| La Reina de la Noche; vida obra y
milagros de lucha reyes
Por Su Caótica Majestad Doña Juana
La Loca
“Aquella que va río abajo
/ se llama Panchita,/ y tiene los ojos grandes /la boca chiquita...”
fragmento de La Panchita de Joaquín
Pardave.

Dedicada con harto amor a
mi hermana; la Princesa del Pabellón de los Bambúes.
A Doña Juana le ha llegado el
rumor, de que su oriental hermana no sale de un antro llamado el Oasis,
lugar que los miércoles se deleita ¡upps!, con los trinos y angelicales
sonidos de la susobicha hermana quien se sabe ¡To-das!, sí ¡To-das!,
las canciones de Sarita Montiel, Consuelito Velázquez, Chela Silva y
Lucha Reyes. Así pues que con este antecedente comienzo con el relato
nada erótico, pero si lírico: Lucha Reyes nació el 23 de mayo de 1906
en Guadalajara Jalisco, en la calle de Joaquín Angulo número 21, bajo el
nombre de María de la Luz Flores Aceves quien quedó huérfana de padre
al poco tiempo; y como ya saben que es mas padre, aquel que cría que
aquel que engendra, pues Luchita tomo el apellido de su papa postizo:
Reyes. Desde muy pequeña; Luchita mostró su afición por el canto, hasta
que sufrió una fiebre tifoidea que la dejó muda ¡zaz culera!, gritó mi
hermana con su vaso de tequila.
Ya se que
muchas querrán infectar de fiebre tifoidea al marido pa’ que no les
grite... ¡pero, manas!, ya lo dice mi hermana, si les grita el hombre ¡es
porque se lo merecen! Sin embargo cuenta la leyenda, que la futura Reina
del mariachi recuperó la voz cuando intentaba detener una discusión
bastante violenta entre su madre y su medio hermano. Se sabe de buena
fuente, que Lucha Reyes dejó sus estudios académicos en la ciudad de México
para desarrollar sus dotes de cantante. La carrera profesional de esta
cantante se inició a los trece años, en una carpa que estaba ubicada en
la plaza de San Sebastián,
cerca de su casa. Con el paso del tiempo y con la ayuda de Nancy Torres,
llegaría a alternar con figuras de la comicidad como Amelia Wilhelmy, José
Limón y los Hermanos Acevedo.
Cuentan que Lucha Reyes se ganó al
publico al cantar fragmentos de las óperas: Carmen,
Manon Lescaut y de Il
Pagliacci con lo cual demostró su poderosa entonación de contralto.
En 1920 viajaría a los Ángeles, California para estudiar canto y
desarrollar sus aptitudes como soprano, pa’ que vean que si tenía voz
¡hic! En 1925 la compañía El
Bataclán, promotora de revistas, llegó a México, uniéndose Nuestra
Reina de la Noche (Lucha, no La
Yo) a su elenco como cantante y bailarina de Charleston tomando como seudónimo
el nombre de Lucianne Duvasell.
Para aquellos días Luchita había triunfado, sí ella si triunfó...no
como otras ¡saludcito, mana, saludcito! Hic...perdón...ah, sí Luchita
había destacado en la cartelera del teatro de Esperanza Iris y un año
después grabó su primer disco para el sello Olympia
que contenía dos arias operísticas, así como La
negra noche, Donde estás corazón
y un viejo amor a dúo con
Alfonso Ortiz Tirado.
En 1929, fue contratada –¡ellla,
yop no, hic!- para una gira por varios estados de gringolandia donde
conoció al periodista Gabriel Navarro, con quien; al poco tiempo contraría
matrimonio. Después de sufrir un aborto, Gabriel comenzó a tratarla
despectivamente, lo que derivó en divorcio. Por más que Luchita adoptara
una niña, de nada le valió, ya que su madre se interponía entre ella.
La madre de Lucha no veía con buenos ojos, que su hija se consolara con
otro tipo de amores, ya que también le gustaban las tlayudas, tortillas y
en general todas aquellas mujeres hermosas que no le faltaban. Después de
una larga temporada regresó a México, y formó con las hermanas Ofelia y
Blanca Ascencio, el Trío Reyes-Ascencio, aunque para entonces su adicción
por la bebida y continuos incidentes durante sus presentaciones, obligó a
sus compañeras musicales a sustituirla por la soprano Julia Garnica.
Nota: La Princesa del
Pabellón de los Bambúes también realizó una gira por Alemania en
1927... |
En 1927 ¡Lushita!, reinició la búsqueda de la
fama y se unió al Cuarteto Anáhuac,
con el que realizó una gira por Alemania, integrándose, a la compañía
de Juan Nepomuceno Torreblanca. Lucha firmó un contrato con la
disquera Polydor para
grabar algunos discos con los Anáhuac, sin embargo el proyecto se
vino a bajo cuando el grupo se desintegro por problemas internos.
Durante su estancia en Berlín, en una velada de invierno, Lucha
Reyes pescó una fuerte infección en la garganta (y no como ustedes,
usualmente la pescan ¡eh!), y esta vez ¡perdió la voz! |
Un año más tarde se recuperó,
aunque debido a la enfermedad, su voz se tornó rasposa y desgarrada, que
impuso un estilo agresivo a sus interpretaciones. Con ella, la imagen de
la mujer se volvió bravía y temperamental. Por este mismo carácter que
igual gemía, lloraba, reía, gesticulaba ansiosamente o desesperadamente
se le dio el titulo de Reina. ¡Otra botellita en honor a Lusha Reyes!,
grita mi hermana La Princesa.
Dos años después, inicia su mejor
etapa como artista, creando un estilo personal y de sonados éxitos, con
canciones como La Tequilera, ¡Ay, Jalisco, no te rajes!, El
Herradero, Juan Colorado, La
Panchita, Traigo un Amor, Caminito de
Contreras, entre otras. En 1930 es contratada por el empresario Frank
Founce para dar varios conciertos en el Million
Dolar de Los Ángeles. Aunque Lucha no poseía una gran belleza, su
rostro y presencia llamaron la atención de productores de cine, apareció
en películas como Canción del Alma
(1937), La Tierra del Mariachi
(1938), Los Dorados de Villa
(1939); El Zorro de Jalisco
(1940) con Pedro Armendáriz y el Indio Fernández y,
Jalisco, no te rajes! (1941) con Jorge Negrete, Gloria Marín y Víctor
Manuel Mendoza. Ya en 1932 se presentaría en el Teatro Politeama acompañada
de mariachi y estrenando tres canciones que le escribió Agustín Lara: Poquito
a poquito, Xochimilco y Por la barranca
¡Ya mana, sosiégate!
¡Ay manita! Hic....¿pero como les
hago saber que Luchita, si era lesbiana?, dice La Princesa, a ver...una de
las canciones que más le gustaba cantar “...
Por una mujer ladina perdí la tranquilidad (...) y a la orillita del río
/ a la sombra de un pirul / su querer fue todo mío / una mañanita azul /
y después en la piragua / nos fuimos a navegar / qué lindo se movía el
agua / cuando yo la volví a besar...” y como diría mi querida
Claudia Hinojosa: “Así se oía la voz bravía de Lucha Reyes hace 60 años,
sin que nadie realmente creyera que una mujer pudiera hacer que otra
“perdiera la tranquilidad”. Era una época de esplendor de la cultura
popular mexicana, en la que muchas otras célebres mujeres interpretaron
apasionadas canciones de amor dirigidas a otras mujeres -en señal de
respeto a la letra de los autores- sin que esto despertara sospechas de
“irregularidad” alguna. Eran también tiempos de expansión económica
y de una estabilidad social que enmarcaron un orden férreo en cuanto a
los papeles sexuales de hombres y mujeres” ¡Ay mana, van a creer que
somos unas borrashas! ¡hic!
Pues ya para terminar el brindis en
honor a La Reyes, les digo que Lucha causaba tumultos en los lugares en
que se presentaba. Colocada en el centro del escenario, y con una
presencia única, bravía, la ella; lograba impactar con su estilo -quizá
copiado de las soldadescas de la revolución-, que contrastaba con la clásica
mujer abnegada de medio rural. Por esta razón, Lucha Reyes, con su
expresiva voz y con la herencia muy mexicana del vestido multicolor,
representó, con gran elocuencia, la canción popular ranchera. Lucha,
decepcionada por sus varios desengaños amorosos, se aficionó a la bebida,
y en una de esas le pidió a su hija que fuera a la farmacia por unos
calmantes para evitar la resaca, como la que mañana vamos a tener ¡hic!
La niña obedeció y a su vuelta vio como su madre yacía en el suelo
agonizante. No muy lejos había un frasco vacío de cápsulas de Nembutal,
a pesar de los esfuerzos de la Cruz Roja por reanimarla; El 25 de junio de
1944, Lucha Reyes dejó de existir. Hoy puedes llevarle un ramo a su tumba
en el Panteón de Dolores.
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