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Pregúntale
a la noche.

Imagen:
La overture de la nuite por Franco Sastre
Pregúntale
a la noche
cuántas
veces bebió de mis lágrimas
cuando
con mi pluma de águila negra
pintaba
tu nombre sobre mi alma.
Pregúntale
a la noche
el
color de mi sonrisa.
Solo
recuerdo el tono caribeño
de
tus labios contra los míos
sellando
secretos que murieron olvidados
en
el sabor de nuestro momento solitario.
Pregúntale
a la noche
cuantas
veces me siento a mirarla
y
la obligo a mostrarme tu rumbo.
Bailas
bajo su sombra con
tus
cabellos al viento, y,
con
una pirueta mágica,
en
tres saltos de ángel, la brincas
y
te sientas sobre su punta perlada sin apoyarte.
Te
observo de lejos, escondido,
con
miedo a que leas, desde tu trono,
mi
nombre de piedra.
Pregúntale
a la noche
si
ha vista pasar a tu alma sin vida,
con
su color de amazona salvaje y bárbara,
sin
deseos de llegar a ser amada.
Ella
aún me lo susurra,
a
escondidas del viento,
y
posándolo en mis manos
lo
besa junto con mi deseo perdido.
Pregúntale
a la noche
el
color de mis ojos ciegos.
Verdes
dorados cuando
por
primera vez te vieron
bailando
con tus muslos excitados
entre
olas enloquecidas
del
mar que amabas tanto,
acariciando
tu cuerpo desnudo
bajo
un sol dormido.
Pregúntale
a la noche
cuantas
veces le he recordado
el
color de tus curvas,
pegadas
a las sábanas perfumadas
por
jazmines de tu tierra,
y
tu piel oscura brillando bajo
la
tarde perdida en tu tiempo
de
ave solitaria.
Pregúntale
a la noche
dónde
enterré tus besos,
mientras
andaba perdido,
gritando
tu nombre
hundiéndome
para siempre en las arenas
de
tu playa en tinieblas.
Pregúntale
a la noche
dónde
escondió tu tumba
adornada
por una rosa mustia
y
unos jazmines perfumados
que
te esperarán en silencio.
Hoy,
al recordar tu muerte
ha
nacido una esperanza
que
con melancolía
me
recuerda a tu olvido.
F.S.
Dallas 29
junio '05.
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