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Protesta continúa
con nuevo presidente
Por Franz Chávez
Eduardo Rodríguez, hasta la víspera titular de
la Corte Suprema de Justicia, se instala este viernes en la sede de
gobierno de Bolivia sin que su designación haya calmado las protestas
sociales que abonan de piedras y restos de goma y madera humeantes los
caminos del país.
LA PAZ, 10/06/2005 (IPS) - El estallido social iniciado hace 20 días
que desplazó de la presidencia a Carlos Mesa y puso a Bolivia al borde de
la guerra civil no alcanzó, según sus líderes y muchos protagonistas,
los objetivos centrales de nacionalizar los hidrocarburos y convocar a la
refundación de la república.
¿Acaso trabajamos para echar a Mesa, a tono con los responsables de la
masacre de octubre de 2003, y a favor de un abogado que llegó a la
presidencia de la Corte Suprema de Justicia con el respaldo del ex
gobernante y derechista Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)?, se
preguntó el jueves por la noche un vecino de la empobrecida ciudad de El
Alto, vecina a La Paz.
El flamante mandatario, nombrado en la madrugada de este viernes por el
Congreso legislativo que sesionó de modo extraordinario en Sucre, la
capital de Bolivia, intentará acordar una tregua en las próximas horas
con los dirigentes de la movilización que mantiene cercados El Alto y La
Paz, sede de gobierno, con el suministro de gas natural, gasolina y
alimentos bloqueados.
Sin salir de su sorpresa por el rápido desenlace, los dirigentes de la
Federación de Juntas Vecinales de El Alto y de la Central Obrera Regional
convocaron de emergencia a sus afiliados para examinar el cambio de las
fichas en el tablero político e institucional.
Empero, anticiparon que los bloqueos de caminos y marchas seguirán hasta
que Rodríguez acepte tomar el control de los campos petroleros para
beneficio del Estado.
El secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, Jaime Solares, uno
de los líderes de la movilización, instruyó a sus seguidores a
fortalecer los bloqueos de rutas y calles y las manifestaciones tras
conocer la elección del nuevo jefe del Poder Ejecutivo.
"Continuaremos hasta lograr la nacionalización de los hidrocarburos
y su recuperación mediante la ocupación militar de los campos petroleros”,
declaró Solares esta madrugada.
La COB y las otras organizaciones sociales movilizadas, además de la
nacionalización de los campos petroleros y la convocatoria a una asamblea
constituyente, exigieron con éxito hasta el jueves la renuncia del
presidente del Senado, Hormando Vaca Díez, a sus aspiraciones de suceder
a Mesa, quien el lunes había presentado su renuncia al Congreso.
Vaca Díez reclamaba que se cumpliera el derecho de sucesión presidencial,
que le correspondía en función de estar vacante la vicepresidencia, con
el respaldo de la ex gobernante "megacoalición” integrada por el
MNR y su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).
En El Alto aún están abiertas las heridas provocadas por la represión
ordenada por Gonzalo Sánchez de Lozada, también del MNR, poco antes de
dimitir el 17 de octubre cuando sólo había cumplido un año de gobierno
y que dio paso a que lo sucediera Mesa, su vicepresidente hasta entonces.
Según organizaciones humanitarias, 67 manifestantes murieron entonces por
la represión de la policía y el ejército a las protestas de El Alto,
iniciadas en el occidente boliviano contra el plan de exportaciones de gas
natural en manos privadas a América del Norte y que se extendieron por más
de un mes a buena parte del país hasta que Sánchez de Lozada huyera a
Estados Unidos.
Mesa, que luego sería designado presidente por el Congreso con el apoyo
crítico de los manifestantes, había renunciado días antes a la
vicepresidencia en total desacuerdo por la utilización de la fuerza
contra las protestas de organizaciones indígenas, sindicales, partidos de
izquierda y otros.
Esos postulados de nacionalizar la industria energética, impulsan también
el actual levantamiento social, por entender que sus reclamos no se
cumplieron en toda su extensión, una causa que se cruza y colisiona con
el reclamo de empresarios y políticos de la región oriental de Bolivia,
rica en hidrocarburos, de autonomías departamentales. Vaca Díez,
precisamente un senador procedente del oriental departamento de Santa
Cruz, sacó al Congreso de su sede habitual de La Paz y lo llevó hasta
Sucre, a 700 kilómetros de allí, en busca de seguridad para considerar
la renuncia de Mesa.
Sin embargo, no imaginó la capacidad de movilización de los sindicatos
campesinos, mineros y de educadores que invadieron las calles de la
colonial ciudad para oponerse a su aspiración presidencial.
Unos 10.000 manifestantes protagonizaron batallas campales contra los
gases lacrimógenos lanzados por la policía en torno de la plaza 25 de
Mayo, lo cual impidió el comienzo de las sesiones parlamentaria durante
toda la jornada del jueves y obligaron al propio Vaca Díez a refugiarse
en un cuartel militar.
El momento de mayor tensión se produjo al difundirse la noticia de la
muerte del cooperativista minero Carlos Coro Mayta, de 52 años, en un
confuso enfrentamiento con fuerzas de seguridad, ocurrido a siete kilómetros
de Sucre.
La noticia de la muerte del trabajador recorrió como vendaval las
ciudades y los más de 100 puntos de bloqueos de carreteras, lugares donde
se responsabilizó por ello al senador Vaca Díez.
Forzados por la huelga de hambre que llevan adelante varios alcaldes y
ciudadanos de La Paz y de Cochabamba y por las movilizaciones obreras y
sociales en general, el presidente del Congreso, Vaca Díez, y su par de
la Cámara de Diputados, Mario Cossío, quien le seguía en la sucesión
por derechas, hicieron pública su renuncia a ocupar la presidencia de
Bolivia.
Ambos responsabilizaron al saliente presidente Mesa y al jefe del
Movimiento al Socialismo (MAS), el líder indígena Evo Morales, de
promover las marchas y protestas con el propósito de debilitar al sistema
político y los partidos tradicionales.
Abierta la vía a la presidencia para Rodríguez, como tercero en la
sucesión en su calidad de titular del Poder Judicial, éste fue convocado
a donde sesionaba el parlamento para que sumiera el gobierno de Bolivia.
Rodríguez, a todo esto, no pudo recibir los símbolos presidenciales que
debe ostentar, una medalla del libertador Simón Bolívar y la banda
presidencial, debido a la accidentada jornada.
La fórmula para intentar resolver la peor crisis política y social del
país desde octubre de 2003 fue propuesta por el MAS.
El partido de izquierda nacido en el seno de los cultivadores de la hoja
de coca, que en las últimas elecciones de 2002 se constituyó en el
segundo con mayor caudal de votos, sugirió la renuncia sucesiva de los
presidentes de las cámaras legislativas para poner en el gobierno a Rodríguez,
a quien se le encomienda la misión de convocar elecciones generales
anticipadas.
El mandato del renunciante Mesa, que había sido ungido presidente para
completar el gobierno de Sánchez de Lozada, debía finalizar en 2007.
Pero la victoria política del MAS, no se podrá traducir de inmediato en
una desmovilización de sus afiliados que permanecen en La Paz. Morales
consultará a sus bases la posibilidad de levantar bloqueos de carreteras
y retornar a sus centros de actividad agrícola.
Acerca de la convocatoria a asamblea constituyente y de un referéndum
para decidir las autonomías departamentales, reclamado por el oriente, el
presidente Rodríguez prometió trabajar en coordinación con el Congreso
para emitir los instrumentos legales, una tarea que su antecesor hallaba
complicada por su tensa relación con los partidos políticos.
Cuando los periodistas interrogaron sobre la nacionalización de los
hidrocarburos, Rodríguez evitó pronunciarse con precisión y sugirió
abrir un debate sobre la realidad del sector energético, la factibilidad
de la demanda y su complejidad.
Las movilizaciones tienen la nacionalización de la propiedad de los
recursos energéticos como principal bandera política, una medida que el
ahora ex presidente Mesa no se animó a tomar porque temía que la
confiscación de campos petroleros y gasíferos entregados en concesión a
empresas transnacionales derivaría en un aislamiento económico de
Bolivia.
Las compañías extranjeras declaran haber invertido 3.500 millones de dólares
desde 1996, y la anterior administración estimaba el valor de las
compensaciones en 8.000 millones de dólares. (FIN)
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