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¿El
recuento de los años ...o de los daños?
©
Oscar Eduardo Ortega/Enkidu
Aun hoy
algun@s continúan enfrascados en la discusión de fatualidades tales como
el color del ajuar para la Manifestación del Orgullo Lesbico Gay Bisexual
Travesti Transexual Transgenero (LGBTTT...), que se lleva a cabo año con
año en ciudades importantes del mundo. Mientras esto sucede, en nuestras
sociedades, continua imperando la homofobia de instituciones publicas y
privadas, despidos por causa de la orientación sexual diversa de l@s
trabaj@s, los suicidios derivados de la homofobia internalizada, la
violencia física y psicológica hacia l@s homosexuales al interior de sus
familias, en el mundo continúan existiendo 84 países donde la
homosexualidad masculina es ilegal y 42 países donde las lesbianas son
perseguidas con la ley en la mano, un mundo donde los crímenes de odio
por homofobia son tolerados por la sociedad y quedan impunes ante la
justicia del Estado, tan solo en México se estima que existen 8
ejecuciones de odio por homofobia cada mes.
En los Estados Unidos de Norte
América, cuna del Movimiento de Liberación Gay, con 37 años de lucha (Nueva
York 1969), hoy día tiene un presidente abiertamente homófobo, el cual
pretende impulsar en el Congreso de ese país una Enmienda que prohiba los
matrimonios entre personas homosexuales (el Estado de California es el único
que reconoce legalmente estas uniones). México por su parte con 29 años
de trayectoria en el activismo a favor de los derechos de la Diversidad
Sexual, ha logrado solo algunas modificaciones en códigos penales, tiene
una iniciativa de ley (Sociedades de Convivencia) congelada en la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal (ALDF), y su Ley Federal del Trabajo
continua solapando despidos por “actos inmorales” (Capitulo IV,
Articulo 47, Fracción VIII, de la citada ley). Y después de tantos años,
y en el inicio del siglo XXI, la Iglesia Católica del Rito Romano, con
Benedicto XVI como nuevo pontífice, y heredero indiscutible de las ideas
arcaicas de su antecesor y próximo beato Juan Pablo II; esta sagrada
institución continúan intentando “curar” homosexuales, y prohibiendo
que formen parte de la jerarquía eclesiástica (sacerdotes y monjas).
Y mientras todos estos frentes
de batallas existen, en la mayoría de los países, el único acto publico
de las “comunidades” de la Diversidad Sexual, continúa siendo la
Manifestación del Orgullo LGBTTT... anual del mes de Junio, que en los últimos
años, se ha convertido en una extensión del carnaval que precede a la
cuaresma. Con todo lo anterior, mientras las trincheras se encuentran
desoladas por falta de auténticos activistas, y derivado de ello continúan
cayendo cabezas una tras de otra, las mayorías se enarbolan como
hereder@s circunstanciales, con pleno orgullo del ejercicio de la libertad
aparente y condicionada, que las minorías del frente de batalla han
logrado, sin que las mencionadas mayorías aporten nada a favor de los
derechos y libertades que debieran gozar como ciudadon@s.
Será pues que Michel Foucault,
tenia razón al incluir en el debate la distinción entre el ser homosexual y ser gay,
donde como lo apunta Xabier Lizarraga (2003), la homosexualidad se remite
de manera cuasi exclusiva al
gusto por las relaciones sexo-afectivas, con personas del mismo sexo-género,
y lo gay implica el trabajo de construir constantemente, a partir de la
preferencia homosexual, una cultura, una forma de mirar, una perspectiva,
un discurso plural de la diferencia. Es seguramente importante
preguntarnos que es lo que en realidad somos ¿homosexuales o gay?, puesto
que aun cuando se emplean de manera sinónima, son parecidos pero no
iguales, los primeros son y existen por causas desconocidas aun, los
segundos intentan revolucionar, construir y reconstruir su mundo interior,
pero también el mundo que les circunda.
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