EL
LEGADO DE JUAN PABLO II
“Me voy pero no
me voy, me voy, pero no me ausento, pues aunque me voy, de corazón me
quedo” Juan Pablo II en México
Por
su Católica Majestad Doña Juana La Loca
Dedicada a sus hermanos en fe Álvaro
Olvera y Pedro Jiménez
Para cuando Su Maje, haya
terminado estas líneas Karol Józef Wajtyla mejor conocido como Su
Santidad Juan Pablo II, habrá muerto en Roma. Han transcurrido 27 años
de su pontificado desde que fue electo tras la extraña muerte de Juan
Pablo I. Su Santidad había nacido en Wadowice un 18 de mayo de 1920 en
Polonia; le había tocado vivir los estragos de la II Guerra Mundial
mientras se repartía entre la actuación y el sacerdocio. Llegó al trono
de San Pedro el 16 de octubre de 1978 cuando tenía 58 años de edad,
siendo el Vicario de Cristo número 264.
Su Maje recuerda que siendo muy
chiquita salió a la azotea a recibir con un espejo el avión en que
llegaba Su Santidad; eran los tiempos de José López Portillo y en
aquellos días el Estado Mexicano no reconocía a la Iglesia Católica. El
Jolopo y familia recibieron en privado a Su Santidad y luego le dejó con
el pueblo mexicano. El primer viaje de Su Santidad a México se dio del 26
al 31 de enero de 1979, fue la antesala para restablecer las relaciones.
En su Segundo viaje a México, del 6 al 13 de mayo de 1990; Doña Juana ya
era una adolescente vestida de blanco y amarillo, salió al Eje Central
del DF para recibir al Papa, fue la última vez que Su Maje le manifestó
su admiración y adhesión a la figura de Juan Pablo II, su gordita,
entonces flaquita, lloró de emoción al ver a “su héroe” pasar en el
Papa móvil.
El Vicario de Cristo fue participe
para que en México se diera la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público,
una victoria en la que la Iglesia Católica en México perdería fieles al
seguir la línea vaticana de mucha política y poca evangelización, al año
siguiente hizo su tercera visita, esta vez solo a Yucatán; sin embargo Doña
Juana se había desencantado de Su Santidad, pues mientras hablaba del
amor a Cristo se dedicaba a crucificar verbalmente a los homosexuales
avalando con ello la homofobia imperante dentro de la Iglesia Católica y
la sociedad civil.
Juan Pablo II supo manejar los
medios de comunicación, y promovió el catolicismo a partir de sus múltiples
viajes, siendo llamado el Papa
Viajero, el Papa Peregrino;
también fue el primer papa no italiano en 456 años, el primero que pisó
una sinagoga judía y una mezquita árabe, su importancia en la caída del
comunismo en occidente es incuestionable –recordemos que el venía de
sufrir el régimen comunista en Polonia- así como su conservadurismo que
le llevó a crear la Congregación para la Doctrina de la Fe presidida por
el cardenal Ratzinger, como una Segunda Inquisición.
A Doña Juana le quedó claro que
Juan Pablo II había girado a la derecha al azotar simbólicamente y públicamente
a sacerdotes de la Teología de la Liberación y callar a teólogos,
sacerdotes y monjas que se le oponían, mandando el mensaje de que la
Curia Católica no estaba interesada en una interpretación social del
evangelio, sino en volver a la tradición y al poder de la antigua Iglesia
y para ello se valió de un movimiento llamado “renovación carismática”
que desmantelaba a una paulatina democratización y modernización de la
Iglesia a partir de educar a los fieles en el amor, la tolerancia y sobre
todo en el evangelio. Cabe aclarar que Juan Pablo II hizo oídos sordos
ante los escándalos de la mafia en el banco Ambrosiano, del asesinato de
los guardias suizos, del abuso sexual y pornografía infantil por parte de
sacerdotes católicos, además de que avaló gobiernos tiránicos como los
de Augusto Pinochet y Fidel Castro.
El 1 de noviembre de 1983 la
congregación para la Educación Católica edita en Roma la instrucción Orientaciones educativas sobre el amor humano: Pautas de educación
sexual. En el texto la Congregación afirma que “las relaciones
homosexuales son actos faltos de una dimensión esencial e
indispensable”. En 1984 esta misma congregación señalo: “La
homosexualidad impide que la persona llegue a su madurez sexual, tanto
desde el punto de vista individual como interpersonal”. Estas
declaraciones serian dolorosas para nosotros, los homosexuales creyentes
que en 1984 habíamos celebrado el II Foro de Gays Cristianos, y que
entendíamos que nuestras voces no serían tenidas en cuenta.
En 1986, Ratzinger firma en Roma
una carta dirigida a todos los obispos de la Iglesia Católica titulada El problema de la homosexualidad en
la que exhortaba a los obispos a la cura pastoral de los homosexuales y
donde diferenciaba entre “tendencia homosexual” y “actos
homosexuales”; la Congregación, califica los “actos homosexuales”
como “intrínsicamente desordenados” por lo que nunca pueden aceptarse,
mientras que la “tendencia” es un comportamiento malo desde el punto
de vista moral. Con esto no solo se condenaba la práctica de la
homosexualidad sino que se consideraba indigna la mera tendencia, aunque
no se practicara. Avalando los crímenes de homofobia.
Tras la pandemia del VIH/SIDA; Su
Santidad no solo condenó la sexualidad sino que promovió como única
medida de prevenir el contagio la abstinencia sexual e hizo la guerra al
condón provocando millones de muertes en el mundo entero, irónico en una
personaje que pedía por la cultura de la vida y que promovía la muerte
por VIH, misoginia u homofobia entre otras razones. Durante el proceso de
formación de la Comunidad Europea Juan Pablo II insistió en que se
reconociera el cristianismo como pilar del Continente, sin que ello fuese
aceptado. Además de ello criticó a los gobiernos que aceptaban el
matrimonio o la legalización de parejas homosexuales e incluso cuando el
Parlamento Europeo resolvió en 1994 a favor de la adopción de niños por
parejas del mismo sexo, este exigió a los parlamentos nacionales que lo
rechazaran porque “ha legitimado el desorden moral”.
No contento con la amonestación pública
a estos países publico en septiembre de 1997 en el Nuevo Catecismo de la
Iglesia Católica el que la homosexualidad fuese “una inclinación
objetivamente desordenada” y “un infortunio”, además de avalar la
discriminación por motivos
de inclinación sexual. Después de esto, para la cuarta y quinta visita;
Su Majestad, no solo desistía ir a recibirlo sino que evitó cualquier
posibilidad de verlo, aun cuándo Su Santidad pasó por la Regia puerta de
Su Real de Reyes. Quedaba claro que no era aquel “amigo” al que había
recibido de niño en 1979.
El mensajero del amor, como se le
llamó pidió perdón a nombre de la Iglesia Católica por los abusos del
pasado, sin embargo omitió la persecución de homosexuales por parte de
la Inquisición y la colaboración del clero católico en el exterminio de
homosexuales durante el régimen nazi. Solicitó a los obispos
estadounidenses que lucharan por la privación de los derechos civiles de
“los desviados” y recientemente logró que el presidente Bush se
pronunciara por “la santidad del matrimonio” para evitar que este
fuese legalizado para gays y lesbianas en Estados Unidos. Su última
batalla fue el mandar prohibir que los activistas pro derechos gays católicos
recibieran la comunión.
Doña Juana llora acongojada,
siente pesar por la muerte del Vicario, perdona en Cristo los errores de
Juan Pablo II y pide por su alma; pero no deja de pensar en que la Iglesia
necesitará un Santo Padre más abierto, humano, comprensivo y cristiano; si quiere que la palabra de Cristo no se pierda
en la oscuridad del consumismo y hedonismo. Su Maje que los quiere. YO LA
REYNA
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