Bush ya no habla de democratizar
Medio Oriente
Análisis de Adam Morrow
EL CAIRO, 4 ene (IPS) - Tras la reelección
del presidente estadounidense George W. Bush el 2 de noviembre, Washington
parece abandonar la retórica sobre "democratización" de Medio
Oriente que mantuvo durante 2004 y asumir la prioridad de sus intereses
económicos en la región.
En febrero, Estados Unidos lanzó su Iniciativa del
Gran Medio Oriente (Gmei, por sus siglas en inglés), con la intención de
impulsar procesos de liberalización política, económica y social por
parte de los regímenes autoritarios en países musulmanes de Medio
Oriente y el norte de Africa, incluyendo a los que no son árabes, como
Afganistán, Irán y Turquía.
Washington expresó entonces su convicción de que tales procesos podían
desarrollarse mediante cooperación entre gobiernos locales, empresas y
organizaciones de la sociedad civil. La amenaza subyacente era un cambio
de régimen forzado, como el impuesto en Iraq por la coalición encabezada
por Estados Unidos.
Los Estados más pequeños y menos influyentes del norte de Africa y el
Golfo adhirieron a la Gmei con diversos reparos, pero los pesos pesados de
la región, Arabia Saudita y Egipto, tomaron claramente distancia del
proyecto.
El presidente egipcio Hosni Mubarak dijo que "sentía algo extraño en
el aire" relacionado con esa iniciativa, y el secretario general de la
Liga Árabe, Amr Moussa, opinó que el proyecto original era "muy vago".
Uno de los problemas básicos fue la propia idea de un "Gran Medio
Oriente" musulmán, percibida por muchos como un intento estadounidense
de anular la identidad árabe.
La Liga Árabe, durante una tumultuosa cumbre realizada en mayo en Túnez,
expresó fuertes reservas acerca de la Gmei, que consideró un intento de
imponer "valores occidentales".
Por otra parte, los críticos destacaron que las demandas de liberalización
dirigidas a Estados árabes y musulmanes no iban acompañadas de
propuestas de solución para el conflicto regional entre israelíes y
palestinos.
"No se puede hablar de libertad mientras se permite que (el primer
ministro israelí Ariel) Sharon cause estragos en los territorios
palestinos" ocupados por Israel, adujo el subdirector del egipcio y
estatal Centro Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos, Mohamed Said.
En mayo, Egipto no recibió a un enviado de la Organización del Tratado
del Atlántico Norte en gira por países árabes para considerar un
eventual apoyo a reformas por parte de ese bloque.
Sensible a algunas críticas, Washington rediseñó en junio la Gmei, con
el nuevo nombre de iniciativa para Gran Medio Oriente y el Norte de Africa
(Bmena, por sus iglas en inglés), objetivos aun más diluidos y apoyo de
los demás integrantes del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos:
Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia.
En esa cumbre, según Said, "los europeos querían poner énfasis en la
cuestión de los derechos humanos, pero los estadounidenses la diluyeron".
Moussa afirmó que el nuevo programa era "más legible y fácil de
entender", y reconoció que Washington había eliminado "los puntos
que atrajeron la irritada atención" de los países de la región. Pero
de todos modos, Arabia Saudita y Egipto, junto con Marruecos y Túnez, no
asistieron al lanzamiento de la Bmena.
El último giro, tras la reelección de Bush, se hizo manifiesto el 10 y
el 11 de diciembre, en la primera reunión de la conferencia internacional
Foro por el Futuro, convocado por la reunión de junio del G-8 y realizada
en Rabat, con participación de ministros de Finanzas y de Relaciones
Exteriores de ese bloque y de 20 países árabes, junto con
representantes de empresas y sociedad civil.
En esa reunión, a la que faltaron Sudán e Irán pero asistieron
delegados de alto nivel de Arabia Saudita y Egipto, el entonces secretario
de Estado (canciller) saliente de Estados Unidos, Colin Powell, arguyó
que su país veía a Egipto, Yemen, Jordania, Marruecos, Afganistán,
Bahrein y Argelia como algunas de las naciones de la región que "avanzaban con iniciativas de reforma política, educativa y económica".
El diario panárabe Al-Hayat comentó en su edición del 11 de diciembre
que los encuentros preliminares del Foro se habían "caracterizado por
la marginación de los representantes de la sociedad civil, que antes habían
sido considerados uno de los tres pilares de la reforma".
En el primer día de la conferencia, los representantes de la sociedad
civil boicotearon las sesiones, para protestar porque consideraban que no
se les permitía expresar sus puntos de vista.
El semanario gubernamental egipcio Ahram apuntó que los llamados a la
reforma política habían pasado a segundo plano, y que se jerarquizaron
los relacionados con la liberalización económica y la creación de
empleo.
Durante el Foro se habló sobre todo de la creación de un fondo de
100-millones de dólares para brindar créditos a pequeñas empresas y
apoyar campañas de alfabetización, y también de "expandir una 'cultura
empresarial'", detalló.
"La economía antes que la política" también había sido el tema del
encuentro anual del gobernante Partido Democrático Nacional de Egipto en
septiembre, donde se habló bastante poco de liberalización política.
"No podemos aplicar la reforma política que buscamos, debido a la
situación económica, y tampoco podemos hacer realidad la justicia social
sin una economía fuerte", sostuvo antes del encuentro Mubarak, que
también preside el partido.
Esa reunión partidaria rechazó demandas de limitar los poderes
presidenciales, anular leyes de emergencia y reformar la Constitución
para garantizar los derechos políticos, planteadas por partidos
opositores y grupos de la sociedad civil.
Observadores opinan que Washington no insistirá con demandas de
democratización ante los países que mantengan buenas relaciones con
Israel y apoyen la "guerra contra el terrorismo" impulsada por Bush.
Uno de los países que según Powell avanzan en materia de reformas políticas
es Jordania, donde a fines de diciembre 15 partidos opositores protestaron
por el arresto de numerosos dirigentes políticos y sindicales. (FIN/2005)
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