| ¿Etiquetas ó cadenas?
©
Oscar Eduardo Ortega/Enkidu
Me es necesario en esta ocasión
abordar este tema con una pregunta sencillo/complicada: ¿Cuándo estamos
inmersos en una relación de pareja somos dos personas separadas o somos
dos formando una sola?

Foto: © J.C.Cuellar/Enkidu
Para
muchos la respuesta puede estar en torno a la segunda opción (somos dos
formando una sola), para otros puede ser más factible la primera (somos
dos personas separadas). La respuesta que más les cuadre probablemente
moldee su forma al etiquetar a las relaciones afectivas que ustedes
establecen. Adjetivos y nombres pueden ser muchos los que podemos dar a
nuestras relaciones idílicas, pero en la actualidad dentro de la pseudo-comunidad
de homosexuales varones son cuatro los epítetos más comunes hoy en día:
novio, amante, marido y pareja.
Como
es ya mi costumbre revisaremos primero las acepciones de estas palabras:
·
Novio: Persona que mantiene relaciones amorosas (idílicas),
con la intención generalmente de contraer matrimonio.
·
Amante: De manera común, se refiere a la persona con
quien se mantienen relaciones “ilícitas”.
·
Marido: Hombre casado con respecto a su mujer (esposo).
·
Pareja: Conjunto de dos personas o cosas que se
complementan, son semejantes o tienen alguna relación entre sí.
En
psicología la mayoría de las autores llaman PAREJA a la persona
objeto de nuestro afecto. Es precisamente de esta manera que me referiré
a la relación afectiva de dos personas a lo largo de estas líneas.
Muchos
de nosotros seguro nos hemos preguntado en alguna ocasión el porqué las
relaciones de pareja entre personas del mismo sexo/género, son tan efímeras
(mucho más efímeras en el caso de los hombres que entre las mujeres).
Explicaciones muchas pueden ser esgrimidas aquí, pero esta vez me basaré
solo en los aspectos socioculturales,
que por supuesto están relacionados con nuestra educación y los
introyectos implantados desde la infancia.
Resulta
claro que en nuestras vidas mucho de lo que aprendemos lo retomamos de
nuestros modelos mas próximos (aprendizaje por modelamiento). Para
relacionarnos con otras personas en el plano sentimental, todos tenemos
como referencia a la pareja
heterosexual, donde valores tales como el amor eterno, la fidelidad,
la monogamia, etcétera, son de importancia crucial, al grado de eslabonar
de forma cuasi perfecta las
relaciones de enamoramiento entre hombres y entre mujeres.
Es
precisamente este modelo él que nosotros como gays hemos adoptado y adaptado para nuestra convivencia afectiva con
otros de nuestro mismo sexo/género. Es por este motivo que se emplean los
adjetivos, de los que hablé anteriormente, esto en un afán de dar forma
y estabilidad a nuestras relaciones de pareja. Pero a diferencia de las
parejas heterosexuales, en el mundo de la Diversidad Sexual, no existen
una serie de mecanismos sociales, religiosos, educativos, legales,
culturales e históricos, que refuercen esta estructura de convivencia.
Dicho
de otro modo, la mayoría de nosotros cuando establecemos una relación
afectiva con otra persona, tenemos el ideal de que este sea un amor para
toda la vida. Entre los heterosexuales, existe toda una maquinaria que
permite que esto, de alguna manera, pueda convertirse en una realidad,
estableciéndose así entre ello@s un imaginario
colectivo, en el que el fin último es el matrimonio, sea este civil o
eclesiástico, o cualquier otra forma de unión que es avalada legalmente
por el Estado (unión libre, concubinato), pero en contraposición, en las
parejas de homosexuales (hombres y mujeres), estos engranes de fortaleza
para las relaciones de pareja no existen, puesto que aun cuando
compartimos la misma idea del amor eterno, no hay, al menos en los países
de Latinoamérica y en la mayor parte de los países del Mundo, una figura
legal que ampare estas uniones. Es por ello que desde el lenguaje
intentamos cimentar las relaciones de pareja homosexuales, empleando epítetos
tales como noviazgo, pareja, y más frecuentemente marido o esposo.
Pero
como sabemos, esto no ha servido de mucho, puesto que las relaciones de
pareja entre personas del mismo sexo/género, continúan siendo bastante
efímeras, al grado de que es común escuchar, a modo de queja, que la
Cultura Gay es extremadamente
promiscua. Argumentos extras pueden ser dichos desde el punto de vista del
género, donde los hombres hemos sido educados hacia los impulsos sexuales
más libres y las mujeres hacia la exacerbación de lo emocional. Es por
esto que algunas estadísticas mencionan que las parejas con mayor
actividad sexual son las de homosexuales varones, en orden descendente las
heterosexuales y al final, con un nivel menor de actividad sexual, las
parejas lésbicas. Lo anterior puede argumentar también el porqué las
parejas de homosexuales mujeres son más perdurables y estables, a
diferencia de las parejas conformadas por un par de hombres.
Ya para finalizar, sólo
me gustaría dejarles una cuestión, sobre la cual me parece importante
reflexionar. Como lo mencione líneas arriba, las personas de la
Diversidad Sexual seguimos patrones de conducta similares a los de l@s
heterosexuales, siendo esto clara evidencia de que en nuestra subcultura
de Diversidad Sexual no existen reglas, estereotipos, ni modelos claros
sobre cómo debemos convivir en el aspecto afectivo y de pareja. La cuestión
es si esto es así, porqué no buscamos maneras diversas
de convivencia social, afectiva, amorosa, de amistad y de pareja,
distintas a la heterosexual, intentando hacer mejoras que nos garanticen
una vida mucho más plena y libre, sin la búsqueda de ataduras eternas y
sí de vivencias placenteras finitas y gratas de recordar.
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