ARTICULO DE LA SEMANA:
Libération : Un
mariage d’un nouveau genre
por: Clémentine
Autain –Adjunto del Alcalde de Paris (del partido comunista) &
Christophe Girard – Adjunto del Alcalde de Paris (del partido
verde): Traducción
© Agustín Villalpando
« Pourquoi
un couple de même sexe serait-il moins légitime qu’un couple de
sexe différent? Un mariage d’un nouveau genre, »
¿Por qué una pareja del mismo
género será menos legítima que una pareja de género diferente?
Cuando Bélgica, los Países Bajos, Dinamarca y Québec ofrecieron el
matrimonio civil a las parejas del mismo género y cuando el nuevo
Primer Ministro español va a demandar al parlamento esta misma
legislación, ¿qué hace Francia? La adopción de los Pacs (uniones
civiles N/Enkidu) por el gobierno de Jospin, constituyó un avance.
Por primera vez, fue reconocida la igualdad entre las parejas,
independientemente de su orientación sexual. Por tanto, la existencia
de dos formas de unión legal se tradujo en una hipocresía y el
derecho francés sostiene que una situación de discriminación al no
permitir el matrimonio entre personas del mismo género.
Hoy nos enfrentamos a un
sistema de dos velocidades, el matrimonio que confiere derechos
superiores a los que ofrecen los Pacs: se celebran en la alcaldía, de
inmediato otorgan derechos en materia de herencia, ventajas fiscales...
y contituye un punto de apoyo para los extranjeros que desean reunir a
sus familias [regroupement familial].
Con toda tranquilidad, el
Estado viola así uno de sus principios fundamentales: la
universalidad del derecho, al igualdad de todos (as) los ciudadadanos
(as) [tou-te-s les citoyen-ne-s] ante la ley. ¿Cómo puede continuar
asumiendo tal inferiorización de una parte de la población? ¿Por qué
una pareja del mismo género será menos legítima que una de género
diferente? Reivindicamos a la vez una reforma de la unión legal, a
fin de terminar con las discriminaciones y para establecer otro
concepto de la familia. Ante la evidencia, la apertura del matrimonio
a las personas homosexuales –hombres y mujeres- adopta un carácter
profundamente subversivo. Más allá de los derechos concretos, el
asunto es simbólico: El origen del matrimonio y de su función social
se conjuga mal con la entrada en esta institución de las parejas del
mismo género.
«¡ Usted no se casa con
sus hijos, no se casa con ellos !» Este refrán enunciado por
Boris Vian puede leerse en todos los libros feministas, recordando así
la cantidad de valores históricos hetero-patriarcales [hétéro-patriarcales]
y familiaristas [familialistes] trae consigo el matrimonio. En su
versión religiosa o civil, el matrimonio ha sellado la inferioridad
de las mujeres y erigió a la procreación a un rango de obligación.
Verdadero pilar de la organización social, la familia, consagrada por
el matrimonio, se hace así el modelo a seguir: el patriarca, su mujer
y sus hijos. El código civil napoleónico ha inscrito en mármol los
preceptos: « la femme doit obéissance à son mari» [La mujer debe
obediencia a su marido] y debe someterse al «devoir conjugal» [deber
conyugal]. Debió esperarse hasta 1938, cuando las mujeres casadas
obtuvieron la capacidad civil y dejaron un estatus como menores en el
que se encontraban encerradas. Incluso hoy, con todo y la emancipación
femenina y el surgimiento de nuevas formas de familia cuestionando el
orden establecido, el matrimonio encarna cierta idea de pareja y de
familia. Por ejemplo, todo el tiempo, cuando se celebra un matrimonio,
el alcalde regala el «carnet de famille» [Cuaderno de la Familia],
en cuyas páginas debe anotarse el nacimiento de cada hijo. Si bien es
cierto que se han conquistado márgenes de libertad, el matrimonio
constituye aún un elemento de promoción de la vida mayoritaria. Esta
crítica al matrimonio no cuestiona la libertad individual de elección.
Además, no todas las parejas conceden el mismo sentido a su
matrimonio.
La apertura a los gays será
una pieza clave en el cuestionamiento sobre la concepción tradicional
del matrimonio y seguramente modificará profundamente el sentido de
tal acto. En efecto, si el objetivo del matrimonio ya no es asegurar
el orden entre los géneros y de las sexualidades, podemos legítimamente
cuestionar su función. Una reforma a fondo que reconozca la unión pública
entre dos personas es, sin duda alguna, un elemento a considerar. No
se trata necesariamente de orientase a una individualización de los
derechos, ¿evidentemente los que tienen relación son el asunto
fiscal? La obligación de fidelidad, escrita en la ley, ¿aún tiene
sentido? Así , las modificaciones que trae consigo la apertura a las
parejas del mismo género deberá servir como una ocasión para volver
a pensar la unión legal y sacar ventaja de este hecho, para la unión
de las parejas. La reforma al divorcio, bajo análisis, participa ya
en un rediseño de los contornos de un matrimonio más en concordancia
con las evoluciones sociales en curso.
De otra forma, ciertos
objetores a la apertura del matrimonio a las parejas gay no desean
–o no consideran- formar parte de una institución tan ajena a sus
valores y su modo de vida. En un principio será sorprendente que los
modos de vida de las personas homosexuales –hombres y mujeres-,
fuese tan diferente a sus contrapartes heterosexuales. Aquí como en
tantas otras cosas, desconfiemos de los prejuicios. Además, si
numerosas parejas del mismo género no aspiran hoy casarse, es porque
les está vedado. Finalmente, dado el alboroto causado en San
Francisco, donde las parejas homosexuales llegaron por miles ante el
alcalde –heterosexual- ¿no es en sí mismo una respuesta?
La apertura del matrimonio
implica además la posibilidad para las parejas del mismo género de
criar infantes [d’élever des enfants]. Nosotros no estamos en
contra de ninguna de estas reivindicaciones porque pensamos que son
articuladas. La posibilidad de parte de un soltero o de una soltera de
adoptar muestra que la presencia de dos personas ya no es más un
imperativo para criar un hijo. Una vez más, la hipocresía es
evidente, y conviene subrayar que en estos momentos ya existen
familias homoparentales [homoparentales]. En el fondo, es el
cuestionamiento de las identidades lo que genera miedo. O tal vez esta
aprensión sea un reflejo culturalmente construido; es necesario
conocer la manera en que se puede aprovechar una organización social
basada en los valores de la emancipación individual, la libertad y la
igualdad.
« Pourquoi
un couple de même sexe serait-il moins légitime qu’un couple de
sexe différent? Un mariage d’un nouveau genre, » Clémentine
Autain, adjointe au maire de Paris (apparentée communiste) et
Christophe Girard, adjoint au maire de Paris (Verts), mercredi 14
avril,