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A la deriva en el mar
de la globalización
Por Aaron Glantz
HONG KONG, 20/12/2005 (IPS) - El gobierno chino prefirió un perfil
bajo en la pasada conferencia ministerial de la Organización Mundial del
Comercio (OMC) realizada en su patio trasero, la "región
administrativa especial" de Hong Kong.
Los negociadores chinos no realizaron declaraciones a la prensa ni durante
ni después de la conferencia de la OMC, celebrada entre el 13 y el 18 de
este mes, y de las 1.100 organizaciones no gubernamentales y entidades
empresariales asistentes, apenas cinco eran de ese país.
Esto no significa que el país más poblado del mundo, con 1.300 millones
de habitantes, no ejerza un tremendo impacto en la economía global, ni
que él mismo pueda escapar a los vientos de la globalización.
Fay Yee Chen, de 40 años, viajó más de 18 horas para llegar hasta Hong
Kong. Trabajadora de la industria de la vestimenta, actualmente
desempleada, fue una entre un puñado de inmigrantes residentes en el
estado estadounidense de California presentes en la reunión de la OMC con
el respaldo de la Asociación Progresista China de San Francisco.
"La globalización y el comercio global impactaron fuertemente en la
economía de (la ciudad californiana de) San Francisco donde muchas fábricas
de vestimenta y de artefactos electrónicos cerraron y fueron trasladadas
a otros países", dijo.
Según Fay, la cantidad de puestos de trabajo en la industria de la
vestimenta en esa ciudad cayó de 24.000 cuando ella emigró a Estados
Unidos, en 1998, a menos 2.000 en la actualidad.
"Esto hace muy difícil para los nuevos inmigrantes que vienen a
Estados Unidos encontrar trabajo", dice. "Muchos están
desempleados. La vida para los trabajadores de bajos ingresos es cada día
más dura en San Francisco".
Fay se mudó a Estados Unidos para estar cerca de su familia, que había
emigrado antes. Casi inmediatamente consiguió empleo como costurera.
Cuando al año siguiente la fábrica cerró, trabajó en la planta de
ensamblaje de un fabricante de artículos electrónicos. Pero pronto esa
compañía también puso fin a sus actividades.
"Ahora vivo en una pequeña pensión", dice. "Durante todo
este año, mis únicos ingresos fueron los cheques del seguro de desempleo.
Mi madre y mi hermana también fueron víctimas del colapso de la
industria de la vestimenta debido a la globalización".
Desde que George W. Bush llegó a la Presidencia de Estados Unidos en
2001, más de 350.000 trabajadores del sector de la vestimenta perdieron
sus empleos, y seguramente desaparezcan otros 400.000 puestos antes que
termine la década.
Alex Tom, de la Asociación Progresista China, dice que en San Francisco
algunos de los obreros despedidos tuvieron la suerte de conseguir trabajo
como personal de limpieza en hoteles (un sector muy sindicalizado y fuerte),
pero la mayoría sigue en el seguro de desempleo.
"Muchos están probando reciclarse y aprender otro oficio, pero
pretender encontrar trabajo en esta nueva realidad económica no es muy
realista", afrima.
Según Tom, la globalización llevó a las autoridades locales a favorecer
la creación de empleos muy calificados y con salarios altos, los cuales
se han vuelto abundantes en California en la medida en que la economía
global crece. Pero estas políticas no ayudan para nada a los inmigrantes
recién llegados, apunta.
"La industria de la biotecnología, el desarrollo de tecnologías
limpias y otras actividades en las que se pagan altos salarios están muy
bien, pero si uno solamente genera empleos calificados que no son para los
obreros, estos nunca van a conseguir trabajo".
En su opinión, la mayoría de las soluciones a estos problemas son
locales. Por ejemplo, Tom está cabildeando para que el concejo
deliberante de San Francisco apruebe una resolución que otorgue
preferencias en los contratos con el gobierno municipal a las empresas con
fábricas en la ciudad.
La Asociación Progresista China también realizó numerosas
manifestaciones frente a las tiendas de Gap, una cadena nacional de venta
de ropa, con sede en San Francisco, para que esta firma, muy cuidadosa de
su imagen, mantenga algunas de sus instalaciones industriales en esa
ciudad.
Irónicamente, muchos de los puestos de trabajo manual que se pierden en
San Francisco aparecen en China, el país del que proceden Fay y tantos
otros trabajadores de la vestimenta actualmente desempleados.
Con el fin de los aranceles a la industria de la vestimenta en diciembre
de 2004 en todo el mundo, China se hizo de 50 por ciento del mercado
mundial, debido a sus bajos precios, casi sin competencia.
Ya en 2002 había quitado a México el título de mayor proveedor de
prendas de vestir de Estados Unidos.
Sólo en el primer semestre de este año, los embarques textiles de China
a Estados Unidos crecieron 61 por ciento respecto del mismo período del año
pasado, según Washington.
No obstante, Fay dice que cuando habla por teléfono con sus familiares en
la meridional ciudad de Guangzhou (antes conocida como Cantón), ellos le
cuentan que la vida no ha mejorado a pesar del fabuloso crecimiento de la
economía china.
"Una de las cosas que nota mi familia es que en China los ricos son
cada vez más ricos, pero para la gente de 40 años, o aun mayores, es muy
difícil encontrar trabajo en la nueva China", afirma.
"Tanto mi hermano como su esposa son mayores de 40. Mi hermano solía
trabajar en un hotel, pero desde que éste cerró, no ha podido encontrar
ningún otro trabajo". Ahora la familia debe subsistir con lo que la
esposa gana como niñera, agrega.
Según un informe del Foro Internacional sobre la Globalización, una
organización no gubernamental con sede en San Francisco, el 10 por ciento
más rico de China se queda con 45 por ciento del ingreso nacional,
mientras el 10 por ciento más pobre recibe apenas 1,4 por ciento.
El informe señala que entre 1996 y 2003 China perdió 15 millones de
empleos sólo en el sector manufacturero, cuando desmanteló su red
nacional de fábricas estatales.
"En las empresas del Estado, los trabajadores gozaban de un empleo de
por vida, atención médica, educación y muchos otros beneficios sociales",
dice el estudio.
"Ahora, bajo el mantra de la competencia comercial, los trabajadores
chinos trabajan muchas más horas, tienen salarios más bajos en cuanto a
su poder de compra y menores beneficios sociales, y sufren muchos más
accidentes laborales que antes", indica el texto.
Al finalizar la era maoísta, en 1978, casi toda la población urbana de
China tenía acceso a la salud pública, y 85 por ciento de los habitantes
de las áreas rurales estaban cubiertos por alguna clase de cuidados médicos
colectivos, señala el documento del Foro sobre Globalización.
Hoy en día, en cambio, sólo 50 por ciento de la población urbana y
apenas unos pocos en las zonas rurales tienen cobertura médica.
Todos estos problemas resultaban obvios para la pequeña delegación que
fue autorizada a viajar desde China a Hong Kong para asistir a la
conferencia de la OMC.
Yang es un artesano joyero de 40 años que sufre de una forma aguda de
sarcoidosis, una rara enfermedad pulmonar.
En 1992, debió separarse de su esposa y dos hijos para aceptar un trabajo
en una fábrica de Shunchen, en el noreste del país.
"Yo trabajaba en la sección donde se cortan las piedras preciosas.
No había ventilación ni ningún mecanismo de protección. El lugar era
pequeño y éramos muchos. La nube de polvo que salía de las gemas era
muy densa. Así fue cómo contraje sarcoidosis", relata.
Cuando otros empleados empezaron a enfermar, el dueño de la fábrica
decidió cerrarla.
No había pasado un año, cuando el mismo empresario abrió un
establecimiento similar en otra ciudad y con otra plantilla de
trabajadores. Cuando estos se enfermaron, volvió a cerrar su fábrica.
En 2004, la misma persona abrió una tercera fábrica, para la exportación,
que funciona hasta ahora.
"Hay una gran brecha en el acceso a la salud en China", afirma
Yang. "Los ricos son muy ricos y los pobres son muy pobres. Por
ejemplo, en mi familia, yo soy el único hijo y ahora que estoy enfermo no
puedo trabajar y no puedo mantener a mis padres".
La situación mejoraría si las condiciones de trabajo fueran más
saludables, si hubiera medidas de prevención de accidentes laborales, y
si existiera un sistema de compensación económica para los trabajadores
que sufren accidentes de trabajo, opina Yang.
Pero es precisamente porque no existen ni se exigen esas protecciones y
beneficios sociales que empresas exportadoras como las de San Francisco se
instalan ahora en China.
(FIN/2005)
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