Por Helena
Cobban
A
pesar de la muerte de Zarqawi, la impresionante
apuesta de Bush en
Irak ha fallado.
Como resultado, Estados Unidos es más débil en todo el mundo --y esto no
es tan malo.
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AFP
Buenas
noticias desde Irak esta semana hacen muy poco para supear lo
malo.
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La
Administración Bush apenas ha recibido dos piezas de noticias de
bienvenida desde Irak. Primero supo que un ataque en avión de Estados
Unidos había matado a Abu Musab al-Zarqawi, el
líder que había estado siendo cazado desde hce mucho de al-Qaida en
Irak, y luego el Primer Ministro de Irak, Nuri al-Maliki, fue finalmente
capaz de nombrar tres oficiales para puestos de seguridad en su
gobierno. A los nuevos ministros se les tomó el juramento a las pocas
horas.
Sin
embargo, las tendencias de largo plazo dentro de Irak se mantienen
desalentadoras para la administración. El asesinato de Zarqaqi puede
hacer mella, pero de verdad que no promete un fin rápido a la
insurgencia entre los árabes sunitas en el occidente y el centro de
Irak. Y aunque fue bueno para Maliki poder --casi seis meses luego de
las elecciones parlamentarias de diciembre pasado-- completar su
gobierno, con todo, incluso estos ministros nuevos no encontrarían más
fácil que sus colegas implementar políticas en las que podrían estar
de acuerdo desde sus oficinas en la fuertemente fortificada Green Zone [Zona
Verde] de Bagdad.
Tres
años después del inicio del proyecto de Estados Unidos para
reconstruir un gobierno que trabajase en Irak, este proyecto se mantiene
atascado en la corrupción, los enfrentamientos entre las facciones y el
caos administrativo. A pesar de la apariencia de algunos de los acuerdos
políticos intra-iraquís, varias decisiones políticas cruciales --
incluyendo aquellas relacionadas con las fuerzas estadounidenses dentro
del país-- quedan por ser abordadas. Y lo que es más inquietante de
todo para el Embajador de Estados Unidos Zalmay Khalilzad y sus
contrapartes militares: Los eventos de los últimos seis meses han
mostrado que ellos son capaces de afectar los desarrollos importantes en
Irak sólo de manera leve, en los márgenes.
Podemos
ver ahora, de hecho, que ninguno de los escenarios optimistas que el
Presidente Bush y sus consejeros han tenido para Irak en los últimos 39
meses pueden ser realizados dentro de algún tipo de márgen de tiempo
viable polícamente. La Casa Blanca intentará es casi seguro, reducir
el número de tropas estadounidenses por debajo de los 100,000 antes de
mediados de noviembre, pero la atormentada situación de seguridad
dentro de Irak carece de perspectivas para mejorar. (Y también hay
muchos escenarios en donde los desarrollos de Irak podrían prolongarse
sin control rápidamente).
Los
pregoneros conservadores y liberales como Thomas Friedman y George
Packer claman que es demasiado pronto para calificar la aventura de Bush
en Irak como un fracaso. Considerando la perspectiva de largo plazo,
ellos argumentan que sólo la historia puede juzgar si Irak, y la región,
resultará beneficiada al final del retiro forzado de Saddam Hussein. Yo
no estoy de acuerdo. Ya hemos pasado tres años de dicha "historia",
y lo que ha traído ha sido un deterioro constante en las condiciones de
vida de los ciudadanos de Irak en áreas tales como: la provisión de
los servicios más básicos como la seguridad pública, la energía eléctrica
y el agua potable segura; el aumento de las tasas de bajas provocadas
por la violencia política y el crimen sin investigar; la huída de
nuevas olas masivas de iraquís desde sus hogares en vecindarios
inseguros; la proliferación de milicias partisanas; y las raíces
profundas de la corrupción institucional.
Y
actualmente no hay un prospecto de que este deterioro pueda incluso ser
más lento, sin contar revertido. El truco politico más reciente que la
Administración Bush tenía bajo la manga fue contener la elección
parlamentaria de Irak en diciembre pasado. Esa elección fue exitosa en
gran parte en el nivel de procedimiento, pero falló completamente en
cuanto a su promesa de pasar a una era de armonía política y
competencia de gobierno. De hecho, el empeoramiento de la situación se
ha acelerado con rapidez desde diciembre.
Esperar
a que más de esta "historia" sea desvelada, mientras
esperamos que un "veredicto final" teóricamente diferente sobre
el proyecto de Bush sobre Irak, sólo daría una fuerza nueva al
aforismo famoso de John Maynard Keynes de que "en el largo
plazo todos estamos muertos" ["in the long run
we are all dead"].
(Aunque dado el número de asesinatos que ocurren en estos momentos
dentro de Irak, para los iraquís que "corren" podría no ser
un plazo tan largo).
Pero de todos modos,
la decisión del Presidente Bush de invadir Irak nunca fue sólo sobre
Irak. Los autores intelectuales de la decisión --Dick Cheney, Donald
Rumsfeld y sus asesores civiles en el Pentágono, y los neoconservadores
poderosos fuera del gobierno-- pretendían que la invasión de Irak
enviara mensajes por todo el Oriente Medio y el mundo. Para estos
hombres, la invasión era una apuesta grande al tirar los dados en un
juego estratégico de proporciones globales. En las arenas del más
amplio Golfo Pérsico, el teatro árabe-israelí, la campaña contra el
terrorismo, y la relación mundial con los otros poderes existentes
y emergentes, la invasión de Irak tenía la intención de ser una
marcha atrás decisiva de lo que los neoconservadores habían visto como
una erosión preocupante del poder y la influencia de Estados Unidos.
Desafortunadamente,
para quienes jugaron con los dados, ellos calcularon mal sus
oportunidades de éxito. Con todo, estaban en lo correcto sobre dos
cosas: la magnitud de las apuestas en Irak y la conexión estratégica
que habían aseverado entre la situación ahí y aquellos otros teatros
alrededor del mundo. Así que mientras que es tal vez posible que si
ellos hubiesen "ganado" dentro de Irak, eso de hecho tal vez
habría fortalecido su posición en los otros teatros, esa es una
propuesta que nunca será probada. Pues en lugar de ganar en Irak, los
Bushistas están ahora --como yo y otros hemos predecido desde hace
mucho-- perdiendo ahí, muy rápido. Por consiguiente, en términos de
las relaciones de Washington con las potencias tan dispares como los
mullah en Irán, Putín en Rusia, los poderes crecientes de China e
India, o la Venezuela de Hugo Chavez, estamos viendo desplegarse
exactamente la clase de erosión del poder de Estados Unidos que los
neoconservadores una vez habían advertido.
Consideremos las
consecuencias de lo que podemos ver en sólo tres de los teatros no-iraquís
--Iran, la campaña contra al-Qaida y sus aliados, y el conflicto entre
Israel y Palestina-- desde el fracaso del proyecto de Bush en Irak.
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AP
La
muerte del terrorista Abu Musab al-zarqawi a
manos del ejército de Estados Unidos fue causa de celebración
en Irak.
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Irán
Los
efectos mas evidentes del fracaso de la administración en Irak son
aquellos relacionados con el balance del poder coercitivo entre Washington
y Teherán. De regreso en 2002, los de línea dura dentro de y cerca la
Administración Bush advirtieron prolijamente acerca de que la dominación
de Irak no sería suficiente para ellos, una vez ellos hubiesen "ganado",
ellos pretendían usar el despliegue militar estadounidense ahí como una
forma de coacción con la cual --ya fuese por medio de mayor acción
militar, o por medio de la fuerza apoyada en una diplomacia coercitiva--
ellos podrían doblar a su voluntad tanto a Irán como a Siria. Como un
alto oficial de la Administración Bush dijo de manera infame, "Todos
pueden ir a Bagdad. Los hombres verdaderos van a Teherán." En mayo
de 2003, en el periodo inmediato después de la invasión a Irak (con su
demostración concomitante de "golpear y atemorizar"
["shock and awe"], los iranís resultaron aparentemente
aterrorizados ante la posibilidad de ser los siguientes. Irán, en ese
momento, se encontró a sí mismo con gran número de tropas de Estados
Unidos, armas y proyecciones de capacidad de poder progresivas desplegadas
a lo largo de su fronteras tanto con Irak, al oeste, como con Afganistán,
al este.
En mayo de 2003, el
entonces Presidente Mohammad Khatami, recurrió a una carta para proponer
las primeras conversaciones directas entre Teherán y Washington desde
1979. Bush no hizo caso de dicha propuesta. Los dos años que siguieron la
administración a el Congreso abiertamente anti-iraní, sostuvo la presión
sobre Teherán. En una repetición estremecedora de la conducción de la
invasión de Irak, el Congreso [de EUA, N/Enkidu] asignó fondos masivos a
los opositores iranís para ayudar a desestabilizar y finalmente
reemplazar el régimen en Teherán, mientras que la administración trabajó
duro para reunir una coalición internacional dedicada al cambio de régimen
ahí ("por todos los medios necesarios", como dice el eufemismo
estándard para permitir el uso de la fuerza militar).
Tres años pasaron.
En un momento determinado, los iranís --muchos de los cuales estaban
reaccionando muy fuerte en contra de la intervención torpe de Washington
en sus asuntos políticos domésticos-- votaron por un Presidente de linea
dura, Mahmoud Ahmadinejad, cuyo desafío anti-estadounidense y retórica
anti-israelita y abrió la búsqueda del poder nuclear, colocó en un
contraste notable la postura política menos estridente adoptada por
Khatami.
En
el inicio de mayo de este año, Ahmadinejad envió una segunda
carta a Washington. Bush y su gente tampoco hicieron caso. Pero el 31
de mayo, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, anunció una réplica
diplomática por sí misma. Si Irán suspendiese su enriquecimiento de
uranio reciente, entonces Estados Unidos se unirían a los europeos en
sostener pláticas con Irán y oferecerían un paquete "conteniendo
beneficios mutuos, si Irán toma la decisión apropiada, y asume los
costos, si no lo hace."
Todavía falta ver
si este movimiento de Washington representa un intento de buena fe para
reducir las tensiones con Teherán y encontrar una forma para resolver las
muchas diferencias entre los dos países de manera pacífica, o si, como
la aparición infame de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de febrero
de 2003, pretende ser una ventana meramente diplomática que se arropa de
tales objetivos para satisfacer a los aliados internacionales más
importantes que Washington ha de hecho agotado de todas las opciones
diplomáticas antes de resumir un apresuramiento predeterminado hacia la
guerra.
La última es
seguramente una representación más precisa de la actitud de Washington.
Pero las oportunidades de que Estados Unidos de hecho atacaa a Irán son
mucho más distantes ahora de lo que fueron hace tres años, pues el
balance de poder entre Washington y Teherán se ha alterado de manera drástica
desde mayo de 2003. Las jactanciosas amenazas militares emitidas por la
gente de la Administración Bush a mediados del verano de 2003 no se
encuentran cerca para ser escuchadas. ¿Qué ha cambiado? De manera
crucial, el ejército de Estados Unidos, que parecía tan competente en su
amenaza contra Irán en 2003, en estos días se encuentra hundido ante la
situación política de Irán, donde Teherán ahora cuenta con una
influencia política más considerable que Washington. Actualmente, 133
mil soldados y marines estadounidenses desplegados por todo Irak parecen más
bien como 133 mil patos sentados, que una fuerza de choque colocada para
el ataque. (De regreso en 1980, la presencia de sólo 52 rehénes de
Estados Unidos en Irán hizo que Jimmy Carter perdiese la reelección.
Pero ahora, la administración Bush tiene a 133 mil empleados del gobierno
de Estados Unidos sentados como rehenes para la fortuna de Irak. ¿La
reacción de los votantes estadounidenses será proporcional?).
Discurriendo de
aquella realidad en Irak, otras dos dimensiones cruciales del balance
estratégico Washington-Teherán también han sido cambiadas de manera
considerable. De forma internacional, Washingn ahora es percibido --de
manera adecuada, como una potencia menos poderosa de lo que era en 2003.
En 2003, por medio de la opinión popular alrededor del mundo se manifestó
abrumadoramente opuesta a la invasión de Irak,. Bush aún logró
persuadir a unos 30 gobiernos para dar al menos un apoyo simbólico a la
"coalición de los voluntarios" ["coalition of the
willing"]. (El apoyo británico fue más que un detalle: el Primer
Ministro Tony Blair comprometió a 11 mil tropas y considerable prestigio
político al proyecto). Actualmente, el número de estados que están
listos para dar incluso una muestra de su apoyo a la coalición en Irak se
ha encogido considerablemente. Y todos los líderes más importantes del
mundo han advertido a Washington de manera sólida contra cualquier tipo
de ataque militar sin provocación en contra de Irán. La única excepción
en esto es Israel, un hecho que muestra complicaciones significativas en sí
mismo.
Dentro de Estados
Unidos, entre tanto, el entusiasmo (o, de manera más minimalista, el
nivel de permisividad) con el cual el público e incluso el Congreso de
Estados Unidos, perciben la posibilidad de atacar a Irán se han enfriado
mucho desde el verano de 2003. Entonces, muy temprano de las heridas del
11 de septiembre y el resplandor con las bravatas de haber vencido apenas
a los ejércitos de Saddam, muchos ciudadanos de Estados Unidos podían aún
soñar de tener un seguimiento "cakewalk" en Irán. Ahora, 2,476
bolsas con cuerpos de estadounidenses y miles de millones de dólares
federales después, ningún cakewalk parece más remotamente alcanzable --ya
sea en Irak o en Irán--. Pueden haber algunos especialistas alrededor de
Bush que piensan que un escenario de "sacudida de perro"
["wag the dog"] podría ser una buena idea para contraer las
elecciones de mediados del periodo. Pero no percibo que ningún político
racional seguiría ese consejo.
Richard Haass, líder
del Consejo de Relaciones Exteriores [Council on Foreign Relations], dijo
al New York Times, en traducción al castellano de © Enkidu, el
31 de mayo que las condiciones para la apertura del diálogo con Teherán
"son significativamente diferentes de lo que fueron hace cuatro o
cinco años, pero de manera fránca no son tan favorables ahora para
Estados Unidos". Eso es poner las cosas con mucha suavidad. (Lo
que no es sorprendente, puesto que Haass dirigió la política de planeación
del Departamento de Estado durante el primer periodo de Bush en la
administración).
Terrorismo
La violencia
terrorista me concierne enormemente. En los '70s yo
cubrí (y apenas escape a ser asesinada por) varios carro-bomba cargados
con explosivos en Beirut, Libano. Desde
entonces, he viajado tanto en Israel como en Londres en autobuses públicos
y en tranvías. Tengo amigos que trabajan en aerolíneas de Estados Unidos
y en edificios de oficina en Washington y en Nueva York. Así que por
supuesto que fue espantoso, luego del 11 de septiembre de 2001, darme
cuenta de que en los años desde la "victoria" patrocinada por
Estados Unidos sobre la Unión Soviética en Afganistán, hemos permitido
que ese estado empobrecido caiga de manera tan precipitada que se ha
convertido en una incubadora de apoyo para algunos de los terroristas
globales extremadamente anti-humanos, ambiciosos y técnicamente
competentes.
Pero habrías
pensado que en noviembre de 2001, luego de que Estados Unidos y sus
aliados todavía ganaron una victoria militar en Afganistán, esta vez verían
la importancia de trabajar duro para convertir la victoria militar que habían
ganado en una victoria política duradera --por los 31 millones de afganos,
por sus vecinos y por el mundo-- al traer la estabilización socioeconóica
seria y de largo plazo al país.
Ellos no lo
hicieron. En lugar de ello, a unos pocos días de la caída del régimen
Talibán en Kabúl, Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa [de EUA,
N/Enkidu] ya estaba discutiendo con Bush sobre la forma de iniciar el plan
de invasión de Irak. Abriendo un segundo frente siempre es una estrategia
arriesgada en cualquier guerra, y probó ser catastrófica puesto que la
campaña de Irak de manera predecible fue de un asunto localizado, que el
Pentágono jugó a la guerra [war-gamed], para convertirse en una
contrainsurgencia viciosa, sin posibilidad de obtener la victoria. Y en
los años desde 2003, el atolladero en Irak se ha comido mucho mayores
cantidades de soldados estadounidenses y aliados, dolares de ayuda
internacional, y centrado la atención política que Afganistán. (Algunas
cifras: Afganistán cuenta con una población de 31 millones y un área de
647,000 kilómetros cuadrados. Actualmente tiene unas 26,000 tropas de
Estados Unidos y aliadas desplegadas en su territorio, y recibió paquetes
de ayuda para 2004-2009 por un total de $8.9 mil millones. Irak cuenta con
una población de 27 millones de personas y un area de 437,000 kilómetros
cuadrados. Tiene 140,000 fuerzas de Estados Unidos y aliadas, y recibió
ayuda durante 2004 a 2007 por un total de $33 mil millones).
Irak, que antes de
marzo de 2003 prácticamente no acogía terroristas internacionales, se ha
convertido en un magneto para miles de ellos (en la misma manera en que
fue Afganistán, cuando hubo una ocupación soviética que combatir). Y en
el Afganistán de hoy, grandes porciones del país ahora se an revertido a
la influencia talibán o incluso al gobierno talibán [Taliban rule].
Como mencioné
arriba, la decisión de Bush de invadir Irak fue una gran jugada en los
dados geopolíticos. Una jugada que falló. Mientras que las tropas de
Estados Unidos continúan en Irak, las consecuencia del fracaso de
Washington ahí continuará jugando para beneficio de los terroristas islámicos
--en Irak, en Afganistán, y en cualesquiera otro lado donde ahora, en
reacción a la brutalidad de Estados Unidos en Irak, ellos encontraron
poblaciones preparadas para ayudarles.
La invasión a Irak,
algunos de sus apologistas prometieron, ayudaría a traer una solución
razonable y final a la disputa palestino-israelí. De hecho, ellos
hicieron dos argumentos claramente diferentes en este respecto. Uno fue
que la ayuda financiera de Saddam había sido un factor tan fuerte para
alimentar la violencia palestina que al derrocar a Saddam,.esto sería un
golpe a los extremistas palestinos, y luego un liderazgo más flexiblo en
Palestina estaría de acuerdo en la mayoría de las concesiones que Israel
había demandado, y el lograr un acuerdo sería fácil. El otro argumento
(y muy contradictorio), sostuvo que al lanzar la invasión de Irak, Bush
sería tan dependiente del apoyo de los aliados políticos como Tony Blair
y el Presidente de Egipto, Hosni Mubarak, que una vez que terminase la
invasión, Bush estaría obligado a acceder a las peticiones antiguas de
aquellos aliados que él consideró en la diplomacia israelí-palestina de
forma que eso le daría a los palestinos algo como un acuerdo aceptable.
Ninguno de estos
argumentos fue confirmado por los eventos. Israel ha ganado algún respiro
de la violencia terrorista en los años recientes. Pero esto ha sido el
resultado mucho más de los tahdi'eh (cese al fuego) unilaterales
palestinos y al retiro de las tropas y los colonos de Israel de Gaza y de
tras las barreras altas de concreto y acero del Banco Occidental (Cisjordania),
de lo que pudo haber sucedido por el derrocamiento de Saddam. En 2005,
luego de que Saddam y sus antiguo aliado palestino Yasser Arafat no
estuvieron más en la escena política, los israelitas aún no deseaban
negociar con el líder palestino, mucho más moderado, Mahmoud Abbas.
Luego, mientras caía la credibilidad de Abbas entre los palestinos, la
simpatía política de Hamas aumentó. Ninguno de estos fue vinculado en
forma alguna con la caída de Saddam.
En cuanto al
argumento (hecho por el experto en Medio Oriente Fred Halliday, entre
otros) de que Bush estaría tan agradecido con Tony Blair sobre Irak que
entonces seguiría el consejo de Blair sobre Palestina, bueno, ¡fue sólo
un sueño! A pesar de todas las súplicas de Blair en este sentido (y
seamos honestos, éstas no han sido tan fuertes como pudieron haber sido)
Bush y el Congreso de Estados Unidos han continuado otorgando ayuda
financiera y política generosa a un Israel que, bajo Sharon y Olmert, ha
persistido en la construcción de una barrera en Cisjordania, en la
purificación étnica de amplias ringleras del Este de Jerusalem, y en
burlarse del muy sumiso pequeño "mapa de carreteras para la paz"
que Bush había expuesto en junio de 2002.
Así que en
cualquiera de estas dos formas propuestas se ha probado que "el
camino a la paz en Jerusalem pasa por Bagdad. "En lugar de eso, el
mundo se ha acostumbrado a ver en sus pantallas de TV imágenes alarmante
similares de ambas ocupaciones: Tanques pesados ruidosos que atraviesas
ciudades y poblados; hombres árabes acorralados y forzados a sentarse por
horas con sus cabezas gachas y sus muñecas esposadas [cuffed]
dolorosamente detrás de sus espaldas; pueblos rodedos por cable de púas;
jóvenes soldados conrolando el paso lento de los civiles por medio de
puntos de retén sin fin. Las similitudes no son sorprendentes, dado que
el ejército de Estados Unidos importó muchas de sus tácticas (e incluso
muchas de sus municiones) de Israel. Pero esas similitudes han hecho que
Estados Unidos aparezca por todo el mundo como un aliado cercano y bobo de
Israel de lo que se percibía con anterioridad, y con ello han alimentado
el resentimiento activo o la mayor incomprensión enmudecida con la cual
mucho del mundoharoa percibe como la Política Exterior de Estados Unidos.
Así que, ¿cómo
me siento sobre el fracaso del proyecto de Bush al interior de Irak?
Reivindicada, en un nivel, me imagino, pues en mis columnas para el diario
Christian Science Monitor y en otras partes, hice todo lo que pude antes
de marzo de 2003 para advertir contra la locura peligrosa desatada por la
invasión prometida. Y justo alrededor de estos momentos de malos
resultados específicos, mis advertencias se cumpliero. Pero este
tipo de justificación es un plato muy amargo de tragar.
Estados Unidos, que
es ahora mi país, cuenta con muchos atributos. Pero siempre me ha
preocupado la arrogancia y el militarismo con que se enfrenta al resto del
mundo. Tal vez esto es porque crecí en Gran Bretaña en lo que parecía
entonces, a fines de los 1950´s y 1960´s, que cada dos semanas otra
porción del Imperio Británico se estaba separando y obteniendo su
independencia política. Una gran narrativa de descolonización que dominó
esos años me pareció ser algo fundamentalmente bueno y justo. Y aún me
lo parece. Incluso aunque todos sabemos mucho más sobre las instancia de
errores y descomposición política en algunos países post-coloniales, no
puedo imaginar que una continuación del control colonia habría sido algo
mejor para los pueblos colonizados. Sin lugar a duda, habría sido algo
extremadamente anti-democrático e injusto.
La invasión
estadounidense de Irak no fue, al hacerle frente, una aventura
"colonial" abierta. Sin embargo, ha tenido muchos de los
atributos del colonialismo, incluyendo dos aspectos básicos: la
administracion estadounidense en Irak buscó una versión nueva de for de
gobierno de Irak acorde con sus propios planes, y subordinó la economía
iraquí a los deseos de las corporaciones que tienen su sede en Estados
Unidos. Y cuando Washington se enfrentó a la resistencia iraquí a esta
jugada, recurrió a muchas de las mismas tácticas de contrainsurgencia
utilizadas por los poderes coloniales a través de la historia: divide y
vencerás, encarcelaciones masivas, políticas incómodas para el control
de la población, tortura y abuso.
Yo creo que los
factores domésticos y globales que ahora presionan a Washington para que
asuma una retirada completa (o casi completa) de Irak, son ahora tan
poderosos que este retiro tendrá lugar antes del fin de la presidencia de
Bush. Pero Estados Unidos no únicamente se retirará de la posición que
ocupó el 18 de marzo de 2003, la contracción del poder de Estados Unidos
por todo el mundo será mucho más amplia que eso. Existe una razón muy
simple para ello: Estados Unidos necesitará la cooperación de otras
potencias si el retiro de Irak desea ser ordenado. ¿Pero por qué debería
Rusia, China u otra de las potencias dar su cooperación a Washington si
ellos pueden temer que Washington sólo redirija sus impulsos hegemónicos
hacia otro lugar -- tal vez incluso contra ellos? Así como las potencias
más importantes ayudan a Washington a salir de Irak, es casi seguro que
un precio deberá ser pagado. Este podría ser solicitado en dos monedas:
alguna forma de garantía fuerte de que Washington no emprenda de nueva
una guerra "preventiva" descabellada como la acción militar
altamente desestabilizadora y destructiva que inició en 2003, y un rol más
fuerte para las potencias no-estadounidenses en las siempre sensibles
negociaciones globales israeli-árabes.
En esta última
instancia, pienso que Fred Halliday se equivocó. Al ir a Irak, la gente
de Bush no sentía que "necesitaba" el apoyo de Tony Blair (o de
nadie más) lo suficientemente urgente como para que necesitasen ceder su
posición monopólica en la diplomacia árabe-israeí, o en su apoyo
unilateral al gobierno israelí del día a fin de ganar. Al salir de Irak,
el balance de poder entre Washington y el resto del mundo será, muy
probablemente, algo muy diferente.
Así que mientras
Estados Unidos se retira de Irak, podrían haber algunos desarrollos en la
política internacional que fortalecerán la estabilidad global. Estados
Unidos podría perder la habilidad que ha tenido por tanto tiempo de
bloquear cualquier resolución sobre la disputa Palestino-Israelí que no
se ajuste a los deseos de Israel. Estados Unidos y las otras potencias del
mundo podrían, finalmente, trabajar de manera seria en la estabilización
de Afganistán (y otras partes del mundo que han sido desde hace mucho
abandonadas como Somalia, la República Democrática del Congo y Darfur),
en lugar de permitirles enconarse y así encubar nuevos al-Qaidas u otros
grupos, con redes que están aún por verse de agitadores internacionales.
Y de manera crucial, el desequilibrio del poder bruto entre los 300
millones de personas de Estados Unidos y los 6 mil millones de humanos que
no son ciudadanos de Estados Unidos podrían finalmente cambiar hacia una
posición más igualitaria y, por tanto, más justa y estable. Pero al
lado de estas posibles "ganancias" desde el punto de vista de la
construcción de un mundo más justo, tambien necesitamos hacer un
recuento de las pérdidas inflingidas por todo el proyecto brutal de Bush
en Irak primero, las pérdidas masivas inflingidas al pueblo de Irak, pero
también las pérdidas de vidas y del tesoro [treasure] estadounidenses.
Me doy cuenta que
muchos estadounidenses que no se encuentran listos, como yo lo estoy, de
dar la bienvenida al prospecto de un decrecimiento [diminishment] (o, yo
diría, una rectificación) de la cantidad desproporcionada de poder que
nuestra nación ha sido capaz de ejercer en los asuntos mundiales durante
los últimos 60 años. Muchos estadounidenses hoy --como muchos ciudadanos
británicos o francesde hace 80 años-- piensan que es algo así como
"natural" que su nación intervenga en los sucesos de otras
nacines alrededor del mundo y actúe como el árbitro crucial en los
asuntos internacionales. (Y sí, por medio de la historia casi todas esas
las intervenciones siempre llegan vestidas con atuendos de "salvasionistas".
Muy pocas naciones realmente emprenden, sabiéndo, una guerra o cualquier
otro tipo de intervención extranjera cuando su pueblo claramente entiende
que es algo injusto en ese momento. Si tal entendimiento llega en algún
momento, sólo se sabe después.)
¿Por qué el
hegemonismo de Estados Unidos en el mundo parece "natural" para
tantos estadounidenses? ¡Penetrar en las raíces de esa noción
particular sobre el concepto más amplio sobre el excepcionalismo
estadounidense [American exceptionalism] tomaría un largo tiempo! Baste
anotar aquí que después del 11 de septiembre, los ataques de ese día
cubrieron su propia fuerza de conmoción, temor y enojo en lo fundamental
de esas viejas actitudes estadounidenses. Por casi 30 meses después del
11 de septiembre, los sentimientos de venganza, y de la rectitud de la ira
estadounidense (y de todas las acciones que discurrieron desde ahí),
pareció aún dominar la conciencia de una amplia élite política en
Estados Unidos. Sólo fue luego de las revelaciones de Abu Ghraib, en
abril de 2004, que el discurso dominante del país sobre la guerra, y
sobre lo que había convertido su sed de venganza a los Estados Unidos, se
convirtió en algo más conciente y abierto a la auto-crítica.
Actualmente, una
clara mayoría de estadounidenses juzgan que la invasión a Irak fue algo
malo por hacer. Una clara mayoría similar asegura que la Administración
debería establecer un calendario para el retiro. Esta disposición para
retar la perspectiva de la gente de Bush sobre la situación en Irak es
recibida como un signo del creciente entendimiento público, pero no es
indicación de ningúna disposición automática para retar el principio
del excepcionalismo de Estados Unidos con más amplitud. Confrontados con
el asunto, yo creo, nuestro siguiente gran reto como ciudadanía, y es un
reto que los acontecimientos de los próximos años casi de seguro nos
forzará a confrontarnos de frente.