LA GRACIOSA HUÍDA
“..Y esta noche ya no
aguanto más: Hoy me iré de casa, corriendo descalza haber quien me
atrapa, haber quien me alcanza...”
–fragmento de
“Hoy me iré de casa” de Gloria Trevi-
Por Doña Juana La Crazy
Dedicada a
Tito Vasconcelos

¿Cuántos de ustedes se han salido
de la casa paterna o materna?, pregunta Doña Juana; ¿qué les ha
motivado? ¿el amor, el miedo, el orgullo, la conciencia o sencillamente
la simple supervivencia? Doña Juana sabe que muchos al salir del clóset,
tenemos a lo mucho cinco minutos para empacar peinetas y vestidos;
pareciera que esto ya no sucede, pero eso no siempre fue así. La Pazza (loca,
en italiano) les comenta que solamente ha salido dos veces del control
paterno (y materno); la primera ocurrió cuando ella tenía 18 años y se
le ocurrió salir del clóset sin preparar a la familia; lo cual no es
nada aconsejable. Su Maje, Su Caótica, Su Gordita vivió entonces un
pequeño infierno ya que el Sacro Santo Padre de la que esto escribe, le
empezó a poner chaperón para sus salidas, contestaba el teléfono y le
negaba llamadas, le esculcaba la mochila, le seleccionaban e indagaban a
sus amigos, le revisaban la recamara, cama, en fin...hasta le tiró sus
estoperoles, sujetadores, antifaces y
arneses de cuero negro (osea ¡Todo el kit matrimonial!)
Ustedes seguro que no lo habrán
vivido, pero su Maje se sintió como presa, como que era una delincuente
de la cual había que cuidarse y cuidar a los demás; motivada por que el
galán en turno le dijera que no tenía necesidad de pasar por ello, como
lo había dicho en muchas ocasiones; un tal “Tito Vasconcelos”, en un
programa nocturno llamado “Media Noche en Babilonia”; su Maje emprendió
el vuelo cual frágil y delicada paloma y sin sentirse Lupita D’Alessio.
Total que después haber pedido asilo político con sus abuelos y tener el
suficiente dinero, emprendió su graciosa huída; con la desaprobación de
los padres, la bendición con la mano izquierda y todo en contra. Así
comprendió que la salida del clóset es un proceso para que los padres lo
digirieran mucho mejor.
Así que su Gordita se fue con todo
y sus chivas a casa de sus abuelos. Al mismo tiempo conoció a Don Jelipen
y decidió irse a vivir con el, sin escuchar la advertencia de la abuela:
“¡Jija, ese hombre; no te conviene!” y bueno, pues dicen que: “más
sabe la vieja por vieja que por diabla”. El par de tórtolos vivieron
muy felices, hasta que la muerte del amor los separó y Doña Juana se vio
en la necesidad de volver a su Real de Reyes ¡Si me lo decía mi abuela!,
sollozaba su gordita cual si fuese homenaje a Silvia Derbez, en fin; que
su regordeta esta vez pidió auxilio a su madre sanguínea quién llegó
con todo y carro encendido para hacer el traslado de la viuda real. Ya lo
dice mi padre ¡Es triste, cuando los hijos se van; pero es más triste
cuando regresan! En fin, que Su Maje se convirtió en el centro de debate
del hogar; ya que fuese porque faltaba a casa o porque metía a cuanto
chacal se le antojaba.
Doña Luisa tomó una decisión drástica:
la residencia real estaba abierta a novios y novias de sus hijos, y
reconocía la sexualidad de ambos ¡Herejes, Blasfemos!, le gritarán a Su
Gordita, pero durante ese tiempo fue ganando el espacio familiar, o asimilándose
al cotidiano hogareño, tras una historia familiar, la madre de Su Maje no
sólo se liberó como mujer, sino también como ama de casa, esposa y
madre, por lo que emprendió el vuelo dejando todas las regias tareas a su
consentida, osea La Yo, que de la noche a la mañana se convirtió en la
Señora y Dueña de los negocios familiares, de los cuales nunca pudo
disfrutar, pues como ustedes sabrán la historia de Doña Juana La Loca;
sirvió a los intereses de su padre y de su esposo; por tal motivo le
dieron los regios títulos de: Reyna del Hogar; Soberana del trapeador y
de la escoba, Reyna Titular de los Negocios Familiares, Archiduquesa de la
lavadora, secadora y tendedero, Duquesa de la sala y del pasillo, Marquesa
de la podadora y del recogedor, Condesa de la cocina y de las recámaras,
Patrona del jardín y sus sabuesos entre otros nobles títulos.
Así su Majestad se volvió toda
una mujirtz, cocinaba, bordaba, tejía, pintaba y hacia figuras de migajón;
¡Toda una casadera coyoacanense!, ya ni siquiera la muy mexicana esposa
del embajador Tony Garza era competencia. Sin embargo, muchos gays pecamos
de hogareños al sentirnos
seguros; negándonos el paso de la libertad, por lo que pasaron los años
y los galanes que iban y venían, algunos pidieron la mano de la soberana,
pero ella se negaba aduciendo que solo salía completa. Fue en esos días
que Doña Juana tuvo a su hija, la más perra: Anya, su husky siberiano, y
un año después apareció Don Cutberto. Hace algunos meses; nacieron unos
bellos cachorritos que entre ladridos y chillidos terminaron por hacer
patente que Su Maje y familia no podían vivir más en conjunto. Don
Cutberto le ofreció no sólo su hombro, sino su casa por si las cosas
empeoraban; lo cual sucedió, así que Su Gordita poco a poco empezó a
visitar mudanzas, ir por cajas y empezar a empacar sus cosas.
El regio padre se las sospechaba,
pero Doña Juana más lista decidió salirse sin avisar; ya que según su
experiencia, aquellos que se la pasan amenazando con irse ¡nunca se van!
Ahí ven a Doña Juana guardando su jarrón de la dinastía Ham, el tibor
de la abuela, sus libros de alquimia, astronomía, historia, belleza,
modales, música y todo aquello que toda mujirtz necesita, las alhajas de
su maje no faltaron, así como su impresionante archivo musical; es más
¡No cargó con el perico, porque en casa nunca ha habido!, sino con su
Husky y algunos cachorros. La mudanza se llevó a cabo un lunes, cuando no
había nadie en casa. A la noche siguiente se escuchó un grito paterno:
¡Se fue como las chachas! Si pi, Doña Juana no avisó, para evitar toda
una sesión lacrimógena a la altura de “La Madrastra o Rebelde. Don
Cutberto le llevó a su ahora palacio, en Atlamica, Cuautitlán Izcalli,
con el desempaque de las más de 50 cajas, muebles y demás. Además se
fue sin el mentado casorio en
Coyoacán ante cámaras, prensa y mantas, pero fue bien recibida por los
suegros y cuñados.
Quienes ya han experimentado este
trago, saben que los primeros días, los familiares entrarán en shock; el
regio hermano le confío a su Nena consentida, que el padre se asombró al
ver la recamara vacía; y que entonces gritó ¡Se ha ido como las chachas!
¡Se ha llevado a la Anya, a los cachorros! ¡ni al más pequeño me dejó!
Y conste que no fue homenaje a Doña Amarga López (qpd). Después, Su
Maje fue por algunas cosas que había olvidado, como el cuadro de su
hermana La Franco dedicada a Doña Juana, el padre gritó y sollozó pues
habían arrancado de la pared, el famoso retrato, al tanto que Mauricio,
el hermano menor de Su Maje, le recordó que La Franco era Jotítzima y
que a él no le gustaba eso. Hoy en día, el regio padre, ya se ocupa más
de la casa: hace su cama, lava su ropa y arregla la casa y es más
responsable en sus deberes hogareños e incluso ¡va a la Marcha del
Orgullo!
Doña Juana a su vez esta
experimentando por segunda vez la libertad, la libertad que cuesta, que
duele, que pesa, que trae
responsabilidades pero que al mismo tiempo da otro tipo de oportunidades
¡Ya se!, que muchas me dirán que vive en amasiato, que se va a condenar
por mala hija, que volverá a fallar esta vez y otros deseos bien
intencionados, pero como dice sabiamente Magos: ¡Ahorra, manita!, ¡No
dependas de hombre alguno!, porque después si no llegan a funcionar las
cosas, tu ya tienes dinero para rentar y vivir sola. Doña Juana les dice
que cuando uno toma esta decisión es porque ya tiene los medios, y que no
es nada recomendable hacerlo si uno no cuenta con el apoyo de los amigos o
de la familia y mucho menos cuando uno carece de los medios económicos
para hacerlo.
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