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Poesías del nuevo siglo.235
La última agonía.

Insensible a tu sonrisa
disfrazada de mentira,
dejé que miraras mi alma.
Lo único que aún se mantiene digna,
erguida a tus engaños, a tantos otros.
Abriéndola ,
la saboreaste con tu lengua salada,
irritándola hasta dejarla a un lado
para seguir el camino a tu nada.
La melodía de mi saxo
nos llevaba lejos,
allí donde nunca existimos,
donde las ilusiones danzan
tomadas de la mano
con nuestros sueños.
Donde las hipocresías reinan
con su título noble de soberanas
en un único universo poderoso y sacro.
Sin animarme a mirar tu máscara sardónica
pintada con colores vivos,
rojos, azules,
negros y amarillos,
recité mis secretos olvidados.
Tras la copa en mano alzada
un engaño me alentaba.
Primero mis palabras,
tontas, inocentes niñas perdidas
en un país de hadas.
Les siguieron atrás mi cabeza en tu regazo,
mi pecho hinchado con augurios,
mis brazos fuertes enredándose en tu silueta
acercando en noble goce
los labios esperados.
Tus manos libres en un frenesí
de marioneta enloquecida
bailaron por mi cintura,
mientras tu susurros húmedos y calientes
se ocultaron entre mis piernas hasta
revivir una esperanza
que nunca supe que existía.
Con una carcajada histérica
me reí de mi locura.
De la mano de mi inocente entrega
Eros en una sacudida me susurró
una advertencia.
Con su flecha bañada en plomo
advirtió a mi corazón de un nuevo fracaso,
de una última agonía.
Desde esta mañana,
mi última agonía.
Hoy me encuentro con tu sonrisa.
Ahora mas clara, arrogante, cándida.
Me detengo,
en silencio solo oigo tu mentira.
Tú,
indiferente, casi tras de un olvido
preguntas de nuevo mi nombre.
F.C.S.
Dallas Oct. 3.2003
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