El derecho de los vulnerables
Constanza Vieira
BOGOTÁ, enero 2005 (IPS) - La prevención de
desastres es "parte del derecho a la vida y la gente debe estar
dispuesta a reconocerla y a pelearla como tal", dijo a IPS Gustavo
Wilches-Chaux, experto colombiano en la materia.
Abogado y ecologista, Wilches-Chaux se presenta sí
mismo como "ex alumno del terremoto de Popayán y ex alumno del
terremoto de Tierradentro, con un posgrado en el terremoto del Eje
Cafetero", ocurridos en el sudoeste y el centro de Colombia en 1983,
1994 y 1999 respectivamente.
En Popayán diseñó y dirigió un programa estatal de reconstrucción
comunitaria de la ciudad, una joya arquitectónica del periodo colonial,
en Tierradentro (zona indígena y de parques naturales) dirigió la
oficina gubernamental para recuperar comunidades y ecosistemas afectados,
y en el Eje Cafetero fue consultor para "pensar el desastre",
sus causas y consecuencias, y para acompañar a las comunidades.
Estaba en Cuba evaluando proyectos de gestión de riesgo con niños y jóvenes
para la organización humanitaria británica Save the Children, cuando el
huracán Iván sorpresivamente alteró su rumbo en el último minuto, y
preservó la isla. De no haber sido así, sostiene, el impacto habría
sido de tal magnitud, que habría caído el gobierno de Fidel Castro.
Nunca se sabrá si Wilches-Chaux exagera sobre la salvación providencial
de la revolución cubana, pero para él está claro que los desastres poco
tienen que ver con "actos de Dios", y sí mucho con los actos
del hombre.
A la hora de atribuir responsabilidades por el impacto y frecuencia
crecientes de fenómenos como los huracanes, uno de los culpables es el
recalentamiento del planeta asociado con los modelos predominantes de
desarrollo, y en especial con el uso masivo de combustibles fósiles.
Otros son la pobreza y el hacinamiento, en un mundo que ya tiene 75 por
ciento de población urbana.
"El mismo aguacero que antes no producía desastres ahora sí lo hace,
porque cada vez hay más gente, y cada vez más gente en condiciones de
exposición, o sea de vulnerabilidad", dijo Wilches-Chaux a IPS.
La pobreza "hace que la gente, en su afán de defender su derecho al
planeta, ocupe zonas que no deberían ser ocupadas para vivienda", señaló.
El impacto de los desastres no sólo está relacionado con la
vulnerabilidad de los asentamientos humanos, sino también con modelos de
desarrollo con poca flexibilidad de adaptación a una naturaleza que
siempre es cambiante, y a los propios cambios causados por las personas en
los ecosistemas.
Por eso, los desastres no son "naturales", sino propiciados por
el hombre.
"Los desastres no constituyen hechos súbitos y aislados de la vida
'normal' de la comunidad", según Wilches-Chaux, que recibió en 2004
una mención de honor del premio Sasawaka, otorgado cada año a las
personas que realizan contribuciones relevantes a la mejora de la salud pública.
Para él, un desastre ocurre cuando confluyen el riesgo y la
vulnerabilidad, entendiendo por "riesgo" un cambio en el
ambiente que afecta a una comunidad.
"La gestión del riesgo consiste en generar condiciones para que la
vida sea garantizada con calidad y dignidad", y es una forma de gestión
del desarrollo sostenible en el terreno de los desastres, sostiene el
experto, uno de los fundadores de la Red de Estudios Sociales sobre
Desastres en América Latina.
En su opinión, más que hablar de países desarrollados o
subdesarrollados, debería hablarse de países sostenibles y no
sostenibles, ya que cuando el desarrollo impide la convivencia armónica
con la dinámica natural, se incrementa la insostenibilidad del modelo.
Pero el desarrollo sostenible no reside en "fórmulas mágicas",
y cada comunidad debe descubrir, en la práctica, qué significa para ella,
alerta.
Sin embargo, en materia de desastres sí hay, según expertos, una "fórmula
mágica", pero es tan fácil de enunciar como difícil de llevar a la
práctica: disminución del riesgo, de la vulnerabilidad y de los efectos
negativos, es decir, prevención, mitigación y preparación en desastres,
son los pasos a dar. Y una vez ocurrido el desastre, se debe escuchar a la
comunidad, en vez de considerarla un receptor pasivo de asistencia.
Para Wilches-Chaux, las comunidades humanas son equiparables a un ser vivo
y tienen su propio sistema de defensas. Si son víctimas de un desastre,
poseen "mecanismos de superación" que, si se los reconoce y
respeta, "les permiten (a los damnificados) transformarse
creativamente como resultado de las crisis".
Aunque los afectados por desastres son presentados en los medios como
"víctimas impotentes", es en ellos donde reside la clave para
canalizar adecuadamente los recursos pertinentes, según carencias
identificadas por las comunidades.
"Las distintas expresiones de la cultura de las comunidades locales
(son) la columna vertebral de su sistema inmunológico y de sus
posibilidades creativas", para Wilches-Chaux, autor del manifiesto
"Derechos de personas y comunidades afectadas por desastres",
escrito en 1999. Hoy añadiría, en el título, "afectadas y
vulnerables a desastres", señaló.
Esos derechos "se pueden resumir en el derecho a que toda actividad
posterior al fenómeno que desencadenó (el desastre) se realice en función
de activar y fortalecer esos 'mecanismos de superación'" de las
comunidades afectadas.
Por ejemplo, los afectados tienen derecho a que no se los obligue a
evacuar una zona declarada por las autoridades como de alto riesgo,
siempre y cuando posean información suficiente (otro derecho) para
evaluar las consecuencias de su negativa.
También a la protección del Estado, a la evacuación oportuna y
concertada, y a planes de prevención, contingencia y emergencia, de
recuperación y de reconstrucción, según el manifiesto.
Otros de sus derechos son los de participar en las actividades de
asistencia en forma directa, activa, decisoria y eficaz, y en un posterior
desarrollo con sentido humano, social, económico, ambiental y cultural,
no centrado en la mera reconstrucción de la infraestructura física.
Frente a los medios de comunicación, las personas afectadas tienen
derecho a que se respete su intimidad, "a que no las conviertan en
motivo y oportunidad para el sensacionalismo" y a que la información
que se transmita "contribuya a comprender de manera veraz, objetiva y
racional las causas y procesos que condujeron al desastre".
Tienen derecho, asimismo, a que se desarrollen programas de gestión del
riesgo para prevenir desastres futuros, con el fin de obtener un "manejo
adecuado de las amenazas y la mitigación de los factores de
vulnerabilidad, de manera que ni la dinámica de la naturaleza se
convierta en un desastre para las comunidades, ni la dinámica de éstas
en un desastre para los ecosistemas", siempre según el manifiesto.
Con toda su experiencia en incentivar la participación ciudadana en caso
de desastre, Wilches-Chaux también tienen en cuenta lo que llama el
"derecho a la participación de la naturaleza".
"Las personas y comunidades afectadas por desastres, al igual que los
ecosistemas con los cuales éstas interactúan, tienen derecho a que la
voz de la naturaleza sea escuchada", porque se trata de avanzar
"hacia la construcción de unas relaciones sostenibles entre las
comunidades y su entorno", alega. (FIN/2005)
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