| Batalla en el Cielo: El México del
sexo, la sangre y el sacrificio humano
Batalla en el Cielo, formó parte
de la selección oficial en la competencia del Festival Fílmico de Cannes
2005. En este film, de Carlos Reygadas, Ana (Anapola Mushkadiz), una joven
mujer de belleza angelical, se prostituye
por concupiscencia. Estos últimos días, los rumores e impaciencia contribuyen a hacer un evento
de esta película, segundo largometraje de Carlos Reygadas, mexicano de 34
años de edad, cuyo nombre comienza a ser sinónimo de que los cinéfilos
aumentarán su presión sanguínea en la sala.
En
enero de 2002, la virtuosidad, la audacia y el lirismo de Japón,
su primer film –producido por él mismo– fue, de hecho, una bomba en
el festival de Rotterdam. En mayo de 2002, en Cannes, la Quincena de
realizadores es un desfile que sobrepasa el principio de la exclusividad
en virtud de la sorpresa que le procura esta obra, donde se reencuentra un
fuerte éxito; se ha vendido a unos 40 países. Hoy, al entrar en la
competencia oficial, Batalla en el cielo (“bataille
dans le ciel”) garantiza
la ascensión fulgurante de este talento.
A
unos días de haber descubierto “Sangre”, de Amat Escalante, México
cuenta de nuevo con el honor de estar en la selección oficial. Pero el país
que celebra el festival, no es aquel de los sombreros ni de la bahía de
Acapulco. Es el México inmemorial de la crueldad y de la sangre, de la
celebración del sexo y del sacrificio humano, de la colusión
carnavalesca entre la vida y la muerte. El México de los dioses de la
religión y de los dioses del neoliberalismo, quienes se disputan, bajo la
sombra del sacrificio del Crucifijo, el privilegio de la ferocidad. Un México
tal como Ripstein, Buñuel y Eisenstein lo han filmado, y tal que este último
lo ha definido como a la vez estético y moral: “En sus dos aspectos,
español y azteca, la sencillez de la impetuosidad que bordea en lo
grandioso del barroco.” [”Dans
ses deux aspects, espagnol et aztèque, la simplicité du grandiose y côtoie
l’impétuosité du baroque.”]
Simplicidad grandiosa e
impetuosidad del barroco: la fórmula ajusta bien a esta Batalla en el
Cielo, que inicia a primera vista lejos del cielo, por una escena que la
censura califica de “sexo explícito.”
Se trata de un fellatio,
filmado en plano cerrado, como jamás hasta ahora se había filmado. Con
una lentitud infinita, con una dulzura infinita, como una efusión
dolorosa, como la expresión de una configuración metafísica. Para
empezar, él es obeso, moreno y silencioso. Ella, en cambio, al terminar
con un movimiento insensible, revela su cabeza apretada al pubis y las
trenzas rubias, después, el segundo plano que descubre el órgano, la
barrera espiritual de los párpados, la blancura y la juventud de su
belleza. Contrario a la famosa pintura de Magritte, ningún texto es
requerido para indicar que Esto no es una pipa. La dulzura envolvente del
movimiento, la petrificación de los cuerpos, el contraste de la piel de
ambos, el suplicio extático de una lágrima que aparece y se detiene.
Esta no es una pipa, es una secuencia que sugiere, por y en el placer, el
estado de un mundo que es presa de la desigualdad de los orígenes y de
los estados, de la juventud sensual de la guerra, de la utopía de la
reconciliación. una secuencia de la pornografía moral y social inscrita
en el encuentro del placer y del sufrimiento, como pudo haberlo hecho el
cineasta Fassbinder.
El Deseo y la Ignominia
Todo se explicará
muy rápido, al menos justo al borde del misterio terrible que preserva
este film mágico, glacial e incandescente a la vez.
El hombre se llama Marcos, es
chofer y hombre que hace de todo para un general, y viene de secuestrar,
con su mujer, al bebé de un vecino para obtener un rescate. La muerte
accidental del bebé (sucedido antes de que el film comenzara), permite
una confianza tal que llega al punto de que él confía en Ana, la hija de
su jefe, una joven mujer que se prostituye
por concupiscencia y disimula su depravación bajo el oropel de una
belleza angelical. El deseo que nace entre el empleado y la burguesa
procede de compartir este secreto, como si la ignominia y la villanía
permitiesen solas, el reencuentro de dos cuerpos que de modo ordinario están
separados por las barreras estéticas (la bella y la bestia), raciales (el
indio y la Blanca) y sociales (la pobreza y la riqueza).
Pero el film afianza todo su poder
al no divulgar el motivo del hecho. Un misterio que se mantiene intacto,
que planea sobre la posesión mística de estos dos cuerpos, donde el
realizador se contenta con poner en el contexto urbano de México.
¿México? Atestiguamos una panorámica
prodigiosa de 360 grados de la ciudad, luego de que hacen el amor, los
saludos recurrentes de la tropa ante la bandera, entre el perro y el lobo,
el peregrinar de las multitudes en honor de Nuestra Señora de Guadalupe [Notre-Dame-de-Guadalupe],
la solemnidad de una música tradicional española, la ignominia de este
burdel taciturno donde trabaja Ana y que los clientes llaman “la
boutique,” el delirio nacionalista de los discursos televisados
asociados al fervor religioso de los partidos de futbol, un jefe de policía
dibujado con los trazos de un débil mental.
Son (bajo los auspicios del sable,
el comercio y el limpiabotas) las miles de perspectivas de la alienación,
que este film pone en escena gracias a la seducción mórbida de los
cuerpos que se entretejen, preparando mejor el drama que va a ensangrentar
la pantalla. Con este título, Batalla en el Cielo, se inscribe en
la línea hoy devaluada conocida como el gran cine de liberación. La
cinta es además más incisiva al no ceder nada bajo el poder necesario
del mal y de la fascinación de la muerte en la determinación de las
conductas humanas.
Film mexicano de Carlos Reygadas
con Marcos Hernandez, Anapola
Mushkadiz, Berta Ruiz, David Bornstein. (2 horas)
Article
paru dans l’édition du 17.05.05 © Le Monde.fr – Traducción al
español © Enkidu.
“"Batalla en
el cielo" : le Mexique du sexe, du sang, du sacrifice humain,” Jacques
Mandelbaum, Le Monde, 17 Mai,
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