|
Teatro Mexicano
Cautivas
© Pedro Casanova
& Guillermo Romero/ Enkidu.
Historia de un secuestro
Basada
en hechos reales sucedidos en 2002, Víctor Hugo Rascón Banda dramatiza
el secuestro en la Ciudad de
México de la actriz Laura Zapata y su
hermana Ernestina.
Laura
Zapata resuelve teatralmente los efectos del síndrome de Estocolmo.
Cómo empezó todo
Laura
Zapata es una destacada actriz mexicana de importante trayectoria y que
captó la atención del público cuando se supo que era media hermana de
la baladista Thalía, quien a su vez –como dirían los clásicos- se
consagró en el gusto del público con su trilogía telenovelera de las
“Marías”, volviéndola popular en decenas de países donde transmiten
los culebrones mexicanos.
Como en increíble telenovela rosa,
Thalía conoció a un otoñal
príncipe azul llamado Tommy Motola, importante magnate de la industria
del disco, quien la desposó en la catedral
de San Patricio en Nueva York teniendo como invitados a grandes
celebridades del mundo del espectáculo encabezadas por el mismísimo
Michael Jackson. Las revistas de chismes del corazón, se dieron vuelo
reseñando la boda, destacando el hecho de que la cola del vestido de
novia de Thalía medía ¡más de 30 metros!, además del considerable
valor del anillo de compromiso.
Dentro de este tenor, fueron
recibidas en México las noticias del matrimonio de la intérprete de Amor a la Mexicana. Como es sabido, en México, la mitad de su
población vive en la pobreza, mientras que el país ocupa el poco honroso
primer lugar en el mundo en secuestros, así que no faltó la “mente
brillante” que ideara el golpe maestro: secuestrar a Laura Zapata, para
que obligara a Thalía ,
quien a su vez presionaría a Tommy, a darle un “pequeño” pellizco de
¡cinco millones de dólares! a su fortuna.
A Laura la capturan a la salida del
teatro San Rafael, donde interpretaba a Martirio
en La casa de Bernarda Alba de García Lorca. Se dirigía a cenar junto
con su hermana, la ex Miss México, Ernestina Sodi. Su camioneta es
interceptada por unos desconocidos, quienes secuestran a las dos mujeres
mientras se pierden a toda velocidad en la oscura noche de la Ciudad de México.
Lo que le contó al dramaturgo
La noticia conmocionó a la opinión
pública mexicana, quien siguió paso a paso todos los detalles
relacionados con el caso. Después de dos meses, todo concluye felizmente
y primero Laura es liberada y luego su hermana Titi. Nunca se supo el
monto del rescate ni las condiciones del mismo, aunque mucho se rumoró de
que las relaciones familiares habían quedado maltrechas después del
secuestro.
El asunto se puso más candente,
cuando después de una fallida incursión de Laura en la política,
anuncia a los cuatro vientos y con la oposición unánime de su familia,
que piensa contar sus vivencias del
secuestro, pero ahora teatralmente, para lo cual pidió ayuda al
reconocido dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda para escribir el libreto.
Para su realización, Laura proporcionó al autor 21 casettes donde
narraba sus experiencias en el encierro. Víctor Hugo escuchó este
material en el hospital donde se encontraba gravemente enfermo y
se conmueve al conocer la situación límite por la que también ha
pasado Laura, se solidariza con ella, y acepta el reto de hacer una obra y
no un simple monólogo, como en un principio quería la actriz.
Aunque en algunas de sus obras Rascón
Banda se ha inspirado en hechos criminales, (Armas
Blancas, La fiera del Ajusco, El criminal de Tacuba) nunca los hechos
que había llevado al teatro habían estado tan cercanos, lo que da como
resultado, en esta ocasión,
que se pierda la perspectiva que sólo el tiempo proporciona. Los hechos
narrados en Cautivas son demasiado recientes
y los dimes y diretes del caso están a la luz del día y
todavía no terminan. Es un cadáver demasiado fresco para poder
diseccionarlo a gusto.
Rascón Banda, quien nos ha
brindado muchas de las mejores obras mexicanas en el entronque del siglo
XX con el XXI, en esta ocasión no crea una obra de ficción basada en la
realidad, sólo encauza dramatúrgicamente la
voz de la autora, respetándola en todo momento, no importando si
de pronto ésta desentone. El torrente zapatista se abre paso de una
manera avasalladora. No hay poder humano que la detenga, ni dramaturgo que
aguante, las confesiones de la hermana mayor de Thalía, quien por cierto
y de forma curiosa, se transforma en una referencia siempre presente. De
pronto pareciera que Thalía es la verdadera protagonista de la historia.
Es el fantasma sin el cual
pareciera no haber tragedia.
Es así como Laura hace un recuento
de detalles ya ampliamente desmenuzados y conocidos por quienes sean
adictos al TV Novelas y el TVNotas, aunque
por otro lado, escamotea datos que tal vez a algunos podrían interesarles.
Como el monto final del rescate y el contenido de la misteriosa cajita que
mete dentro de la bolsa donde va el dinero, mientras les lanza bendiciones
a los secuestradores agradeciéndoles el no haberles hecho daño.
Laura bajo los efectos del síndrome
de Estocolmo
Nos encontramos, sin lugar a dudas,
frente a otro caso más del conocido síndrome
de Estocolmo, pero resuelto teatralmente. Como es sabido, el síndrome
de Estocolmo debe su nombre a que en esa ciudad durante los años
setenta un grupo de asaltantes toma como rehenes a un grupo de empleadas
bancarias. Al final los tipos fueron detenidos, pero luego se sabría que
el suplicio no había sido tanto, porque una de las secuestradas se había
enamorado de uno de sus atacantes y después lo visitaba en la cárcel.
En el caso de Cautivas, es Pancho (el experimentado Jaime Garza), uno de los
secuestradores, quien está enamorado y quien se retuerce de placer y
fornica fieramente con una almohada, imaginándose que es la propia
Laurita a quien proporciona tan atroces acometidas. Aunque ese amor no es
correspondido y su integridad es mantenida, la Zapata perdonará a sus
captores y de este modo, les recita la parte final de Bernarda Alba, les
canta una de Cuco Sánchez y como cereza del pastel, una cita de Santa
Teresa:
Nada te mude, nada te espante
Dios
no se muda, la paciencia todo lo alcanza.
Quien
a Dios tiene, nada le falta.
Por momentos, los captores no
parecen ser tan fieros y parecen transformarse en personajes de caricatura.
Y ahí es donde se percibe la mano del director Enrique Pineda, quien
parece querer dirigir otra obra, pero que por evidentes razones no puede,
ya que el tema del secuestro es algo demasiado grave como para reirse de
eso; aunque el discurso en serio de la Zapata, no deja de tener momentos
de humor involuntario ante sus temperamentales arranques. Como cuando
narra la “tremenda” ofensa que le hizo Tommy Motola al mandarla a la
boda en clase turista y no en primera, o cuando los empleados de su cuñado
la bajaron de la “limo” en plena carretera.
No se sabe si a los secuestradores
ya no les gustó cómo cantaba Laurita las rancheras, pero el caso es que
deciden liberarla primero, para que concluya la
negociación. Parece que no lo hizo mal, porque al final Thalía tuvo que
romper el cochinito, mientras los secuestradores se quejaron amargamente
de que Laura se “salió con
la suya”.
Y parece que fue cierto, porque la
Zapata, desoyendo los consejos de todo mundo, congruente
con su aseveración de que su máxima pasión es el teatro, para olvidar
el infierno vivido por ella y su hermana y exorcizar sus fantasmas, crea
una obra teatral como máxima prueba de amor. Y para ello, reunió a
grandes talentos en esta aventura escénica que arroja resultados polémicos,
pero que seguramente despertará la curiosidad del espectador.
Tal vez el público que asista a
ver la obra no será “el conocedor” o los críticos, quizás sea gente
sencilla atraída por el escándalo, pero que por primera vez descubrirá
y se dejará envolver por la magia del teatro. Y tal vez por ese simple
hecho, Laura Zapata y Víctor Hugo Rascón Banda podrán sentirse
gratificados y dormir con la conciencia tranquila.
Ciudad de México, 18
de Septiembre de 2005.
| Con: |
Laura Zapata, Verónica Langer, Jaime Garza, Joaquín Cosío,
Marco Bacuzzi, Guillermo Navarro. |
| De: |
Víctor Hugo Rascón Banda |
| Director: |
Enrique Pineda |
| Producción: |
Laura Zapata |
| Escenografía: |
Arturo Nava. |
| Vestuario: |
Cristina Sauza. |
Tel.
36-40-31-39.
www.helenico.gob.mx
|
|