Carta
a un ángel transparente color miel

Imagen:
MoonDance por Franco Sastre
Me
río en voz alta mirando al cielo
y
te recuerdo,
ngel
transparente color miel.
Te
conocí una tarde dorada por el sol de aquél verano,
nuestro
último verano.
Dónde
fue? ¿En Cataluña ó en Barcelona?
En
ese hotel mágico de Ibiza
con
paredes de azúcar y mesas de pan dulce?
Recuerdas?
O
fue quizás en Mallorca,
en
una de esas mansiones de mármol blanco
donde
de la mano me enseñaste a caminar descalzo?
El
cosquilleo que sentía en mis nalgas
contra
el piso frío al sentarnos a comer una ensalada fresca
con
los brotes de berros juntados en el arroyo
donde
me salpicaste tu primer beso.
Me
río tan alto,
que
los vecinos se asoman a sus ventanas y me miran con mala cara.
Toco
con los dedos de mi mano
los
frescos capullos de las flores blancas de los naranjos,
mientras
que con la otra te guío ahora a mi lado.
Me
sonríes ciego a nuestra existencia.
A
lo lejos en una avenida perdida se oye mi propia melodía
silbada
por un saxo olvidado.
Unos
niños paran de jugar a la mancha y te señalan con una sonrisa
mientras
una ardilla apurada
se
escapa con una nuez casi madura.
¡Por
Dios!
Tengo
dos nuevos hoyuelos a los costados de mi risa.
Y
todo te lo debo a ti, mi amigo.
Mi
invisible amigo.
Mi
protector, mi guía, mi amante.
Tu
sonrisa tiene un acento a zeta, a esa increíble zeta que ilumina mi día.
Una
zeta que se muere de risa
mientras
nos empapa con una lluvia bailarina
con
un millón de luciérnagas fluorescentes verdes
que
plasman nuestros vestidos mojados
a
nuestros cuerpos excitados,
esperando
a ser arrancados por nuestra locura
de
adolescentes inconscientes.
Hoy
al despertarme te miro,
y
con una pluma azul dibujo tu nombre sin nombre sobre mi techo.
Respiras
y sacudes con pequeñas ondas mi pelo
quemado
por el tiempo,
que
se apoya apenas sobre tu ombligo.
Toco
con timidez tu sueño que se eleva al cielo
donde
espío un infinito que nos aguarda.
Tu
única ceja negra se arquea mientras
sin
darte cuenta con un suspiro pronuncias mi nombre
y
lo grabas sobre tus labios con letras en oro.
Tu
mano de ángel virgen toma mi nuca y me apoya contra tu vida,
me
aprieta y me confiesa un secreto de amante desesperado.
Mi
cintura se mezcla con tu aliento,
mi
sonrisa con el pelo empapado por tu llanto,
y
de repente tus dedos enganchados con los míos,
en
un solo grito...
Mi
vida,
tu
cielo.
Mi
universo,
tu
infinito.
Un
solo suspiro,
una
sola lágrima,
un
solo himno.
Un
solo instante sagrado con tu espíritu.
Tú
y yo unidos en la aurora blanca
y
centelleante que llena esta mañana.
F.C.S.
Dallas 1 de
Junio 03
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