Lascurain,
el presidente fugaz
Pedro
Casanova & Guillermo Romero/Enkidu
Flavio
González Mello se basa en una anécdota de la historia de México
para desentrañar los delirios del poder

La
fugacidad del poder y los
estragos que ocasiona, en una excelente puesta en escena
La
obra Lascurain celebró sus primeras cien representaciones en medio de un
emotivo ambiente en el cual imperó la alegría, la inteligencia, el arte,
el humor y sobre todo, el TEATRO MEXICANO. Sí, así, con letras mayúsculas,
porque nos encontramos frente a una obra mexicana que logra captar a través
de un hecho histórico prácticamente olvidado, la embriaguez que provoca
el poder.
En
su obra anterior, 1822, el año que fuimos
imperio, Flavio González Mello ya había dado muestras bastante sólidas
de su capacidad para abordar hechos históricos, pero con ironía y un
humor fino y elegante, cosa no muy frecuente en el teatro mexicano. Ahora
en Lascurain, el presidente fugaz
el autor se vale de un casi olvidado hecho histórico: los 45 minutos que
Pedro Lascurain Paredes (1852-1956) fue presidente de México sólo para
nombrar a Victoriano Huerta como su único ministro y luego
renuncia para que asumiera el poder quien pasaría posteriormente a
la historia con el mote de “El Chacal”. Lascurain había sido ministro
de relaciones exteriores con Francisco I. Madero, quien fue aprehendido
junto con el vicepresidente Pino Suárez después de la llamada Decena Trágica.
A fin de darle visos de legalidad a su acción, Huerta se atiene a los
principios constitucionales y es así como el canciller Lascurain es
designado presidente de la República. Hasta allí la anécdota histórica
que sirve al autor para hacer una divertida
y aguda disección de que sólo la mera idea
del poder, puede enloquecer a un ser humano. Pero no sólo eso, también
se detiene en observar también
cómo seduce y embriaga, a quienes rodean al depositario de ese poder real
o ficticio. Y aún hay más: también sentimos el sabor amargo de cómo
cuando se termina el poder, todo mundo desconoce y da la espalda a quien
antes rindió pleitesía.
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Si
alguien todavía duda de que Héctor Bonilla es uno de nuestros más
grandes actores, le recomendamos que venga a verlo cómo borda este
personaje al igual que Carlos Cobos quien es el fotógrafo y logra hacer
un magnífico contrapunto actoral que todo el público agradece. Fabiana
Perzabal como la telefonista y Moisés Arizmendi haciendo el militar también
le sacan bastante jugo a sus personajes en esta dirección del propio
autor de la obra, que ha logrado sacar el máximo provecho a su texto
apoyado con la escenografía e iluminación de Arturo Nava,
al vestuario de Cristina Sauza y la música de Eduardo Gamboa. |
Esta
obra inicia felizmente el Proyecto Xola de Temporadas Teatrales a cargo de
Otto Minera, quien durante la ceremonia de develación de placa habló de
que el próximo año habrá cuatro nuevas obras y dio cátedra de sabiduría
en su breve discurso y animó
a que “entre todos hagamos posible el mejor de los teatros posibles”.
Los padrinos no se quedaron atrás, pues Antonio Crestani, director de
Centro Universitario de Teatro dejó pensando a todo el mundo pues dijo
que veía venir un nuevo Huerta y llamó a evitarlo entre todos juntos. El
comunicador Javier Solórzano de plano, dijo que si todo eso que vimos podía
pasar en 45 minutos, ¡qué no pasará en un sexenio!
Durante
la entrega de placas, el actor Héctor Bonilla dijo que quería hacer una
mención especial. Pensamos que iba a agradecer la presencia del jefe de
gobierno que se encontraba entre el público. Después de todo, es buen
indicio el que un político asista al teatro y sobre todo a ver una obra
como ésta, en la cual los políticos no quedan muy bien parados. Pero no,
Bonilla se ahorró el besamanos y rememoró cuando el seguro social
construyó todos estos teatros durante la gestión de Benito Coquet. Dijo
que desde 1960 en el Teatro Xola (hoy Julio Prieto) había un empleado o
mejor dicho empleada, que había trabajado ahí ininterrumpidamente. Y
presentó a la señora Irene Contreras quien se ha hecho cargo de la
dulcería desde aquella época. Gran detalle de Héctor Bonilla y que lo
pinta de cuerpo entero como el hombre de teatro que es. No se pierda la
oportunidad de ver a este gran actor en escena y disfrutar este montaje
que entre risas, nos hace reflexionar acerca de la volatilidad y la locura
que significa el poder.

Lascurain,
el presidente fugaz.
De
y Dirección: Flavio González Mello.
Con:
Héctor Bonilla, Carlos Cobos, Fabiana Perzabal y Moisés Arizmendi.
Diseño
de escenografía e iluminación: Arturo Nava.
Diseño
de vestuario: Cristina Sauza.
Diseño
de maquillaje y peluquería: Carlos Guízar.
Música
original y diseño sonoro: Eduardo Gamboa.
Teatro
Julio Prieto (antes Xola).
Eje
4 Sur 809 esquina con Nicolás San Juan, Col. Del Valle.
Funciones:
Viernes 20:30; Sábado 18:00 y 20:30 y Domingo 18:00 horas.
Tel.
56-39-98-16
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