Los Martes de Enkidu

pláticas, conferencias, debates

Cada martes a las 20:00

más información

Seminario de Creación Literaria Enkidu Junio 2007

¿Quieres afinar tus habilidades en la expresión escrita en TU ambiente?... más

Identidades en Transición

1° al 5 de junio de 2007

más información

Segunda Conferencia Internacional Chimalpahin sobre el Recuerdo y el Olvido Colonial y Post-colonial

15 al 18 de octubre de 2007

más información

SIDA y Cultura IV

Exploraciones en la Historia Cultural del SIDA

9 al 12 de Diciembre de 2007... más información

Simposio de Estudios Queer de la Pascua 2008

Semana de la Pascua 2008

Ciudad de México

más información

Google

Con Google, encuentra información en los archivos de Enkidu:


WWW Enkidu

 » EDITORIAL

Mundialización y tiempos afortunados

Vivimos tiempos afortunados, pues gracias a los avances científico-tecnológicos podemos entrar en contacto directo, justo en el momento en que ocurren los hechos o apenas unos instantes después, con las realidades más distantes y diversas. Esta sensación de lo inmediato nos abre las posibilidades hasta plantarnos en el medio del concepto mismo de Humanidad, tod@s viviendo en una casa llamada Tierra... más

" No es posible condenar lo externo sin antes llevar a cabo un examen de conciencia"

  "Una sociedad informada es una sociedad donde las diversidades son respetadas"

Cartas a nuestra redacción Esta Semana
 » Los Noticieros de Enkidu en Yahoo

Suscríbete a Esta Semana - El Noticiero de Enkidu

Esta Semana, es el noticiero de Enkidu y busca informar de forma gratuita sobre nuestras actividades, así como mantenerte al tanto de noticias y reportajes que están en Enkidu. 

 
 » Publicidad

 » Los Noticieros de Enkidu en Yahoo

Los Martes de Enkidu 

Comunidad Virtual 

Si deseas formar parte de la comunidad en yahoo que recibe e intercambia información específicamente sobre Los Martes de Enkidu, inscríbete a: losmartesdeenkidu

 
 

 

 » Secciones

» Portada - lo último

» Editorial

» Nunca en Martes

» Secciones Tematicas (mapa del sitio)

» Columnistas

 » Sobre Enkidu

» ¿Qué es Enkidu?

» Contácatanos

» ¿Quieres unirte a nuestro equipo?

» Publicidad en Enkidu

» Enkidu International Society for Cultural History and Cultural Studies (CHICS)

 

El armario

 

 

 

Una hilera de hormigas apareció un día de mayo, según creo, cuando apenas tenía nueve años de edad, cruzaban el corredor de la casa, subían, bajaban sin perder la fila, también por los escalones que llevan al jardín, metiéndose por las uniones de los mosaicos, pasando por debajo de la puerta de mi habitación, que es grande y espaciosa, con un ropero estilo antiguo de cedro macizo, que se encuentra colocado a la derecha conforme se entra, una cama, que perteneció a mis abuelos, también de cedro; sobre la cama, una colcha azul, tejida de gancho, ya muy descolorida, que hizo mi mamá aún de soltera y que ahora es mía.

 

Mi papá mandó hacer estos muebles con el mejor carpintero de la ciudad, esto, cuando mi mamá quedó embarazada. Tanta madera envió al taller, que alcanzó también para hacer una mesita de noche, con un cajón, que por culpa del tiempo, el uso y por la cantidad de juguetes que en él guardábamos siempre se atascaba al cerrarlo.

 

Allí guardaba una muñeca de pocos pelos, que le faltaba un ojo, y su boca se abría al yo oprimir sus mejillas y por ella introducía comida que me robaba de la cocina a escondidas. Había también, algunas revistas de cuentos que leía junto con mis amigos a la salida de la escuela. Mis amigos eran Memo y Pepe.

 

Mi papá era muy protector, apenas me dejaba salir solo, y siempre me hablaba diciéndome que debía ayudar en las tareas caseras -cosa que yo odiaba-, como limpiar los muebles con un trapo húmedo, o arreglar las dichosas camas. Mi mamá estaba muy delicada, por unas piedrecillas que se le formaron en la vesícula, y que a cada rato le molestaban, trayéndole dolores muy intensos y que además iban blanqueando sus cabellos.

 

Me escapaba cada vez que podía. Me iba a llamar a Memo y a Pepe, que sus papás no los tenían tan atrapados en casa, además, sus hermanas intercedían para que los dejaran salir conmigo.

 

Entraron en la habitación. No sé por qué, pero estaban irreconocibles. Se habían cambiado de ropa. Desde donde estaba, pude ver como mi papá traía un brazalete de color negro en el brazo, que resaltaba encima de su camisa blanca almidonada, que mi mamá seguramente le había planchado por la mañana muy temprano.

 

Veo a todos, aquí, agachado, tengo los pies en el techo del armario. Siento frío en la piel que se pega a la cal de la pared y mi cuerpo se sacude por olas de temblores, de la cabeza a los pies. Cierro los ojos tratando de imaginar... pero hay ruido afuera, infinitos murmullos que se confunden con pasos, escucho lamentaciones que vienen de fuera y llegan hasta la habitación. Ahora percibo más nítidamente los sollozos, los gritos, lamentaciones descontroladas, veo pañuelos blancos que se mueven en el aire, no sé qué es esto. Abro los ojos e intento encogerme un poco más, no sea que me descubran que me he escondido aquí, y venga mi mamá y me saque de las orejas, porque con este frío que hace, debe doler más.

 

Hace unos momentos estaba con Memo y Pepe jugando por el puente, por donde decíamos que era el bosque, nuestro bosque, estábamos buscando pajaritos; Memo se fue corriendo de momento, desapareciendo detrás de un arbusto de zarzamora y nos gritó que fuéramos hacía él, que las moras ya estaban maduras y que estaban muy dulces. Yo fui el último en llegar. Me entretenía mirando hacia arriba de los árboles, buscando nidos. Cuando llegué, ya estaban Memo y Pepe, recogiéndolas. Se las metían en la boca, llenándoselas completamente, y la tela de nuestras ropas, comenzó a pintarse con las gotitas que brincaban para todos lados, después de cada mordida, era de un color morado, de momento, comenzó una guerra de moras, y yo, recibía los proyectiles de ambos, y para no mancharme la ropa que me había lavado mi mamá, corrí por los senderos que teníamos ya hechos en nuestro bosque.

 

Debí correr mucho. Mi corazón palpitaba tan fuerte, que casi no escuchaba los gritos de mis amigos. Me quedé quieto por un momento. Vi que venían hacia mi y, descubrí un arbusto a mi derecha, era muy tupido, así que me metí, como si entrara en una habitación verde. Me quedé agazapado hasta que las risas de ambos y el eco de mi nombre a sus gritos, se fueron apagando.

 

El silencio vino sin más. La brisa del aire me traía sonidos que trataba de identificar: el aleteo de algún pájaro, el movimiento de las hojas, el sonido lejano de la ciudad. Ahí, bajo las sombras y con los ojos muy abiertos, empecé a ver a mi alrededor. El arbusto era bien grande, sus ramas bajaban casi hasta tocar la tierra por el peso de sus frutos, eran como las moras, pero más redondas. Corté unas, las probé: eran amargas, pero me sentí tremendamente atraído por ellas, no sé cuantas comí, pero fueron muchas.

 

Sentía la piel áspera de estas frutas arrastrándose bajo mi garganta. Pensé que el sabor era parecido al de las uvas cuando están verdes.

 

El sueño, como el silencio, como los aleteos de los pájaros y el movimiento de las hojas, llegó sin avisar. Entré por un pasillo ancho, húmedo y vacío, al fondo de éste, se entreveía una luz encendida. No lograba identificarla, era como si se hubiese encendido un sol, tan intenso que no podía ver más allá de mis manos. Al intentar tocarla, mis manos se encuentran con un cristal. Es el espejo de la luna del ropero. Al otro lado, veo las sillas que están por alguna razón cerca de la cama, y por entre muchas cabezas tapadas con chalinas y velos negros, reconozco a mi mamá, que con una mano arregla las arrugas de la colcha y, que al movimiento de caminar al derredor de la cama, mueve la flama de unas velas que han colocado sobre la mesita de noche. Han traído la Virgen Bendita, de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, aunque yo recuerdo que no es tiempo de rezarle. De nuevo, escucho un revuelo de susurros, ayes y oraciones. Memo y Pepe con los ojos llorosos se acercan a la cama para ver los dibujos de la colcha... ¡Qué tontos! No saben que estoy aquí en el ropero, observándolos sin dejar un solo detalle, viendo cada uno de sus movimientos, cada uno de sus gestos...

 

Dos personas acaban de llegar. Mi papá se acerca y les susurra algo que no llego a comprender, escucho el arrastrar de sillas, un crujir de ropas, un rumor mayor de pasos. La habitación se va haciendo más grande, más espaciosa y queda de repente vacía. Veo el hueco de la cama. La luz, me sigue deslumbrando nuevamente y, cierro los ojos.

 

Ahora comprendo lo que va a pasar. El juego va a terminar. Oiré de nuevo los rezos de allá fuera, los llantos de mi mamá, la voz del sacerdote, sin poder hacer nada para callarlos, oiré el rodar de piedrecillas sobre la parte de arriba del ropero, escucharé ese río de arena que cae justo encima de mi habitación. Y, aunque sé que mi mamá me va a dar una sarta de pellizcos y manazos por haberme escondido aquí, empezaré a dar de golpes para que me saquen de aquí adentro, porque creo que sin querer, alguien se ha llevado la llave de la puerta...

 

 

Jan Brash 2005

 

[25.06.2005]: CUENTO DE LA SEMANA: 

Desde mi aparador

por © Jan Brash/Enkidu.

Siento sus ojos recorrerme lentamente, escudriñando mis uñas largas y retorcidas, mis manos deformes, mi piel que otrora era hermosa y hoy sin brillo alguno, como simple cartón; mis