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En el documento anterior (jotas.....jotas.....pero bien machas todas) vinculé al género
con el rechazo hacia las personas de la diversidad sexual, pero también
hablé de la misoginia que se encuentra presente entre los varones
homosexuales. La explicación que se puede otorgar en este sentido se
encuentra vinculada en el estricto sentido, a la educación patriarcal que
tod@s hemos recibido de nuestras culturas judeo/cristianas.
Queda claro que la masculinidad no se configura de una sola forma, sino
que es diversa, por tanto más que hablar del termino de forma singular,
tenemos que abordarlo de manera plural, es decir de masculinidades,
así cuando hablamos en estos términos no sólo me refiero a los varones
heterosexuales, de la misma manera, entre los hombres homosexuales
encontramos una gran diversidad de configuraciones subjetivas de la
masculinidad (Meler, 2000). Sería imposible hablar de todas ellas, por
tanto sólo haré referencia a la forma que hasta cierto punto es homogénea
de la construcción de estas masculinidades; para ello, retomaremos el
modelo sociológico que propone Kimmel y Messner, centrado en la
socialización como medio de adaptación del rol sexual según el sexo
biológico (autores citados en Valdés y Olavarria, 1997).
En nuestra sociedad existen actitudes, valores y
normas dominantes, en cuanto a la masculinidad y feminidad se refieren.
Estas tienen gran importancia en el proceso de definición y búsqueda de
la identidad sexual y de género (Hernández, 1996), pero no todas las
normas de género son explicitadas de manera clara, de forma tal que, en
muchas ocasiones, se trasmiten de manera implícita a través del lenguaje
y algunos simbolismos (Lamas, 1995). Aun cuando mucho del aprendizaje del
género es para-lingüístico, la mayoria de los hombres homosexuales
provienen de modelos familiares heterosexistas y patriarcales, donde el
imperativo de la información recibida es cumplir y cubrir las
ordenanzas-mandatos del patriarcado mas ortodoxo. Son pues, estos (varones
homosexuales) y todos los hombres también, el resultado de las enseñanzas
sociales, no es en vano que desde el momento de nacer, se comience a dar
un trato diferencial a mujeres y hombres, fomentando en estos últimos
todas aquellas conductas plausibles desde la masculinidad ortodoxa, y
reprimiendo y castigando las conductas y actitudes asociadas a la
feminidad, estableciendo así, distancia con las mujeres y homogeneizando
la conducta-pensamiento de los hombres (Valdés y Olavarria, 1997).
De esta forma como reza el dicho popular “nadie
puede negar su origen”. En países de latinoamérica, la cultura
homosexual masculina tiene algunos de sus fundamentos en el machismo,
donde existe una diferenciación a ultranza entre mujeres y hombres, donde
el hombre se define en oposición a lo femenino. Esta dicotomía también
esta presente en el mundo homosexual de varones, donde se impone una
división entre los hombres activos (machos) y los pasivos (afeminados)
(Castañeda, 1999).
Con lo anterior puedo decir que los varones
homosexuales y los heterosexuales no son tan distintos en la conformación
y ejercicio de la masculinidad y se convierten, más bien, en cómplices
del status supremo y omnipresente, mismo que ejercen desde lo socialmente
aceptado. Con todo, esto parece no estar circunscrito a los países
latinos sino que se extiende de manera mas o menos general en todo el
mundo. De acuerdo con un reporte de la Asociación Internacional de Gays y
Lesbianas (ILGA) en 1998, sobre la situación legal de la homosexualidad
en 210 países del mundo, se deriva la siguiente tabla (Sánchez, 1999):
|
SITUACIÓN
LEGAL |
LESBIANAS |
GAYS |
|
Ilegal
|
42
|
82
|
|
No
se menciona
|
98
|
49
|
|
Legal
|
51
|
60
|
*Tabla extraída de Sánchez, 1999
Para poder entender estas cifras hemos de hacer
notorias algunas diferencias, tal es el caso de que en un numero mayor de
países se encuentra prohibida (es ilegal)
la homosexualidad masculina que la femenina, esto se puede deber a dos
cosas: una, que la homosexualidad masculina es considerada una transgresión
más grave a los lineamientos de género; así mismo, también es probable
que esto suceda por la eterna negación de muchas personas sobre la
sexualidad femenina. En contraste, en los países donde es legal,
también hay un numero mayor de países que aceptan la homosexualidad en
hombres (nueve países más que en el caso de las lesbianas). Esto es una
evidencia clara de la androcracia imperante en buena parte del mundo, que
otorga prerrogativas a los varones aún cuando sean homosexuales. Resulta
impresionante la cifra donde no se
menciona la homosexualidad de las mujeres, el doble que en el caso de
los varones; esto nos habla no sólo de la invisibilidad a la que son
orilladas las mujeres, sino también a la negación de su sexualidad de la
que ya en otro momento hablamos.
Si se hace una primera lectura de todo lo que
digo, bien puede sonar a que estoy realizando un intento por justificar la
conducta machista de los varones, argumentando que es la enseñanza
patriarcal, la responsable de actos de invisibilidad, ostracismo y
discriminación. Pero bien, no es así, porque estoy seguro de que las
enseñanzas más arraigadas e incluso introyectadas desde la niñez se
pueden modificar. Este cambio se debe realizar, creo yo, por muchos
motivos, pero los principales son: para poder conformar un planeta mas
equitativo donde las personas valgan uno y nadie valga mas que uno
(Hierro, 2000); además porque como ya lo he dicho, es la hegemonía
masculina una forma de rechazo hacia la diversidad sexual, y porque no es
congruente que luchemos contra las desigualdades y mantengamos una actitud
de rechazo hacia un sector igualmente vulnerable, como lo es el caso de
las mujeres en general y de las mujeres lesbianas en particular. En este
sentido, mi propuesta esta vinculada a ser congruentes con el discurso que
se propone desde el movimiento de liberación gay y luchemos por
trasladarnos del machismo al masculinismo,
propuesta contemporánea de la reivindicación de las masculinidades.
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