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Espiritualidad
Hola Amig@ de Enkidu:
En esta ocasión quiero
hacer un espacio en este rincón para hablar de Juan Pablo II y de su
pontificado. Es mi visión sobre el Papa que acaba de morir.
In memoriam
1:37 de la tarde. Sábado 2
de abril de 2005. El Papa acaba de morir. Ha regresado al seno de Dios, de
donde salió hace ochenta y tantos años, luego de más de 25 años de
pontificado. Ha sido una de la figuras religiosas más sobresalientes del
siglo pasado. Un gran hombre y un creyente con una fe inquebrantable a
pesar del dolor que le tocó vivir en carne propia.
Ahora, todo el mundo está volcado en alabanzas a su
fe, a su coraje, a su incansable espíritu misionero. La iglesia está
dolida, pero aún en esta circunstancia considero importante hacer un
balance personal del papel de Juan Pablo II.
Detrás de él, queda un
mundo con un rostro diferente. Su participación en la política europea
– que contribuyó hondamente, según muchos, a la caída del muro de
Berlín y del régimen que lo sostenía – sus acérrimas críticas al
socialismo y a lo que llamaba “regímenes totalitarios”, así como sus
encuentros con los líderes de Estado lo convirtieron en un personaje político
de primer nivel. A pesar de que en repetidas ocasiones dijo que la misión
de los sacerdotes y obispos tenía que mantenerse fuera de la política,
razón por la que condenó – al menos tácitamente y a veces de forma
radical – a los sacerdotes y religiosas que seguían la llamada teología
de la liberación.
Después de décadas de
rechazo de los pontífices anteriores, este Papa se erigió como un
defensor de los Derechos Humanos. En sus giras mundiales habló contra
todas las formas de violación a la dignidad humana. Desde aquí
comprendemos su oposición radical al aborto y la excomunión con la que
amenazó a quienes abortaran o ayudaran a abortar. Sin embargo, la curia
romana a su alrededor siguió realizando juicios a teólogos y teólogas,
juicios dignos de la más refinada época de la KGB, en los que no se daba
a conocer el nombre de los acusadores, donde el proceso se realizaba en
secreto y en los que el acusado no tenía derecho a defenderse por ser
casi siempre el último en enterarse del asunto.
Juan Pablo II escribió
varias de las páginas más bellas sobre la dignidad de la mujer, su
igualdad ante el varón, la importancia de la incorporación de la mujer a
los espacios sociales y culturales. El Papa condenó toda exclusión por
cuestiones de género y declaró que la dignificación de la mujer era
parte del querer de Dios. Más se negó a considerar la ordenación
sacerdotal de las mujeres, ni siquiera dejó que la discusión del tema
siguiera en la iglesia, pues escribió que la ordenación de varones era
voluntad de Dios para la iglesia, por lo que la jerarquía jamás ordenaría
mujeres.
Bajo
el pontificado de Juan Pablo II, la iglesia y las ciencias experimentaron
una etapa de diálogo fecundo y de interdisciplinariedad jamás vistos.
Científicos y filósofos se acercaron al diálogo con los teólogos a fin
de buscar caminos de acercamiento y de respeto mutuos. En varias ocasiones
el Papa dijo que la iglesia necesitaba aprender de las ciencias y que
estas eran autónomas del control de la iglesia por designio divino. Paradójicamente,
la voz de las ciencias humanas – como la sicología, la psiquiatría y
la sexología – no fue escuchada por el Papa en lo referente a la
clonación, la reproducción humana y, sobre todo en lo referente a la
homosexualidad como variante legítima de la sexualidad humana.
Su defensa de la familia
nuclear (donde hay un padre, una madre y lo hijos) es digna de admiración.
Poca gente en nuestros días hace una apología tan animosa de una de las
instituciones básicas de la vida social. Más su defensa de ese modelo de
familia lo llevó a calificar a las uniones de parejas del mismo sexo, a
las personas divorciadas y vueltas a casar, así como a la unión libre,
como potencialmente peligrosas para la sociedad, olvidando la libertad de
la conciencia de los fieles.
Y todos sus discursos sobre
los Derechos de la Infancia ratifican nuestra admiración. Aunque la
pederastia en la iglesia fue para él un tema tabú.
En fin, Juan Pablo II ha
sido un Papa de contrastes y deja a la iglesia medio fracturada entre
quienes desean regresar al régimen de Cristiandad – donde la iglesia
manejaba los hilos de la sociedad – y los que anhelan una iglesia más
abierta, más humana, más acorde a lo que entendemos del espíritu de Jesús.
A nosotros, creyentes, sólo
nos queda orar para que el siguiente Papa se parezca más a Juan XXIII –
quien inició el Concilio Vaticano II con todas sus reformas – que a Pío
XII, el Papa que guardó silencio ante la masacre judía y homosexual a
manos nazis.
* * *
Cuídate mucho y lucha por
ser feliz.
J. Álvaro
Olvera Ibarra
Comunidad
Católica Vino Nuevo
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