| Hola!
Me permito enviarles este texto, en mi opinión
magistral e indispensable, que nos ha resultado muy útil a muchos, a lo
largo de los 10 años desde que fue publicado, para combatir la homofobia
y los ataques que muchas veces sufrimos quienes tenemos preferencias eróticas
distintas. Creo que valdría mucho la pena circularlo, sobre todo entre
los jóvenes. (¡Ojalá Irmita Iztapalapa no me demande por violar sus
derechos de autora!)
Saludos,
Martín
Crónicas de la Gente Decente
Manual de defensa personal para el uso de gays
desamparados[1]
Por Irmita Iztapalapa[2]
Irmita recuerda la escena: he ahí a nuestra dama, entonces una jovencita
enfrentada a sus compañeros de clase en su primer asomo fuera del clóset
y decidida a ser respetada... pero muerta de miedo ante las miradas
inquisitivas, las preguntas capciosas, los comentarios condenatorios y -aún
peor- ante las miradas socarronas de otros y otras homosexuales que,
creyendo ser invisibles, la observaban a cierta distancia, escandalizados
por su osadía. ¡¿Cómo se atrevía a revelar su homosexualidad ante los
normalísimos heterosexuales?! ¡Pero si eso debe permanecer oculto,
porque es de mal gusto mencionarlo ante la gente decente, ya que es una
falta de respeto!
Pero Irmita mencionó, aclaró y defendió su homosexualidad, a pesar de
que el corazón quería salírsele del pecho y no siempre logró conectar
muy bien la lengua con el cerebro; los nervios pueden ser muy traicioneros
y el concepto más preciso, diáfano y contundente surge fragmentado y patético
ante un juicio severo. ¡Y vaya que era severo! El principal beneficio de
una educación decente consiste en aprender a condenar a los demás para
poder sentirse superior.
Ya a solas en su casa, mientras bebía un té de tila para aplacar su
taquicardia, Irmita pensó en las muchas cosas que debió haber dicho para
rebatir algunas necedades conceptuales que tuvo que soportar. Pero al otro
día, el sol, conforme a su costumbre, volvió a salir por el oriente... y
con él, trajo a Irmita una nueva luz: la luz de su orgullo personal gay
y, de ribete, le trajo la grata sorpresa de que muchos de los bugas con
quienes había hablado decidieron convertirse en sus amigos y compañeros
de ruta.
"¿Y qué pasó con los espectadores homosexuales?" pregunta uno
de los dieciséis radioescuchas de Irmita. Pues nada. ¿Qué iba a pasar..?
Decidieron darle la vuelta en lo sucesivo -que no fueran a sospechar algo
de ellos- y continuaron en el clóset.
Con el tiempo y un librito, Madame Iztapalapa fue clarificando,
documentando y puliendo sus capacidades argumentativas respecto a la
homosexualidad y así reunió un arsenal ideológico para defenderse de la
homofobia ajena... y de la propia, que a veces donde uno menos espera,
salta la liebre.
Pero volvamos a nuestros días. Con regularidad digna de un reloj de
cuarzo y de todos los confines locales y nacionales, llegan a Media noche
en Babilonia cartitas y recados de chavos y chavas homosexuales, pidiendo
orientación y ayuda ante la furia inquisitorial de sus parientes que están
a punto de caerles en el numerito o bien ya les cayeron... y que deseando
preservar la decencia familiar planean mandarlos con el médico, el
psiquiatra o el cura para que les quiten las malas mañas y los hagan
"entrar en razón"; incluso hay casos más radicales en que los
parientes -en la mejor tradición de la caridad cristiana- los quieren
correr de la casa para que no empañen el decoro doméstico con su
desviada presencia. Estas misivas agobian y desvelan a Tito Vasconcelos y
al gran reparto que integra este programa semanal de uno y otro lado del
receptor. Cuando son leídas al aire, no falta algún espontáneo que se
comunica a Radio Educación ofreciendo su apoyo moral, consejo u opinión.
Los más cínicos llaman ofreciendo sus números de teléfono,
supuestamente para "ofrecer consuelo" pero con ganas mal
disimuladas de encamar al desamparado o desamparada, como si con esto
bastara para que su problema desapareciera. ¡O tempora! ¡O mores!
Así pues, y recordando sus propias angustias y sofocones, Irmita quiere
poner su granito de arena para orientar, aún mínimamente, a sus
semejantes caídos en desgracia. Acudiendo a los archivos de su memoria,
les regala unas cuantas frases útiles para combatir -con argumentos y según
sea necesario- esa estupidez llamada homofobia doméstica. La ilustrada
dama pasa, entonces, a redactar el siguiente:
Manual de defensa personal para gays desamparados
1. Soy homosexual desde siempre y nada puedo hacer para cambiarlo. Quien
diga que puede es un mentiroso, un iluso o un ignorante.
2. No me rechaces por ser como soy. Mi homosexualidad no es un deseo de
ofender ni de lastimar. Es mi orientación sexual natural y constituye un
rasgo fundamental de mi personalidad. Es la manera que tengo de entregar
mi afecto y de ejercer mi sexualidad y tengo tanto derecho a mi sexualidad
como tú a la tuya.
3. Si a veces he deseado ser heterosexual o he actuado como si lo fuera,
no es porque mi homosexualidad me haga infeliz sino porque creí que era
la única manera de sobrevivir en medio del prejuicio y del odio generales.
Medaña muy gravemente que los demás se sientan con derecho a hacerme
objeto de su desprecio, burla y agresiones tan sólo porque soy diferente
de ellos.
4. El asco, desprecio, horror y desconfianza hacia los homosexuales se
llama homofobia. Una fobia es un rechazo irracional y, por lo mismo, una
perturbación mental. Ya es tiempo de que sanes de ella.
5. No soy un bicho raro: soy una persona como cualquier otra. En la medida
en que me rechaces, me iré alejando de ti. Si soy tu familiar o amigo, no
me conviertas en un extraño.
6. Hay homosexuales de todos tipos, edades, razas, nacionalidades y clases:
nos encontrarás en el gobierno, las fuerzas armadas, la iglesia, las
instituciones de enseñanza, las empresas públicas y privadas y en todas
las profesiones y actividades. Aunque no lo creas, aproximadamente la
quinta parte de la humanidad somos homosexuales.
7. Si todos y todas las homosexuales desapareciéramos del planeta, te
sentirías muy mal: desaparecerían muchas de las personas que quieres o
admiras y muchos de tus amigos y familiares. Es posible, incluso, que no
hubieras nacido: muchos homosexuales han tenido hijos.
8. Si alguna vez me has dicho que me amas, demuéstramelo: ya era
homosexual cuando me lo dijiste y yo te correspondí con mi cariño. No me
entusiasma que me menciones lo mucho que me querrías "si yo fuera
diferente". No tienes ningún derecho a exigirme ser como tú para
que me consideres valioso o digno de tu afecto: eso se llama discriminación
y es un delito.
9. No digas necedades como que me preferirías alcohólico, asesino o
violador. Si en tu familia deseas asesinos, alcohólicos o violadores, no
me consideres pariente tuyo. Yo aspiro a ser una persona productiva y útil,
digna de confianza y de respeto. Tus comparaciones me ofenden y me agreden.
10. Si quieres que te respete, tú también tendrás que respetarme. El
respeto es la capacidad de considerar el valor de los demás y no tiene
importancia cuando no es mutuo.
11. Yo sé que la iglesia católica -y muchas otras que se dicen
cristianas-
condenan las relaciones homosexuales. También condenan las relaciones
prematrimoniales, el adulterio, el sexo oral, la masturbación, la
literatura erótica y, en general, todo lo relacionado con el sexo.
Igualmente prohiben la ordenación sacerdotal de las mujeres, el uso de
condones, el aborto, los anticonceptivos y la evasión de impuestos, entre
muchas otras cosas. En cambio, permiten y aprueban la guerra y la pena de
muerte. Si realmente quieres seguir las enseñanzas de Cristo, no
confundas su mensaje con las necedades de aquellos que pretenden hablar en
su nombre.
12. Muy pocos médicos, psicólogos y psiquiatras están capacitados para
entender y valorar la sexualidad humana, ya que sus programas de estudio
no la incluyen. No me pidas ponerme en manos de ignorantes. Si quieres
entender mi homosexualidad, acude tú con un sexólogo.
13. Hay muchas teorías que tratan de "explicar" el origen de la
homosexualidad. Ninguna ha logrado acertar porque los científicos que las
formulan parten de la idea de que es una alteración de la conducta, de la
biología o la falta de algo. No soy una enfermedad ni un defecto: soy una
persona. ¿Tú por qué eres heterosexual? ¿Te lo has preguntado alguna
vez?
14. Antes de usar términos como "aberrante", "desviado",
"anormal" o
"depravado", consulta un diccionario. No hagas gala de tu
ignorancia.
15. Nadie es "culpable" de que yo sea homosexual. Yo no "me
volví"
homosexual porque alguien "me pegara" sus mañas. Si las
preferencias
sexuales fueran contagiosas, todos seríamos heterosexuales porque ustedes
son mayoría. Ni tú ni nadie se volverá homosexual por convivir conmigo.
16. Las historias que has oído o leído acerca de que los homosexuales
somos violadores de niños son falsas. Más del 80% de los violadores de
menores de edad son heterosexuales, y te lo pueden comprobar en cualquier
oficina de defensa de derechos humanos o en cualquier juzgado penal.
17. No soy homosexual porque aún no haya encontrado a "la persona
adecuada" del otro sexo. No me atrae ni me interesa tener relaciones
sexuales con personas de sexo diferente al mío, así como a ti no te
atrae el tenerlas con alguien de tu mismo sexo. Tampoco ando persiguiendo
heterosexuales: prefiero relacionarme emotiva y sexualmente con una
persona homosexual de mi mismo sexo.
18. No tengas temor de preguntarme lo que sea acerca de mi vida
sentimental o sexual y, en general, de mis aspiraciones como persona. Yo
estoy deseando que me conozcas mejor y, comunicándonos, te sorprenderás
de lo parecidos que somos.
19. No estoy pidiéndote que me entiendas y me toleres, sino que me
comprendas y me aceptes. Tolerar es indigno porque la tolerancia es un
repudio disfrazado de buena voluntad.
20. Finalmente, no dudes de mi afecto por ti... y no me hagas dudar del
tuyo convirtiéndome en tu enemigo. Mi vida es buena y valiosa y tengo que
vivirla tal cual es, incluso a pesar de ti.
Con amor gay, Irmita Iztapalapa
[1] Tomado de Boys & Toys, vol. 1, no. 9 (junio 1995), pp. 25-26.
Difundido en el programa radiofónico Media noche en Babilonia, conducido
por Tito Vasconcelos. Radio Educación, 1060 kHz, A. M.
[2] Según fue comunicado a Jesús Calzada.
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