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TU GALÁN ¿ESTA DE PELOS?
“… Mi corazón
se ahoga en sangre/ y mi vista se ciega/ ante tu presencia/ amada,/
insoportable/ en la cálida promiscuidad/ de tus axilas oscuras;/
avasalladora/ en la alcoba íntima/ de tu aroma./ El nido de tu cuerpo/ me
recibe/ mullido/ por el vello pectoral/ y un duro abdomen en mi asiento./
Y en tan recónditos abrazos… “
-fragmento de Mi
corazón se ahoga, Luis González de Alba-
Por Dona Juana La Loca
Dedicado a las vellosidades de
Jorge Lothar, Miguel Angel, Pedro K. y Evaristo

Pareciera que fue ayer, cuando
siendo toda una adolescente Dona Juana recibió el primer óooooooos-culo
(beso para las incultas), quedando esta princesita encantada por las
vellocidades del galán en turno, Jorge Lothar quien tenía un bigote y un
torso que lo haría digno ejemplar de los lobos mexicanos. Así fue como
esta gordita empezó la búsqueda de los hombres peludos con el temor de
volverse una licántropa o en el mejor de los casos en una come hombres.
Nuestra Reyna ha sido conquistada por Osos (hominidus gorditus peluditus)
simpáticos hombres de formas abultadas, con un corazón enorme muy buenos
amantes, amigos perfectos y velludos a morir su exponente artístico sería
Pedro Kóminik; por Lobos (lupusexualis, flacus famelicus veluditus)
sabrosos hombres peludos de la piel a la cabeza, delgados por las
continuas crisis economicas y muy pagados de si mismos como Omar Fierro
–antes de la Castro- y de Nutrias (panzonus homo vibarachus) homínidos
con pancita y con mucho pelo como ejemplo estaría el expresidente de la
ILGA Jordi Petit.
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En Australia existe un dicho que reza así
“besar a un hombre sin bigote, es como comer papas sin sal” y la
verdad tienen mucha razón ya que siempre es rico sentir esa
rasposidad que va buscando desde tu cuello el camino hacia la boca.
Para muchos hombres la vellosidad encierra también el valor de la
fuerza, de lo masculino y es por ello que al perder el cabello
muchos hombres temen perder ese impulso mágico. |
Nuestra gordita, aclara que ha
tenido innumerables lides amatorias con gente velluda y lampina todas
ellas placenteras; sin embargo ella prefiere unos brazos, pecho, piernas y
sobre todo ¡nalgas muy velludas! Y es que esta perversa mujirs le encanta
enredar su nariz en los sobacos sudorosos o disfrutar el olor que guardan
los vellos de la ingle o recorrer con los labios el camino de la espalda
hasta llegar al otro camino….hummmmmm, si a ese caminito que lleva a un
pueblito lleno de emociones.
Hasta mediados de los 90’s los
hombres velludos eran lo inn, ejemplo de la masculinidad, de fuerza y
vitalidad sexual en comparación con los calvos y Tom Selleck mejor
conocido como Mágnum era la celebridad con quien medio joterío incluida
quien esto escribe se quería acostar. A finales de esta década surgió
una nueva tendencia: los lampinos. Su Cogelona Majestad recuerda el día
que su Felipe el Hermoso se rasuró el pubis por estética ¡Escándala,
escándala! De por si el hombre sólo tenía barba a su favor como para
deshacerse del vello así por así; finalmente quien esto escribe le
agradeció ese gesto no por gusto sino por cuestiones de salud, pues
precisamente los vellos y el cabello son lugares donde las ladillas
habitan para expandirse por todo el cuerpo de aquellos amantes que metiéndose
con media ciudad no utilizan precautoriamente Her-klin.
A finales de los 90, estar
rasurados del pubis manifestaba elegancia y un sentido muy refinado del
erotismo llegando incluso a ser muy sabroso tener sexo con alguien
rasurado pero no sólo del pubis sino como diría Fher de Maná “De los
pies a la cabeza, amor” y
lo podemos checar ahora con el merchandising corporal, lo constatamos con
los modelos, con los catálogos de chichifos e incluso con la publicidad
del deporte: hombres jóvenes, sin vello alguno y con un cuerpo para
quitarle el sueno a cualquiera. Aunque la imagen de las pieles tersas y
suaves estén disputadas entre el Instituto Pond’s y las nuevas
generaciones de nenas, es un hecho que la gran mayoría del pueblo mestizo
es lampino, de hecho entre los nahuas habia una antiquísima tradición de
banar a los recien nacidos en agua con cal para evitar que les creciera
vello en la cara o en el cuerpo lo cual consideraban como antiestético e
incluso como una deformidad. Curiosamente las estatuas del renacimiento
presentan cuerpos jóvenes, musculosos y sin vello corporal lo cual podría
comprobar la teoría que por estética y civilidad los peludos no son
bienvenidos en el arte.
A pesar de todos los argumentos
a favor de los amantes lampinos, Nuestra Reyna es una guarra que sigue
suspirando por los vellos en las piernas morenas de Evaristo o pagar con
matrimonio el disfrute del cojín hecho de pelambre que tiene Miguel Angel
en el pecho. Por ello tal vez estuvo enamorada por corto tiempo de Rafael
Cruz dirigente del GHAI no por su inteligencia, no por su voz, no por su
amabilidad sino por una barba que serviría de zacate en cualquier cuerpo
y que brindaria una rasposidad de lujo aquellos que gustamos de emociones
muy picantes. Ya en la revista Apolo se hizo una encuesta sobre los pros y
los contras entre nalgas peludas y lampinas, siendo las ganadoras por
facilidad de búsqueda y encuentro las últimas. Pero la realidad, cruel y
despiadada nos hace ver que hoy en dia
los lampinos tienen acaparado el mercado carnal de esta sociedad y
si no pregúntenle a Eduardo Verástegui el porque de su pegue.
Me despido con otro fragmento de
un hombre muy hombre y muy velludo; Don Luis González de Alba que dice así:
“…pues…yo andaba caliente/ y tú tienes muy bonitas nalgas;/ además,/
mientras te inclinabas sobre la banca de masaje/ a lavarte los pies,/ se
te abria el culo rosadito/ en el que tienes tan poquitos pelos/ y, /pues
uno es hombre,/ por eso te seguí al cuarto de vapor/ donde te gocé de
prisa…”
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