Entre críticas y aplausos la misión de la ONU
abandona Guatemala
GUATEMALA (AFP) - Entre críticas de detractores y el beneplácito
oficial y de entidades sociales la Misión de las Naciones Unidas para
Guatemala (MIMUGUA) concluyó este viernes una década de despliegue en el
país para verificar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz que pusieron
fin en 1996 a 36 años de guerra.
La MINUGUA, que se instaló el 11 de noviembre de 1994, terminó de
manera oficial funciones este 31 de diciembre luego de cumplir diez años
de trabajos en la verificación de los acuerdos de paz negociados entre el
gobierno y la ex guerrilla izquierdista.
La Misión comenzó su mandato inicial de verificación del respeto de
los derechos humanos (1994), pero después de la firma de los Acuerdos de
Paz, el 29 de diciembre de 1996, ampliaron su labor a la vigilancia de los
compromisos asumidos.
El primero en reconocer "la labor a favor de la paz" de la
MINUGUA fue el propio presidente Oscar Berger, quien durante un acto de
condecoración, el pasado 15 de noviembre.
"Cuando hacemos el balance de MINUGUA llegamos a la conclusión
que los guatemaltecos tenemos mucho que agradecer a la ONU y a la MINUGUA
por todo lo que nos han ayudado", reconoció.
El trabajo de la entidad también es apoyada por organizaciones
humanitarias, populares, indígenas, sindicales, académicas y sectores de
izquierda, quienes califica de "efectiva e histórica" la labor
en el país.
La Premio Nobel de la Paz 1992, la activista indígena Rigoberta
Menchú, defendió la labor de la Misión como una entidad clave en el
proceso de paz y como vigilante del cumplimiento de los compromisos de
parte del gobierno.
Sin embargo, el trabajo de la entidad también tiene detractores,
especialmente de sectores de ultraderecha y conservadores, quienes tildan
a la Misión de "ineficiente" e "intrascendente".
El intelectual y reconocido escritor Alexander Sequén-Mónchez, afirma
que la misión requirió "tanto tiempo y tanta plata para resultados
vergonzosos". "Nunca antes un país había soportado una costosa
inutilidad como ésta (la de la MINUGUA), que durante diez años fue
obsequiosa con el poder de turno" agregó.
Tras la partida de la MINUGUA, sus funciones serán asumidas por unas
60 personas de la Procuraduría de Derechos Humanos y líderes de diversas
organizaciones civiles, quienes han sido capacitados por el organismo
internacional.
Antes del cierre oficial, el jefe de la Misión, el alemán Tom Koenigs,
reconoció que dejan Guatemala "con algunas inquietudes" debido
al debilitamiento del Estado de derecho y la discriminación contra los
pueblos indígenas que conviven en esta nación.
Asimismo, enfatizó que tres son los temas que requieren de mayor
atención oficial y de la sociedad en general: la plena vigencia del
estado de derecho, la discriminación y el flagelo de la pobreza que
afecta al 80% de los 11,2 millones de habitantes.
La MINUGUA fue financiada con fondos del presupuesto de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) y cumplió su trabajo con 18
oficinas desplegadas en el territorio nacional y la sede central en la
capital de este país centroamericano.
La entidad internacional contó con una nómina de personal de más de
600 funcionarios de 38 países -incluidos unos 300 guatemaltecos- y fue
una de las 17 misiones de paz de la ONU en el mundo.
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