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La voz de la mujer que llevo dentro
por © Alfredo Villanueva-Collado/Enkidu
Siempre me ha ocurrido que algo concreto, en este caso el deseo por un
cuerpo específico, me lleva a un salto imaginal, una "apertura"
por la que penetro en otras dimensiones de una realidad múltiple. De un
cuerpo paso a una voz o descubro/revelo que mis voces todas provienen del
cuerpo. La voz que inspira la segunda parte del poema es la de María
Callas.
-I-
A las cuatro de la mañana me hago el amor
desesperadamente
porque tus ojos porque tu torso porque tu espalda
porque te amo y te odio sin tenerte
reflejo de entrepierna y lámpara.
A las cuatro de la mañana me siento muchacha
porque tus manos porque tus brazos porque tus hombros
porque te tengo sin amarte ni odiarte
reflejo de ingle plumada.
Dónde se esconde, la que en el fondo
de los pasillos de las terrazas y de los pozos
de las ventanas
me señala tus labios de profeta muerto
para que te confunda y te busque
en aquella tetilla en aquel vientre en aquel pubis.
Y entonces
un éxtasis con sabor a trago de bar de hotel.
Con la suavidad de la piel de los muslos de un
quinceañero
el calor de la uña de una artista de cine
me paso el dorso de la mano por la boca
abro la mirada
en el gesto de la búsqueda eterna.
Pero sopla el viento,
sopla como una sinfónica en un cuarto cerrado,
como un piano rodeado de patos.
Así es como sopla.
Y comienza ese sabor
a viajar
por el cuerpo que se deja
con temor con vergüenza se deja
con paciencia con saliva se deja.
Para que se escuche ese sonido nuevo
que se esconde en las jaulas de la memoria
en los recuerdos que tallan tatuajes
de parte en parte del cuerpo que los guarda
sonidos de pasos
como una voz
voz de gesto inquisitivo y ojos de bruja
voz de boca de profeta en fuego
voz de gran señora
de princesa frígida
de melusina
voz de ángel que sabe hacer de todo
la voz de la mujer que llevo dentro.
-II-
Ahí está la voz
y ciertamente no otra voz
la voz ovoide en el reflejo
del espejo.
Por qué habla esa voz
de murmullos,
de sobresaltos, y de sombras
de cocuyos.
La voz alfarera
toma el barro
de las eras
les da forma
de manecillas.
La voz se distancia.
Regresa. Circunda.
Se abalanza.
Los servidores de la voz
saben de fatales adicciones
de sueños dolorosos como gustos
y de vinos amargos como orgasmos.
Todas las voces juntas
son una:
la voz de la mano
la voz de la vista.
Ya no quiero hacer más nada.
Que me dejen a los pies
de la voz que me deshace
y me rehace a la vez.
ALFREDO VILLANUEVA COLLADO
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