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Convenios y contratos entre amos y esclavos
©
Carlos Ceballos/Enkidu
En
las sociedades occidentales de tradición judeo
cristiana se instaura, en la edad media, la institución del matrimonio,
una forma de garantizar el parentesco y con ello la herencia a varios
niveles, manteniendo la estabilidad de un sistema patriarcal controlado
por los hombres; falocrático, estableciendo un poder sobre el sexo
femenino considerado inferior; heterosexualizado, delimitando las
funciones de cada uno dependiendo de su género. Por supuesto que en los círculos
del poder, históricamente, encontramos concesiones y situaciones que
permitieran consolidar ese poder.
Más
recientemente, el aparato del estado, impulsó el matrimonio civil
celebrado entre dos contrayentes, por supuesto un hombre y una mujer; ante
un juez civil se remarcan los derechos y responsabilidades de cada uno de
los involucrados y que emanan de ese acto, del cual paulatinamente se ha
ido eliminando la lectura de la Epístola de Melchor Ocampo, documento
lleno de misoginia y mensajes de sumisión para la mujer. Padrinos,
testigos e invitados firman un montón de hojas luego de que los novios se
prometen fidelidad, amor y compañía eterna en las buenas y en las malas,
compartir sus “cositas”, velar por los frutos de la unión, constante
felicidad, etc. etc.
En
todo el mundo se firman millones de convenios y contratos, lo mismo con la
tradicional pluma fuente, que por modernos medios electrónicos para poder
tener sexo legalmente, hacer un negocio, comprar un auto o casa,
contratarse laboralmente, casarte con tu pareja del mismo sexo como ya
ocurre en algunos lugares, endeudarse con un banco, hacer fraudes, o
mandar a un país a la guerra.
Dentro
del mundo leather existen convenios y contratos muy particulares entre
Amos y esclavos, no en todos, que quede claro, solo entre los que desean
hacerlo.
Precisemos:
según el diccionario un convenio es un ajuste o concierto entre dos o más
personas, una conformidad o conveniencia para realizar algo, llegar a un
mismo parecer. Por su parte un contrato es un acuerdo entre varias
personas sobre una declaración de voluntad común destinada a reglamentar
sus derechos. Ambos pueden estar o no materializados en un documento, que
por lo general se firma por las partes, incluyendo testigos, avales o
notarios públicos. En otras palabras un convenio puede poner de acuerdo a
los interesados, mientras que un contrato quedan obligados a cumplir los
acuerdos.
Así
pues puede haber o no diferencias en su significado entre todos nosotros,
tanto como las confusiones en considerar que comunicar es igual a informar,
o que es lo mismo la publicidad que la propaganda.
Pues
bien, no falto quien trato de hacer un contrato universal específico para
Amos y esclavos, con normas, condiciones o penalizaciones. Trabajo arduo
pero inútil en muchos aspectos, sobre todo para su aplicación, la
sociedad es dinámica, el contexto en que nos desarrollamos, cada cual, no
permite limitarnos a aplicar las necesidades, tiempos, gustos, recursos
materiales o castigos que otras personas puedan realizar; sirve como
referente pero no como modelo a seguir, salvo que se pertenezca a una
agrupación muy homogénea y cerrada; son muchas las razones que nos hacen
diferentes a pesar de compartir la misma filia por el cuero.
He
tenido oportunidad de leer unas 20 versiones de este tipo de contratos, la
mayoría son muy parecidos, en todos se encuentran particularidades
respecto a actividades, limitaciones o castigos para un sumiso; también
es fácil encontrar especificidades para los Dominantes.
Por
ejemplo: se exige la total lealtad del esclavo hacia su Amo, el esclavo no
podrá por ningún motivo interrelacionarse con otro Amo o esclavo sin el
consentimiento de su Amo, aunque este si puede hacerlo sin tener que
informarle. En casos más extremos se exige que fuera del ámbito leather,
tampoco se pueda convivir con “civiles”, sean del sexo masculino o
femenino, para ello se requiere el permiso de su señor. En otros
apartados se puede encontrar que el esclavo espere totalmente desnudo, ya
sea con las piernas abiertas y la mirada baja, al Amo; en otros que se
coloque un atuendo en particular y aguarde de rodillas o en pie, inclusive
con un chupón en la boca o uno de tipo anal muy bien colocado; o que
porte, el esclavo, el collar y correa que el Amo le impuso, con o sin las
botas puestas. En caso de no hacerlo puede recibir una fuerte reprimenda,
unos fustazos, humillación verbal o la suspensión de la sesión.
Vayamos
más profundo.
No
son pocas las veces que además de la total lealtad, el esclavo depende al
100 % de su Amo, el cual se encarga de proveerlo de sus necesidades,
pudiendo ser de tipo educativo, alimenticio, laboral, habitacional, etc.
En otros casos, la gran mayoría, existe total independencia al respecto,
cada cual aporta lo suyo, pudiendo haber detalles o presentes de acuerdo
al tipo de relación que hayan acordado.
No
faltan los que además de llevar las actividades sexo afectivas, tienen
que realizar labores de otro tipo para su señor como: encargarse de las
compras y hacer la comida, ocuparse de la tintorería, atender el buen
funcionamiento del auto, limpiar la casa, etc.
De
aquí pasamos a algo más extremo
que se ha prestado a todo tipo de abusos, el caso del Amo o Master que
depende al 100 % del esclavo. ¿Como
es esto? Si, tienes que entregarle tu vida al Amo, tu salario, tus
bienes para que los administre, no tienes derecho a pensar y dependes
completamente de sus decisiones, considerando que esto, como todo lo demás,
esta aceptado concientemente, consensuado por ambas partes, quienes hasta
firman un contrato, con padrinos y testigos, avalando el hecho. Esto y mas
es real, sucede y he sido testigo de algunos casos, como el caso de un
Master de San Francisco que vino a México a recoger a su esclavo, un
hombre de unos 50 anos dispuesto a irse a convivir y servir al Amo.
Como
comente, esto se ha prestado a abusos y fraudes, no falta el aprovechado
que ante la soledad o ansiedad de un sumiso lo obligue, pretextando que
los leathers somos así. MENTIRA, el leather es un caballero no un
delincuente.
Actualmente
en los chats podemos encontrar en “salas leather” a pseudomasters,
ocultos en el anonimato, buscando esclavos totalmente entregados. No falta
el que solicita “… olvídate de tu vida, me perteneces, master joven y
guapo busca sumiso totalmente entregado, trabajaras para mi, lavaras mi
ropa, limpiaras mi casa, te castigare al extremo, olvídate de tu familia
y amigos, solo serás para mi y quien yo indique, yo manejare tus recursos,
si algo no me gusta de tu físico podré modificarlo…”
No
falta el inocente que vende o pone sus propiedades a favor de su “señor”,
el cual luego desaparece con el botín, no hay que descartar a quienes
tienen tendencias suicidas o deseos de ser asesinados, de todo hay aunque
no son comunes estos casos, no olvidemos que del otro lado puede haber un
psicópata.
En
los casi 20 anos que llevo dentro de las practicas fetichistas o sado
masoquistas nunca he firmado un contrato, ni cuando lleve el rol sumiso,
mis Maestros nunca me lo solicitaron, por sus actividades y tiempos nos veíamos
en fines de semana para compartir y experimentar, uno de ellos fue quien
me regalo mi primer arnés y unas chaparreras de cuero negro, me pedía
que con ellos me vistiera cuando nos encontrábamos, como parte de nuestro
convenio verbal la puntualidad era imprescindible, debía responder si o
no Señor según el caso de manera fuerte y sin titubeos, también me exigía
que no usara botas en la sesión, la palabra clave para terminar la escena
era “PARE” cuando ya no resistía una actividad. El era quien me
llamaba para concertar una cita, nunca yo, a pesar de tener su número
telefónico, siempre me invitaba a comer antes de la escena y nunca nos
dimos un beso, al terminar me abrazaba y acariciaba diciéndome palabras
de aliento con su voz grave y educada, es todo un caballero. El marco que
nos envolvía era de RESPETO, SEGURIDAD Y CONFIANZA, con una máxima que
me inculco. JAMAS PRETENDER ACCEDER AL CUERPO DE OTRO SI NO CONTABA CON SU
AUTORIZACION PARA ELLO…
Con
mis alumnos y esclavos he actuado de manera semejante, por cuestiones de
tiempo/espacio hemos mantenido convenios verbales para interactuar, aunque
doy la oportunidad de un poco de iniciativa de su parte, gusto que
respondan a mis indicaciones con un ¡Si, o no Señor!, la palabra clave
para terminar una sesión es “CERO”.
Así
pues firmar un contrato o hacer un convenio verbal dependerá de nuestras
necesidades, siempre asumiendo que se realiza con total libertad y
conciencia de lo que significa, sin presiones, finalmente es un acuerdo
entre caballeros.
Consideremos
que no basta con ofrecerse, un esclavo sin dignidad y orgullo de lo que es
se vuelve en un triste objeto o mascota de uso desechable, ser un buen
esclavo es motivo de gran orgullo para ellos y sus Amos, lo que muchos
Masters desconocen u olvidan, al buscar satisfacer sus personales orgasmos,
es que al final de la escena o sesión de acción el esclavo necesita
recuperar su integridad, ya sea con un breve abrazo, unas palabras de
aprobación, un vaso de agua o un pequeño regalo, por muy recios que
seamos lo cortes no quita lo valiente.
Carlos
Ceballos, Chiquileather.
Cd.
de México, enero de 2006.
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