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La Muerte... Motivo de arte y análysis

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1999 © 2003 Eric Knipper
En México, el proceso de la muerte ha traído un conjunto de creencias,
ritos tradiciones y mitos. Actualmente, y sobre todo en las regiones
rurales y semiurbanas, aún se realizan ceremonias para honrar a los
muertos. Se elaboran y adornan altares en los hogares y se llevan ofrendas
a las tumbas en los cementerios. Con el advenimiento de la cultura
occidental empezaron a conjugarse las antiguas creencias con la idea de
una vida posterior, una transmutación del alma de los finados que
aguardaría el día del juicio final, mientras sus restos mortales
permanecerían en las tumbas. De ahí surge la práctica del entierro en
sepulcros que es, a su vez, una tradición que inicia en la época de las
catacumbas.
En nuestro México mágico la práctica de sepultar en tumbas a los
difuntos se realizó inicialmente en el interior y en los atrios de las
iglesias. Esta practica se considero en su tiempo insana por lo cual se le
prohibió durante el régimen juarista, dando origen a los cementerios
civiles que prevalecen hasta nuestros días. Para nuestra cultura los
sepulcros han sido considerados como sitios de transito donde los restos
mortales esperan el día del juicio final. Es por ello que las tumbas han
sido revestidas de variadas formas artísticas (escultura, epitafios con
diversas formas literarias, pintura, entre otras, que conllevan un
simbolismo respecto a las creencias sobre el fenómeno de la muerte. Estas
representaciones tienen un valor estético, pero son también formas
testimoniales que nos remiten al cuerpo de ideas y creencias de los grupos
sociales que las crearon. De ahí la idea de considerar a la muerte como
motivo de arte y tradición.
Como dijera mi querido Juan Luis Álvarez-Gayou, "somos
necrofilicos en áreas eróticas y no eróticas". Dentro del
psicoanálisis, desarrollado por Freud, se ha planteado desde sus inicios
la cuestión de la muerte como un problema vivencial y de conocimiento.
Considerando que resulta esencial para comprender la vida humana. Pensar
en términos psicológicos la cuestión de la muerte, su inevitabilidad,
ha sido sin lugar a dudas una de las fuentes de interrogantes esenciales
del ser humano en diferentes momentos de la historia, si bien no existe la
representación inconsciente de la propia muerte, esto no quiere decir que
no existan deseos y fantasías de muerte.
Quién no quisiera, por ejemplo, un lugar ideal, paradisiaco, con una
tranquilidad absoluta como la del nirvana?. En un contexto de cambio, a un
mundo "ideal", transito de luz eterna, etera, mistica… Esta
idea del "descansa en paz" (R.I.P.). Lo que se nos aparece como
conflictivo, paradójicamente, es la vida. Es la fuente de disturbios y
conflictos, un mal transito, erróneo, en ocasiones equivoco.
El lugar de la muerte es el que soporta la estructuración del sujeto
en el orden simbólico. Freud decía que la carta era la palabra del
ausente. Cuando nombramos una cosa, la palabra es ya la muerte de la cosa,
de solo mencionarla. Al nombrar una cosa, valga la redundancia, la esta ya
es otra cosa. Es algo con un nombre. Nunca hay una relación unívoca
entre la cosa y lo representado, entre la cosa y la palabra. Lo que no
podemos nombrar en las cosas es lo que llamamos traumático. Es el
silencio, el secreto, el "saber no sabido" que se reconoce como
propio solamente por la interpretación o la construcción. Por eso
trabajamos con palabras. Lo que no se puede nombrar es el trauma. Siempre
estamos a una cierta distancia de las cosas, hay siempre un cierto
sentimiento de exilio. El momento en que nombramos, nominamos, no es nunca
el momento en que percibimos. Percibir nos remite a otro concepto, la
sensopercepcion, nuestras palabras llegan siempre con caducidad a nuestras
sensaciones. Se puede considerar al duelo como un modo de nombrar la
pérdida, que siempre tendrá que ver con el miedo a la pérdida del amor,
de anhelos, de deseos; la pérdida de lo que llamamos en general "objetos".
El Trabajo de duelo consiste en desanudar "una a una " las
expectativas que había, que se tenía con respecto al objeto. La otra
parte del trabajo es la intensificación de los recuerdos. Esto hace
imposible la elaboración del duelo en la desaparición, puesto que las
expectativas quedan abiertas. Esto ocurre también en los desaparecidos a
causa de desastres "naturales", un sismo, un huracán, entre
otros. Por otra parte la desaparición produce un trauma, que en sentido
estricto se corresponde a una ruptura de las cadenas o conexiones
asociativas, se expresa, se pone en acto por lo tanto, en el silencio. Por
esto es que los actos rituales "en memoria" de los desaparecidos,
independientemente de cómo se suscitaron, cumplen un papel fundamental en
la respuesta social a esta pérdida.
En el México contemporáneo preservamos un sentimiento especial ante
el fenómeno natural que es la muerte y el dolor que nos produce. Haciendo
una confrontación de los cultos prehispánicos y la religión cristiana,
se sostiene que la muerte no es el fin natural de la vida, sino fase de un
ciclo infinito. De acuerdo con el concepto prehispánico de la muerte, el
sacrificio de la muerte -el acto de morir- es el acceder al proceso
creador que da la vida. Los mexicanos sí pensamos en nuestra propia
muerte, pero no le tenemos miedo, se convierte en un juego doble, temor y
festividad, alegoría.
De esa manera, la muerte adquiere una dimensión distinta, alegre,
lúdica entre jocosa e irónica, la llamamos "calaca", "huesuda",
"dentona", la "flaca", la "parca", al hecho
de morir de damos definiciones como "petatearse", "estirar
la pata", "pelarse pa’l otro mundo, cambiarse de banqueta y
otras tantas que denotan el carácter de desafío y miedos implícitos.
En nuestros juegos está presente con las calaveritas de azúcar o
recortes de papel, esqueletos coloridos, piñatas de esqueletos, títeres
de esqueletos y cuando hacemos dibujos en caricaturas o historietas,
también cuando nos burlarnos de los vivos" a través de las
calaveras, sátiras populares, producto del mas exquisito ingenio
Amig@ lector@, hagamos en este momento un alto al camino, un detener
nuestro transito de vida para darle paso a la reflexión…la vida es un
ejercicio continuo, de valentía, de desafió, también de perseverancia…hagamos
de la vida un ejercicio pleno, para que sea la muerte entonces un paso a
la siguiente dimensión…para aquell@s que ya no están físicamente
entre nosotros…no han muerto…moriran el día que dejemos de
recordarlos…
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