DE CLOSET Y DE LOCAS

© Jorge A. Isaías Silva/Enkidu

Comenzar este artículo es por demás trabajoso para mí, hace años que logre superar los conflictos existenciales que creo aceptarme como homosexual y para hablar del asunto debí sumergirme en lo más recóndito y oscuro de mi pasado para recordar un poco ese sentir.

En lo personal descubrí mi orientación sexual a muy temprana edad. En esos años en los que mis compañeros de secundaria volteaban a ver las nalgas de las maestras a mí me atraían las de mis profesores, recuerdo en particular a mi maestro de educación física, quien con su pants lucía un lindo trasero y dejaba ver un paquete muy sabroso en el frente. Sin embargo el bagaje cultural pesaba mucho e intentaba tener novia, me decía a mí que era imposible que fuera un joto, que yo era bien machito y que ojalá se murieran todas las locas de este planeta. Sin embargo, un día me decidí a probar del fruto prohibido y ¡Me encantó!

En esos años, me convertí en un HSH (hombre que tiene sexo con otros hombres). Yo no era gay, mucho menos una jotita loca de esas que andan por la vida jotee y jotee. Tuve novia, tenia sexo con ella y con otros chavos, me decía, es sólo una etapa, ya se me pasará, después me dije, “lo que importa es la persona, no lo que tengan entre las piernas”. Así viví algunos años, hasta que me di cuenta que si bien me era posible tener sexo tanto con hombres como con mujeres, me satisfacía más lo primero.

Me acepte (según yo) como gay, pero lo ocultaba lo más que podía, si hablaba con alguien del tema siempre era a la defensiva, yo no soy gay pero respeto a los que lo son, eso sí, que se comporten, que no anden joteando, que respeten, decía. Durante ese tiempo, me ofendía si alguien me decía joto, brincaba si alguien me decía que era obvio y tenia pavor de que cualquier conocido mío se enterara de que era homosexual.

Con el pasar de los años estuve así, de esta manera tuve tres relaciones de pareja, para mi familia eran amigos y sólo eso. Sin embargo, en esos años mi forma de ver las cosas fue cambiando, en principio acepté y tomé a juego las maneras que tienen los bugas para referirse a nosotros. Finalmente, cuando alguien dice “joto, maricon, lilo, rarito, loca, amanerado, puto, etc., etc.,” lo hacen para referirse a un hombre que tiene sexo con otro, no importa si es obvio o el más macho de los machos, lo importante para que se refieran a uno de esa manera es tener sexo con otro hombre, así que permití que las palabras dejaran de molestarme.

Con este cambio surgió otro: acepte que en realidad no tiene la menor importancia que alguien jotee, es su vida y debe tener la absoluta libertad de ser como le venga en gana. Estando en ese proceso, conocí a mi actual pareja, David, y con él termine todo este rollo de ser gay o no, y de ser de closet o salir. Hablé con mi familia, con mis amigos y cuando trabajo no tengo el menor empacho en referirme a David como mi pareja. Hoy vivimos muy felices juntos, eso sí llenos de deudas y problemas económicos, pero libres y sin temor de decir al mundo somos pareja. Salimos a la calle de la mano, nos besamos y abrazamos donde y cuando se nos pega la gana sin importar quién nos esté viendo, esta ciudad es tan mía como de cualquier otra persona y tengo el derecho de mostrar mi amor en público.

Ahora que por otro lado, es cierto que no es obligación de nadie salir del closet. Cada quien vive su realidad y es muy respetable; sin embargo, lo que también es cierto, es que esas personas que niegan ser lo que son y que se esconden porque se avergüenzan de ser gay, no tienen el menor derecho de venir a solicitar auxilio a quienes a pesar de cualquier cosa, tienen el valor de mostrarse al mundo tal como son.

Ya lo dijo un personaje de telenovela “hacen falta más huevos para decir soy homosexual que para no decirlo”.

Finalmente, para lograr obtener derechos, primero que nada debemos aceptarnos y apoyar a otros que viven igual que yo. No importa si es gordo, flaco, feo, bonito, obvio o discreto, lo importante es que “Jotos somos y entre vergas andamos.” Debemos además, dejar a un lado la mentalidad gueto y salir a la calle sin temor, pensando en que entre la gente que va a nuestro lado, hay una gran cantidad de gays y si alguien se atreviera a querer agredirnos esos que van ahí diciendo a mí no se me nota, van a alzar su voz y de ser necesario su puño para defender mi derecho a ser quien soy.

Creemos una verdadera comunidad LGBT y dejemos que la vieja guardia descanse y se mate entre sí por sus intereses creados, mientras ponemos un granito de arena por lograr unirnos y exigir juntos nuestros derechos.

Nos vemos aquí la próxima.

 

  JORGE A. ISAIAS SILVA

[02.09.2004]: 2 de octubre ¿Sé olvida?, por © Jorge A. Isaías Silva/Enkidu

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