
2005: Un
año sobre el cual hay que recapacitar

Por
José F. Colón
"Mi
percepción, y en nada quiero decir que esté agriado de la vida, es que
no hemos hecho lo suficiente para garantizar la felicidad de todos..."
La
cantidad de energía que tuvimos que invertir en estos últimos tres
meses del 2005 no me permitieron hacer lo que más me satisface hacer:
escribir. Sin duda alguna este ha sido uno de los años
más demoledores que recuerde en
mi historia como hijo de la post-guerra, nacido en el 1952. Los tiempos
de Vietnam fueron espantosos, pero la época
post 9/11 ha sido y es, sin duda alguna, una de las más
dolorosas, tensas y mortales desde hace mucho tiempo.
Un
tsunami del cual no nos hemos recuperado, ni siquiera aquellos que
vivimos a miles de millas del área
geográfica donde ocurrió, mucho
menos, aquellos que vivieron la pesadilla en carne propia llego como una
pesadilla estando despiertos...
Hemos
sufrido dos terremotos, diferentes: el ocurrido en la India y el
terremoto de la guerra en Irak, conflicto bélico cuyas razones, al día
de hoy, han resultado falsas y basadas en falsas premisas, teniendo como
resultado la muerte de miles de seres humanos en el proceso que mas
denigra nuestra humanidad: la guerra.
El
SIDA sigue su paso destructor, y pareciera ser que muchos ya han
olvidado, o puesto en el renglón de la negación, una epidemia que
amenaza con la desaparición paulatina y lenta de inmensas porciones de
poblaciones, a lo largo de todo el planeta. Los fondos se han otorgado
para la lucha contra el bio-terrorismo y la guerra contra el terrorismo.
Aterroriza
que sigamos con los ojos cerrados y no actuemos antes de que las estadísticas
y los números de muertos sigan aumentando dramáticamente y cuando los
abramos sea demasiado tarde...
Sobre
todas estas calamidades sumemos otros episodios de desastre natural: los
huracanes que destrozaron sin misericordia la vida de tantos seres
humanos. Es tanto lo que hay que pensar sobre como se trabajó
durante estas catástrofes, ocurridas en los sectores más
pobres del sur de los Estados Unidos. Los más
pobres y los más poblados por
miembros de la raza afroamericana...
África
sigue en desgracia. El hambre, las sequías, las enfermedades como la
malaria y la pandemia del SIDA han afectado a este continente con mucha
más fuerza que en ningún otro
rincón del planeta. No puede ser una coincidencia que lo mencionado en
el párrafo anterior ocurra en el continente que guarda las raíces de
aquellos afectados en lugares como Nueva Orleans o Biloxi, entre otros...
En
medio de todo este panorama es imperioso que recapacitemos y nos
preguntemos lo que hemos hecho para luchar contra el efecto devastador
de todos los sucesos mencionados.
Somos
una sola humanidad que necesita cohesión
y solidaridad para sobrevivir las debacles que nos afectan cada día
y cada año, con más
frecuencia y fuerza...
¿Piensa
usted que si pone su vida en este momento en el fiel de la balanza sus
acciones positivas y basadas en el amor a nuestra humanidad sean de más
peso que aquellas inconsecuentes, hechas sin sentido de comunidad, y a
la larga en menosprecio de nuestra condición
humana? Tratemos de ser sinceros...
Mi
percepción, y en nada quiero
decir que esté agriado de la vida, es que no hemos hecho lo suficiente
para garantizar la felicidad de todos...
Para
comenzar, debemos exigir el fin de una guerra absurda y establecer el
comienzo inmediato y real en la guerra contra el hambre, el SIDA, el
discrimen y la injusticia...
Luego
tenemos que abrir fronteras, compartir recursos, dejar a un lado las
diferencias ideológicas y
dedicarnos a cuidar, velar y defender a los desvalidos y afectados por
el desorden de vida que hemos acabado de vivir, desorden que rayó
en el caos...
Hay
que hacer entender a quienes dicen gobernarnos que nosotros,
los pueblos, somos quienes tenemos la soberanía
y el poder en nuestras manos, y que ellos son meros representantes,
servidores públicos que están
donde están debido a que nosotros
los hemos elegido...
Tenemos
que disentir contra todo lo que no represente el bien común
del presente y atente contra el bienestar de nuestras generaciones
futuras. Aquellos que traten de desviar las razones y el por qué
de nuestra disidencia tienen que ser desenmascarados...
Y
sobre todo, tenemos que unirnos más
que nunca en la causa justa de lograr el bienestar de nuestro planeta y
de aquellos que lo poblamos.
La
exclusión, la intolerancia, la corrupción
y la avaricia son desórdenes que
tienen que ser parados. No podemos tratar de ser felices en medio de
tanta falta de respeto a la dignidad humana.
Comenzamos
un milenio mal. Estamos a tiempo de enmendar el camino y lograr
proyectarle al futuro el que supimos derrotar aquello que nos aniquilaba
y casi significó nuestra
destrucción. Esto no es imposible.
Para comenzar hagamos un buen examen de conciencia...
Feliz
2006.
Muchas
gracias.
Nota:
El escritor trabaja como miembro de Pacientes de SIDA pro Política
sana, en san Juan, Puerto Rico. Es defensor de los derechos de las
PVVIH/SIDA, los derechos de la comunidad GLBTT y los derechos humanos
en general. Para comentarios puede escribirle a jfcl211@aol.com