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Gays
construyen una comunidad abierta en la Ciudad de México
Hay un
hombre gay en el aparador. Se encuentra en un café que tiene la parte
frontal al aire libre y cuenta con paredes de colores brillantes, un lugar
que prácticamente invita a los transeúntes a observar a los clientes
como si se tratase de un acto de circo [circus performers] o un pez
en una pecera.
La idea
del café BGay BProud no es causar sorpresa a la gente en este país
tradicionalmente macho, sino ofrecer a los extraños [outsiders] un
vistazo a un estilo de vida del que pueden no saber mucho al respecto,
asegura uno de sus dueños. “No tenemos nada que esconder; no
necesitamos estar tras ventanas cerradas,” asegura uno de ellos, Gerardo
Espinosa Frias, de 23 años de edad. “Todos voltean. Incluso los que van
en automóviles, ellos voltean.”
Está
en lo cierto. La gente voltea [Heads do swivel].
Es un
largo camino desde San Francisco o Greenwich Village en Manhattan, pero
con una calle de restaurantes, tiendas de ropa y cafeterías nuevas, los
gays y las lesbianas de Ciudad de México establecen algunas cuadras [blocks]
de su propio territorio [turf].
Ahora
ellos tienen lugares donde pueden, de manera confortable, agarrarse de las
manos mientras hacen sus compras, comen o conversan – muestras de afecto
que eran peligrosas en la Ciudad de México hace no mucho tiempo, como señaló
Julian Roman, editor de la revista Ser Gay o Being Gay. [de modo
literal: “Julian Roman, the editor of the magazine Ser Gay, or Being
Gay.”] “La
conducta de la gente está cambiando de manera radical,” dijo Roman,
“Hace diez años, no podías pensar en esto, pero ahora, besarse o
tomarse de las manos es común.”
“Nosotros
existimos. Deseamos lugares nuestros donde podamos ser como somos,” dijo
Fernando, de 19 años de edad, quien está indeciso si decir a sus padres
sobre su orientación sexual y preguntó que su apellido [last name]
no sea utilizado, “deseamos que las generaciones futuras muestren más
aceptación.”
A unos
minutos de la concentración de negocios gay en la zona turística, lo que
se anuncia como “el primer centro comercial gay en América Latina”
está preparándose para una gran apertura en febrero. La Plaza de Las Américas
no es espectacular, y no existen garantías de que sobrevivirá. Cuenta
con 76 locales comerciales, donde encuentras desde cosas ordinarias como
una tienda de “gorditas” y un optometrista, hasta una tienda de libros
para adultos y un servicio de citas [dating service].
El
lugar estaba buscando una forma de aumentar sus ventas y se le acercó la
comunidad gay, asegura Fernando San Vicente, un vocero: “Intentamos
generar un medio de equidad, donde no haya discriminación,” dijo San
Vicente, quien expresó su esperanza de que un lugar donde los gays estén
cómodos será bueno para el negocio.
Al
momento sólo ha existido un incidente incómodo, el sanitario de los
hombres fue pintado con spray con graffiti anti-gay.
Una
amenaza mayor podrían ser la aceptación de los clientes al nuevo tema
del centro comercial. “Está cambiando, pero la gente en México tiene
dos caras; nunca nos perdonarán” por ser gay, dijo León, de 55 años
de edad y dueño de una tienda, quien también nos pidió que su apellido
no sea publicado. “Ellos lo mastican, pero no se lo tragarán,” dijo
sobre ser cortésmente tolerando pero no demasiado aceptado por el público
en general.
Los
negocios gay necesitan moverse con cuidado mientras buscan atraer al público
en general, dijo León, quien criticó un show de drag queens que fue
presentado por el centro comercial en Navidad, pues algunas personas podrían
considerarlo irrespetuoso.
Todavía
no es claro qué factores propiciaron los refugios gay [gay havens]
en la Ciudad de México, aunque algunos afirman que fue la combinación de
la comunidad gay haciendo un esfuerzo por abrir negocios en los mismos
vecindarios y por el apoyo del gobierno de izquierda de la ciudad, que
ahora es más tolerante.
“Ellos
han ganado mucho respeto,” dijo Irma Ramirez Payan, de 36 años de edad,
quien dirige una tienda de ropa en el distrito comercial, al referirse a
los gays, “ahora es cuestión de los polìticos, las empresas y mucho
trabajo duro.”
En
tanto, Diana Garcia, de 23 años de edad, una lesbiana que estudia para
ser chef, dijo que la concentración de negocios que son amigables para
los gays [gay-friendly businesses] le ayuda a conservar la razón [sanity].
“Tú prácticamente tienes que vivir dos vidas,” dijo ella sobre el
hecho de que de manera continua debe esconder su orientación sexual,
quien concluyó: “Este es un lugar donde puedes ser quien eres y no
esconderte.”
“Gays
build an open community in Mexico City,” Dane Schiller, JournalNow,
San Antonio (Texas) Express-News, Jan 13,
Traducción © Agustín Villalpando/Enkidu.
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