|
2005 Felipe Calderón: Mensaje al rendir protesta
como candidato presidencial.
4 de Diciembre de 2004
Amigas y amigos panistas:
Con emoción y con un profundo sentido del compromiso acepto con gusto
el alto honor y la responsabilidad de ser el candidato de Acción Nacional
a la Presidencia de la República.
Lo hago con la convicción de que es el cumplimiento del deber cívico
lo único que puede salvar a México.
Lo hago con la alegría de quien empieza su vida en buscar un México
distinto y mejor.
Lo acepto amigos y además les prometo una cosa: no sólo voy a ser el
candidato del PAN, también voy a ser Presidente de México.
Gracias a todos los militantes del PAN y gracias también, ciudadanos
libres líderes de la sociedad civil que sin ser panistas están
compartiendo aquí con nosotros anhelos y esperanzas.
Quiero agradecer también y muy especialmente a todos ustedes, amigos,
que tras largas horas de camino no alcanzaron lugar en este recinto del
Palacio de los Deportes y que están allá afuera y se mantienen firmes a
las puertas del recinto. Gracias a todos.
También a quienes desde su casa nos observan y nos escuchan a través
de la radio y la televisión. Al mismo tiempo quiero mandar desde aquí un
saludo a quien tuvo el coraje de guiarnos en la página histórica del año
2000, saludo con afecto a nuestro compañero y amigo Vicente Fox Quesada,
Presidente de México.
Amigas y amigos: hoy es un día de fiesta para todos. Hoy terminamos un
proceso interno que, como dijo Manuel, ha sido ejemplar en la vida democrática
de México, una contienda que recuperó el ánimo y la esperanza de la
gente y que puso al PAN nuevamente en la ruta de la victoria electoral.
Vamos a las elecciones con la ventaja de ser el único partido que
eligió a su candidato en un proceso electoral interno verdaderamente
competitivo, verdaderamente democrático y verdaderamente legítimo.
Miren, mientras a otros la democracia los divide y hasta los violenta,
a nosotros la democracia interna nos une y nos fortalece porque somos demócratas.
Por eso el PAN llega unido y fortalecida y por eso agradezco también la
convicción democrática, la calidad humana y el apoyo decidido de mis
compañeros y amigos precandidatos, de Santiago Creel y de Alberto Cárdenas,
aquí presentes.
También agradezco a la Comisión Electoral Interna y a su Presidente
María Elena Alvarez de Vicencio por el trabajo responsable en el proceso.
Entre las opciones electorales, entre partidos y candidatos, panistas,
somos el único partido y la única candidatura que va claramente al alza,
nuestros adversarios llevan ya varios años de campaña y sin embargo en
unas cuantas semanas ya los alcanzamos y les vamos a ganar.
Pertenezco a una nueva generación de mexicanos, a nuestra generación
le tocó presenciar la caída del Muro de Berlín, el surgimiento de la
Internet, la apertura económica del Asia Comunista.
A nosotros nos tocó ver en México el fin del autoritarismo y el
inicio de la vida democrática, en el mundo el fin de la Guerra Fría y la
Acelerada Integración Global de todo el Mundo.
Vimos la caída del socialismo real y al mismo tiempo vemos surgir
nuevos y cada vez más violentos terrorismo.
También vivimos en México el fracaso estrepitoso del estatismo y del
populismo. A nosotros nos tocó pagar el precio de la demagogia, el precio
del gobierno irresponsable y corrupto de ese ogro filantrópico que gastó
el dinero de todos y endeudó al país por varias generaciones. Por eso, a
la nuestra le llamaron la generación de la crisis: siempre una crisis en
puerta, siempre una devaluación que lo echaba todo a perder; siempre los
precios hacia arriba; siempre el desempleo; siempre la desesperanza.
Pagamos el precio de los demagogos y los corruptos que no son otros,
son los mismos con los que ahora competimos porque no es casualidad,
amigas y amigos, que en esos gobiernos priístas, demagogos y corruptos
trabajaban muy contentos tanto Roberto Madrazo como Andrés Manuel López
Obrador.
Golpeados, jóvenes de mi generación, por la irresponsabilidad del
gobierno; indignados por el saqueo de la riqueza nacional que se la
llevaban a los penthouse de Miami, nuestra generación tuvo que abrirse
paso sin democracia y sin crecimiento económico.
Las dos últimas décadas, México tuvo que reinventarse; reinventarse
en economía, en la sociedad, en la cultura y en la política. La mitad de
nuestra vida hemos participado en esta reinvención de México. Pasé mi
juventud al lado de ustedes, en la trinchera de la política hecha con
principios, en la lucha pacífica por el establecimiento de la democracia
en México y en la búsqueda de una vida mejor y más digna para todos los
mexicanos.
Me tocó ver el fin del reparto agrario, la autonomía del Banco de México,
el reconocimiento de la libertad religiosa; participar en la creación del
IFE ciudadano y, por supuesto, en la caída de la mayoría hegemónica del
PRI. En el año 2000, luchamos juntos por sacar al PRI de Los Pinos, y lo
logramos y desde aquí le digo al PRI que nunca regresará.
En síntesis, amigos, les digo amigos que a mucho orgullo yo soy de la
generación que derrotó al PRI de ayer y que va a derrotar al PRD de hoy.
La elección del 2006 va a ser distinta a la del 2000. La elección del
2000 fue una elección de transición y de alternancia; hoy la del 2006 va
a ser una elección que defina el rumbo del país, y la disyuntiva que se
abre a México nos obliga a decidir, a todos los mexicanos, entre dos
opciones: entre el pasado y el futuro. El pasado, por supuesto, es el PRI,
un pasado de corrupción, de complicidad, que le ha hecho daño a México
y que no debe volver.
Pero el pasado, amigos, el pasado también es el PRD. Una visión
equivocada de un mundo que ya no existe; una visión equivocada de una
economía cerrada, donde la competencia de otros países, según ellos, es
irrelevante o aun inexistente, y donde se pensaba que el dinero del
gobierno alcanzaba para todo.
Estas visiones del pasado llevaron a México al fracaso. La
irresponsabilidad de quienes condujeron el destino del país dejó a
varias generaciones de mexicanos sin trabajo, sin oportunidades y sin
esperanzas.
En México, amigas y amigos, a veces en México parece que el pasado
siempre es más fuerte que el futuro. ¿Y saben qué? Hoy el reto es hacer
que el futuro sea más fuerte que el pasado. ¿Por qué? Porque el pasado,
el pasado no puede cambiarse, pero el futuro sí; el futuro sí puede
construirse porque estamos hechos de libertad y de dignidad.
México, amigas y amigos, tiene una rica historia de la cual me siento
orgulloso como ustedes, pero esta historia reciente que nos hicieron vivir,
habremos de sacudirla, porque es una historia que no debe repetirse, la
del autoritarismo y la corrupción y la demagogia; porque yo los llamo a
vivir hacia adelante, porque hay que vivir y tener proyectos que nos
permitan ganar una vida mejor para cada mexicano.
Es hora, amigas y amigos, que esta larga transición democrática y
económica de México llegue a su fin. En esta hora de definiciones es el
momento de que una nueva generación de mexicanos tome la conducción del
país. A estas generaciones de mexicanos, a las de este siglo, las convoco
a no anclarse en el pasado y a decidirnos todos a construir, de manera
resuelta, un mejor futuro para México, y lo vamos a conseguir.
Manuel Gómez Morín, ese gran mexicano, convocó en su tiempo a los jóvenes
de los 20 a participar en la reconstrucción de México, una vez que
concluyó la Revolución Mexicana. La generación de jóvenes de Gómez
Morín, fue la generación del gran viraje revolucionario. La generación
de nosotros, los mexicanos de hoy, tiene que ser la generación del gran
viraje democrático en la vida de México, porque el gran reto de hoy,
amigos, el reto de nuestra generación, es hacer que la democracia sea una
historia de éxito; es hacer de México un país ganador en la democracia.
Y digo que es un reto histórico, porque México nunca había vivido
una etapa democrática estable, como la que logramos en el año 2000, pues
es hora de vivirla plenamente y de vivirla sin retrocesos.
Yo quiero, panistas, yo sueño, yo lucho por un México liberado de sus
complejos y de sus mitos. Un México en que en lugar de enterrar nuestros
talentos y quejarnos amargamente de nuestras carencias, aprovecha al máximo
todos y cada uno de sus recursos y los pone a producir, y le entrega a las
nuevas generaciones una riqueza multiplicada y mejor distribuida.
Mientras otros se niegan a ver que el mundo cambia, que nos compite y
que nos gana, yo quiero ver a un México que se levanta y que no se agacha;
un México que también cambia, un México que no sólo compite, sino que
le gana a ese mundo. Nosotros, amigos, nosotros no le tenemos miedo al
mundo; vamos a competir con él y le vamos a ganar.
Yo por eso convoco a todos, a una nueva generación de mexicanos en
especial, convoco a los jóvenes aquí presentes que estarán en la
primera línea de batalla. Los convoco a todos a tomar el control del
poder público, en todas sus instancias, y a ponerlo, a refrendarlo, a
garantizarlo al servicio de la ciudadanía.
Convoco a todos los mexicanos a sacudirnos el miedo a ser mejores, a
dejar atrás nuestros prejuicios, a dejar atrás nuestros miedos que nos
han atado a la mediocridad y a la insuficiencia. En la búsqueda de ese México
distinto vamos a tener una alianza inquebrantable.
Nuestra alianza, amigos, no será a partir de la contabilidad mezquina
de intereses, sino a partir de la preocupación genuina por los principios
y valores que defendemos; por el valor de la honestidad, por el valor de
la persona humana, por la libertad, por la familia, por la democracia, por
la justicia, por el respeto a la ley.
La nuestra será una alianza en defensa de los valores y no una
complicidad con mercenarios de la política. La nuestra será una gran
alianza con los ciudadanos y con nadie más, y a los ciudadanos les digo
que seguiré basando mi campaña en la fuerza de esos valores y en la
fuerza de las ideas.
Por eso he propuesto, de cara a la Nación, cinco grandes retos
fundamentales para México:
El primero de esos retos es hacer de México un país de leyes. Sin un
estado de derecho, no va a ser posible, sin ley, tener paz, tener
seguridad o tener crecimiento. Sin ley que se cumpla, amigos, no habrá
futuro para México.
Por eso seré un Presidente que le dé certidumbre a los ciudadanos,
que le dé certeza al ama de casa de que sus hijos volverán con bien al
hogar. Que le dé certeza a la secretaria y a los empleados en los
microbuses, que van a tener seguridad, que le dé certeza a quien vive aquí
e invierte y crea empleos en México, que le dé certeza en la ley a todos
los mexicanos.
El segundo reto, amigas y amigos, es construir una economía
competitiva, capaz de darle a los mexicanos un trabajo digno, bien
remunerado, estable, que le permita tomar el control de su destino.
El reto es tener una economía que aproveche nuestros recursos y los
ponga al servicio del hombre. El mundo ha cambiado, el mundo ha cambiado
además drásticamente, y yo veo con preocupación que nuestros muchachos
terminan con mucho esfuerzo la escuela y no encuentran trabajo.
Mientras eso ocurre, quienes representan el pasado siguen proponiendo
un México encerrado en sus ineficiencias y mientras ellos insisten en que
México entierre la cabeza en la arena, los muchachos se quedan sin
trabajo y sus trabajos se van a otros países y a otros continentes.
Esclavos de sus prejuicios y de sus mitos, esos políticos del pasado
cancelaron la vida digna para la mayoría de los mexicanos; por eso no es
casualidad, amigos, que la ciudad de México, que gobernó recientemente
uno de mis contrincantes, bajo su gobierno se convirtió en la entidad
federativa con la mayor tasa de desempleo en México y la tasa más alta
de delincuencia en toda América Latina.
La falta de oportunidades productivas colocó una dolorosa migración
de millones de mexicanos a Estados Unidos. Hoy debemos dejar atrás ese
pasado doloroso de miseria y de injusticia y si las generaciones del
pasado, por ejemplo, vieron a la inversión como amenaza, yo los llamo a
que veamos a la inversión como la oportunidad que tenemos para tener los
empleos que necesitamos, que en lugar de que nuestra gente se siga yendo,
arriesgando la vida, a buscar trabajo donde está el capital, mejor que
venga acá la inversión, que venga la inversión aquí, donde está
nuestra mano de obra y que no se sigan dividiendo las familias, que no se
sigan dividiendo los pueblos de Michoacán, de Jalisco o de Zacatecas o de
Guanajuato o de todo México.
El tercer reto, amigas y amigos, es garantizar la igualdad de
oportunidades, que no sea la miseria o el lugar donde se nace lo que
marque para siempre la vida de los niños mexicanos, supone que los niños
tojolabales no tomen clase al aire libre sino en escuelas dignas.
Exige que las familias de La Huasteca no tengan que recorrer cientos de
kilómetros de carreteras, a veces intransitables, antes de encontrar un
lugar para atender a un enfermo grave.
Supone el derecho a un arranque parejo en la vida sin distingos de
clase, de región o de ingreso económico.
En ese México ganador que propongo, en ese México del futuro, el
gobierno centra su esfuerzo en la igualdad de oportunidades. El gobierno
centra su esfuerzo en incluir a los más pobres, a los desposeídos. Un México
que es igual para seres humanos igualmente dignas.
Un México que iguala y protege a los ancianos, a las mujeres, a los
discapacitados, a estos grandes mexicanos con capacidades especiales.
Igual a la oportunidad de vida a los niños sin padres, a los
campesinos sin tierra, a los estudiantes sin trabajo, a las madres
solteras, a los ancianos solitarios.
Por eso quiero ser Presidente de México. Por eso voy a ser Presidente
de México.
Voy a ser Presidente de México porque quiero ser el Presidente para
ese México agraviado, para ese México marginado, el México de la
miseria y del olvido, para ese México del sur que no es un sur geográfico,
sino sociológico en esta nuestra Patria tan desigual.
La miseria amigos, la miseria también está en la raíz del deterioro
de la naturaleza y por ello quiero asumir también el reto del desarrollo
sustentable del crecimiento en armonía con la preservación del medio
ambiente, porque quiero que nuestros hijos, los de ustedes y los míos,
respiren aire limpio, que algún día pueda ve que el Río Tula no es un río
muerto, que puedan ver los lagos donde surgieron nuestras culturas, que se
conserven para ellos nuestras selvas y nuestros bosques, que no se acaben
por la irresponsabilidad de los seres humanos.
Quiero además, amigos, un México donde tengamos como reto pasar del
sufragio efectivo a la democracia efectiva, a una democracia que le rinda
cuentas a los ciudadanos, que signifique para todos cambios en su calidad
de vida.
Una democracia que no sea meramente representativa, sino que sea
verdaderamente participativa.
Una política interior responsable y una política exterior responsable
y activa que se ocupe de quienes están trabajando lejos de su casa, lejos
de su tierra y lejos de su familia.
Una diplomacia que fortalezca el liderazgo de México y cumpla nuestro
compromiso con los valores universales del hombre.
Amigas y amigos:
He dicho y lo repito, el México del pasado es el México que falla los
penaltis a la hora de la hora, el México ganador, el México del futuro,
el México que viene es, en cambio, el de la Sub 17, el de esos muchachos
que no se arrugan ante nadie y que son Campeones del Mundo.
Yo también, amigas y amigos, quiero un México que no se arrugue ante
nadie.
Yo también quiero un México Campeón del Mundo. Ese es el México
ganador.
Vamos a dejar atrás, dejemos atrás y para siempre la caricatura que
se ha hecho de nosotros, el México que viene, amigas y amigos, el México
por el que luchamos no va a estar tirado en el piso, no va a estar con la
cabeza agachada y cubierta por el sombrero, va a estar puesto de pie y va
a estar mirando de frente al mundo seguro de sí mismo. Va a ser un México
ganador, amigas y amigos.
Un México ganador y lo vamos a lograr, lo vamos a lograr por nuestros
hijos y por los hijos de todos los mexicanos. Por ese México que viene,
por ese México ganador, vamos juntos todos los ciudadanos, es nuestra
hora, la victoria es nuestra. Vamos por ella, vamos juntos hasta la
victoria.
Muchas gracias.
|