso artículo suyo titulado
”Una estrategia para Israel”, en la que proponía dejar sin efecto los
acuerdos de paz de Oslo y reocupar las áreas de Cisjordania y Gaza ya
transferidas a la Autoridad Nacional Palestina.
Dos años más tarde, Feith y Perle firmaron una carta abierta al entonces
presidente Bill Clinton para proponerle que trabajara en conjunto con
Ahmed Chalabi a fin de derrocar a Saddam Hussein. Y en 2000, participó en
la elaboración de un informe que sugería a Washington estar preparado
para atacar a Siria. (FIN/2004)
|