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Iraq's Impact  - El Impacto de Irak 
 
 El Encogimiento Increíble de EUA - The Incredible Shrinking US

Por Helena Cobban

A pesar de la muerte de Zarqawi,  la impresionante apuesta de Bush en Irak ha fallado. Como resultado, Estados Unidos es más débil en todo el mundo --y esto no es tan malo.

 

Good news from Iraq this week does little to outweigh the bad.
AFP
 Buenas noticias desde Irak esta semana hacen muy poco para supear lo malo.
  La Administración Bush apenas ha recibido dos piezas de noticias de bienvenida desde Irak. Primero supo que un ataque en avión de Estados Unidos había matado a Abu Musab al-Zarqawi, el líder que había estado siendo cazado desde hce mucho de al-Qaida en Irak, y luego el Primer Ministro de Irak, Nuri al-Maliki, fue finalmente capaz de nombrar tres oficiales para puestos de seguridad en su gobierno. A los nuevos ministros se les tomó el juramento a las pocas horas.
 
Sin embargo, las tendencias de largo plazo dentro de Irak se mantienen desalentadoras para la administración. El asesinato de Zarqaqi puede hacer mella, pero de verdad que no promete un fin rápido a la insurgencia entre los árabes sunitas en el occidente y el centro de Irak. Y aunque fue bueno para Maliki poder --casi seis meses luego de las elecciones parlamentarias de diciembre pasado-- completar su gobierno, con todo, incluso estos ministros nuevos no encontrarían más fácil que sus colegas implementar políticas en las que podrían estar de acuerdo desde sus oficinas en la fuertemente fortificada Green Zone [Zona Verde] de Bagdad.
 
Tres años después del inicio del proyecto de Estados Unidos para reconstruir un gobierno que trabajase en Irak, este proyecto se mantiene atascado en la corrupción, los enfrentamientos entre las facciones y el caos administrativo. A pesar de la apariencia de algunos de los acuerdos políticos intra-iraquís, varias decisiones políticas cruciales -- incluyendo aquellas relacionadas con las fuerzas estadounidenses dentro del país-- quedan por ser abordadas. Y lo que es más inquietante de todo para el Embajador de Estados Unidos Zalmay Khalilzad y sus contrapartes militares: Los eventos de los últimos seis meses han mostrado que ellos son capaces de afectar los desarrollos importantes en Irak sólo de manera leve, en los márgenes.
 
Podemos ver ahora, de hecho, que ninguno de los escenarios optimistas que el Presidente Bush y sus consejeros han tenido para Irak en los últimos 39 meses pueden ser realizados dentro de algún tipo de márgen de tiempo viable polícamente. La Casa Blanca intentará es casi seguro, reducir el número de tropas estadounidenses por debajo de los 100,000 antes de mediados de noviembre, pero la atormentada situación de seguridad dentro de Irak carece de perspectivas para mejorar. (Y también hay muchos escenarios en donde los desarrollos de Irak podrían prolongarse sin control rápidamente).
 
Los pregoneros conservadores y liberales como Thomas Friedman y George Packer claman que es demasiado pronto para calificar la aventura de Bush en Irak como un fracaso. Considerando la perspectiva de largo plazo, ellos argumentan que sólo la historia puede juzgar si Irak, y la región, resultará beneficiada al final del retiro forzado de Saddam Hussein. Yo no estoy de acuerdo. Ya hemos pasado tres años de dicha "historia", y lo que ha traído ha sido un deterioro constante en las condiciones de vida de los ciudadanos de Irak en áreas tales como: la provisión de los servicios más básicos como la seguridad pública, la energía eléctrica y el agua potable segura; el aumento de las tasas de bajas provocadas por la violencia política y el crimen sin investigar; la huída de nuevas olas masivas de iraquís desde sus hogares en vecindarios inseguros; la proliferación de milicias partisanas; y las raíces profundas de la corrupción institucional.
 
Y actualmente no hay un prospecto de que este deterioro pueda incluso ser más lento, sin contar revertido. El truco politico más reciente que la Administración Bush tenía bajo la manga fue contener la elección parlamentaria de Irak en diciembre pasado. Esa elección fue exitosa en gran parte en el nivel de procedimiento, pero falló completamente en cuanto a su promesa de pasar a una era de armonía política y competencia de gobierno. De hecho, el empeoramiento de la situación se ha acelerado con rapidez desde diciembre.
 
Esperar a que más de esta "historia" sea desvelada, mientras esperamos que un "veredicto final" teóricamente diferente sobre el proyecto de Bush sobre Irak, sólo daría una fuerza nueva al aforismo famoso de John Maynard Keynes de que "en el largo plazo todos estamos muertos" ["in the long run we are all dead"]. (Aunque dado el número de asesinatos que ocurren en estos momentos dentro de Irak, para los iraquís que "corren" podría no ser un plazo tan largo).
 
Pero de todos modos, la decisión del Presidente Bush de invadir Irak nunca fue sólo sobre Irak. Los autores intelectuales de la decisión --Dick Cheney, Donald Rumsfeld y sus asesores civiles en el Pentágono, y los neoconservadores poderosos fuera del gobierno-- pretendían que la invasión de Irak enviara mensajes por todo el Oriente Medio y el mundo. Para estos hombres, la invasión era una apuesta grande al tirar los dados en un juego estratégico de proporciones globales. En las arenas del más amplio Golfo Pérsico, el teatro árabe-israelí, la campaña contra el terrorismo, y la relación mundial con los otros poderes existentes y emergentes, la invasión de Irak tenía la intención de ser una marcha atrás decisiva de lo que los neoconservadores habían visto como una erosión preocupante del poder y la influencia de Estados Unidos.
 
Desafortunadamente, para quienes jugaron con los dados, ellos calcularon mal sus oportunidades de éxito. Con todo, estaban en lo correcto sobre dos cosas: la magnitud de las apuestas en Irak y la conexión estratégica que habían aseverado entre la situación ahí y aquellos otros teatros alrededor del mundo. Así que mientras que es tal vez posible que si ellos hubiesen "ganado" dentro de Irak, eso de hecho tal vez habría fortalecido su posición en los otros teatros, esa es una propuesta que nunca será probada. Pues en lugar de ganar en Irak, los Bushistas están ahora --como yo y otros hemos predecido desde hace mucho-- perdiendo ahí, muy rápido. Por consiguiente, en términos de las relaciones de Washington con las potencias tan dispares como los mullah en Irán, Putín en Rusia, los poderes crecientes de China e India, o la Venezuela de Hugo Chavez, estamos viendo desplegarse exactamente la clase de erosión del poder de Estados Unidos que los neoconservadores una vez habían advertido.
 
Consideremos las consecuencias de lo que podemos ver en sólo tres de los teatros no-iraquís --Iran, la campaña contra al-Qaida y sus aliados, y el conflicto entre Israel y Palestina-- desde el fracaso del proyecto de Bush en Irak.

 

The death of terrorist Abu Musab al-zarqawi at the hands of the US military was cause for celebration in Iraq.
AP
La muerte del terrorista Abu Musab al-zarqawi a manos del ejército de Estados Unidos fue causa de celebración en Irak.

 

Irán

Los efectos mas evidentes del fracaso de la administración en Irak son aquellos relacionados con el balance del poder coercitivo entre Washington y Teherán. De regreso en 2002, los de línea dura dentro de y cerca la Administración Bush advirtieron prolijamente acerca de que la dominación de Irak no sería suficiente para ellos, una vez ellos hubiesen "ganado", ellos pretendían usar el despliegue militar estadounidense ahí como una forma de coacción con la cual --ya fuese por medio de mayor acción militar, o por medio de la fuerza apoyada en una diplomacia coercitiva-- ellos podrían doblar a su voluntad tanto a Irán como a Siria. Como un alto oficial de la Administración Bush dijo de manera infame, "Todos pueden ir a Bagdad. Los hombres verdaderos van a Teherán." En mayo de 2003, en el periodo inmediato después de la invasión a Irak (con su demostración concomitante de "golpear y atemorizar" ["shock and awe"], los iranís resultaron aparentemente aterrorizados ante la posibilidad de ser los siguientes. Irán, en ese momento, se encontró a sí mismo con gran número de tropas de Estados Unidos, armas y proyecciones de capacidad de poder progresivas desplegadas a lo largo de su fronteras tanto con Irak, al oeste, como con Afganistán, al este.

En mayo de 2003, el entonces Presidente Mohammad Khatami, recurrió a una carta para proponer las primeras conversaciones directas entre Teherán y Washington desde 1979. Bush no hizo caso de dicha propuesta. Los dos años que siguieron la administración a el Congreso abiertamente anti-iraní, sostuvo la presión sobre Teherán. En una repetición estremecedora de la conducción de la invasión de Irak, el Congreso [de EUA, N/Enkidu] asignó fondos masivos a los opositores iranís para ayudar a desestabilizar y finalmente reemplazar el régimen en Teherán, mientras que la administración trabajó duro para reunir una coalición internacional dedicada al cambio de régimen ahí ("por todos los medios necesarios", como dice el eufemismo estándard para permitir el uso de la fuerza militar).

Tres años pasaron. En un momento determinado, los iranís --muchos de los cuales estaban reaccionando muy fuerte en contra de la intervención torpe de Washington en sus asuntos políticos domésticos-- votaron por un Presidente de linea dura, Mahmoud Ahmadinejad, cuyo desafío anti-estadounidense y retórica anti-israelita y abrió la búsqueda del poder nuclear, colocó en un contraste notable la postura política menos estridente adoptada por Khatami.

En el inicio de mayo de este año, Ahmadinejad envió una segunda carta a Washington. Bush y su gente tampoco hicieron caso. Pero el 31 de mayo, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, anunció una réplica diplomática por sí misma. Si Irán suspendiese su enriquecimiento de uranio reciente, entonces Estados Unidos se unirían a los europeos en sostener pláticas con Irán y oferecerían un paquete "conteniendo beneficios mutuos, si Irán toma la decisión apropiada, y asume los costos, si no lo hace."

Todavía falta ver si este movimiento de Washington representa un intento de buena fe para reducir las tensiones con Teherán y encontrar una forma para resolver las muchas diferencias entre los dos países de manera pacífica, o si, como la aparición infame de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de febrero de 2003, pretende ser una ventana meramente diplomática que se arropa de tales objetivos para satisfacer a los aliados internacionales más importantes que Washington ha de hecho agotado de todas las opciones diplomáticas antes de resumir un apresuramiento predeterminado hacia la guerra.

La última es seguramente una representación más precisa de la actitud de Washington. Pero las oportunidades de que Estados Unidos de hecho atacaa a Irán son mucho más distantes ahora de lo que fueron hace tres años, pues el balance de poder entre Washington y Teherán se ha alterado de manera drástica desde mayo de 2003. Las jactanciosas amenazas militares emitidas por la gente de la Administración Bush a mediados del verano de 2003 no se encuentran cerca para ser escuchadas. ¿Qué ha cambiado? De manera crucial, el ejército de Estados Unidos, que parecía tan competente en su amenaza contra Irán en 2003, en estos días se encuentra hundido ante la situación política de Irán, donde Teherán ahora cuenta con una influencia política más considerable que Washington. Actualmente, 133 mil soldados y marines estadounidenses desplegados por todo Irak parecen más bien como 133 mil patos sentados, que una fuerza de choque colocada para el ataque. (De regreso en 1980, la presencia de sólo 52 rehénes de Estados Unidos en Irán hizo que Jimmy Carter perdiese la reelección. Pero ahora, la administración Bush tiene a 133 mil empleados del gobierno de Estados Unidos sentados como rehenes para la fortuna de Irak. ¿La reacción de los votantes estadounidenses será proporcional?).

Discurriendo de aquella realidad en Irak, otras dos dimensiones cruciales del balance estratégico Washington-Teherán también han sido cambiadas de manera considerable. De forma internacional, Washingn ahora es percibido --de manera adecuada, como una potencia menos poderosa de lo que era en 2003. En 2003, por medio de la opinión popular alrededor del mundo se manifestó abrumadoramente opuesta a la invasión de Irak,. Bush aún logró persuadir a unos 30 gobiernos para dar al menos un apoyo simbólico a la "coalición de los voluntarios" ["coalition of the willing"]. (El apoyo británico fue más que un detalle: el Primer Ministro Tony Blair comprometió a 11 mil tropas y considerable prestigio político al proyecto). Actualmente, el número de estados que están listos para dar incluso una muestra de su apoyo a la coalición en Irak se ha encogido considerablemente. Y todos los líderes más importantes del mundo han advertido a Washington de manera sólida contra cualquier tipo de ataque militar sin provocación en contra de Irán. La única excepción en esto es Israel, un hecho que muestra complicaciones significativas en sí mismo.

Dentro de Estados Unidos, entre tanto, el entusiasmo (o, de manera más minimalista, el nivel de permisividad) con el cual el público e incluso el Congreso de Estados Unidos, perciben la posibilidad de atacar a Irán se han enfriado mucho desde el verano de 2003. Entonces, muy temprano de las heridas del 11 de septiembre y el resplandor con las bravatas de haber vencido apenas a los ejércitos de Saddam, muchos ciudadanos de Estados Unidos podían aún soñar de tener un seguimiento "cakewalk" en Irán. Ahora, 2,476 bolsas con cuerpos de estadounidenses y miles de millones de dólares federales después, ningún cakewalk parece más remotamente alcanzable --ya sea en Irak o en Irán--. Pueden haber algunos especialistas alrededor de Bush que piensan que un escenario de "sacudida de perro" ["wag the dog"] podría ser una buena idea para contraer las elecciones de mediados del periodo. Pero no percibo que ningún político racional seguiría ese consejo.

Richard Haass, líder del Consejo de Relaciones Exteriores [Council on Foreign Relations], dijo al New York Times, en traducción al castellano de © Enkidu, el 31 de mayo que las condiciones para la apertura del diálogo con Teherán "son significativamente diferentes de lo que fueron hace cuatro o cinco años, pero de manera fránca no son tan favorables ahora para Estados Unidos". Eso es poner las cosas con mucha suavidad. (Lo que no es sorprendente, puesto que Haass dirigió la política de planeación del Departamento de Estado durante el primer periodo de Bush en la administración). 

Terrorismo 

La violencia terrorista me concierne enormemente. En los '70s yo cubrí (y apenas escape a ser asesinada por) varios carro-bomba cargados con explosivos en Beirut, LibanoDesde entonces, he viajado tanto en Israel como en Londres en autobuses públicos y en tranvías. Tengo amigos que trabajan en aerolíneas de Estados Unidos y en edificios de oficina en Washington y en Nueva York. Así que por supuesto que fue espantoso, luego del 11 de septiembre de 2001, darme cuenta de que en los años desde la "victoria" patrocinada por Estados Unidos sobre la Unión Soviética en Afganistán, hemos permitido que ese estado empobrecido caiga de manera tan precipitada que se ha convertido en una incubadora de apoyo para algunos de los terroristas globales extremadamente anti-humanos, ambiciosos y técnicamente competentes.

Pero habrías pensado que en noviembre de 2001, luego de que Estados Unidos y sus aliados todavía ganaron una victoria militar en Afganistán, esta vez verían la importancia de trabajar duro para convertir la victoria militar que habían ganado en una victoria política duradera --por los 31 millones de afganos, por sus vecinos y por el mundo-- al traer la estabilización socioeconóica seria y de largo plazo al país.

Ellos no lo hicieron. En lugar de ello, a unos pocos días de la caída del régimen Talibán en Kabúl, Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa [de EUA, N/Enkidu] ya estaba discutiendo con Bush sobre la forma de iniciar el plan de invasión de Irak. Abriendo un segundo frente siempre es una estrategia arriesgada en cualquier guerra, y probó ser catastrófica puesto que la campaña de Irak de manera predecible fue de un asunto localizado, que el Pentágono jugó a la guerra [war-gamed], para convertirse en una contrainsurgencia viciosa, sin posibilidad de obtener la victoria. Y en los años desde 2003, el atolladero en Irak se ha comido mucho mayores cantidades de soldados estadounidenses y aliados, dolares de ayuda internacional, y centrado la atención política que Afganistán. (Algunas cifras: Afganistán cuenta con una población de 31 millones y un área de 647,000 kilómetros cuadrados. Actualmente tiene unas 26,000 tropas de Estados Unidos y aliadas desplegadas en su territorio, y recibió paquetes de ayuda para 2004-2009 por un total de $8.9 mil millones. Irak cuenta con una población de 27 millones de personas y un area de 437,000 kilómetros cuadrados. Tiene 140,000 fuerzas de Estados Unidos y aliadas, y recibió ayuda durante 2004 a 2007 por un total de $33 mil millones).

Irak, que antes de marzo de 2003 prácticamente no acogía terroristas internacionales, se ha convertido en un magneto para miles de ellos (en la misma manera en que fue Afganistán, cuando hubo una ocupación soviética que combatir). Y en el Afganistán de hoy, grandes porciones del país ahora se an revertido a la influencia talibán o incluso al gobierno talibán [Taliban rule].

Como mencioné arriba, la decisión de Bush de invadir Irak fue una gran jugada en los dados geopolíticos. Una jugada que falló. Mientras que las tropas de Estados Unidos continúan en Irak, las consecuencia del fracaso de Washington ahí continuará jugando para beneficio de los terroristas islámicos --en Irak, en Afganistán, y en cualesquiera otro lado donde ahora, en reacción a la brutalidad de Estados Unidos en Irak, ellos encontraron poblaciones preparadas para ayudarles.

La invasión a Irak, algunos de sus apologistas prometieron, ayudaría a traer una solución razonable y final a la disputa palestino-israelí. De hecho, ellos hicieron dos argumentos claramente diferentes en este respecto. Uno fue que la ayuda financiera de Saddam había sido un factor tan fuerte para alimentar la violencia palestina que al derrocar a Saddam,.esto sería un golpe a los extremistas palestinos, y luego un liderazgo más flexiblo en Palestina estaría de acuerdo en la mayoría de las concesiones que Israel había demandado, y el lograr un acuerdo sería fácil. El otro argumento (y muy contradictorio), sostuvo que al lanzar la invasión de Irak, Bush sería tan dependiente del apoyo de los aliados políticos como Tony Blair y el Presidente de Egipto, Hosni Mubarak, que una vez que terminase la invasión, Bush estaría obligado a acceder a las peticiones antiguas de aquellos aliados que él consideró en la diplomacia israelí-palestina de forma que eso le daría a los palestinos algo como un acuerdo aceptable.

Ninguno de estos argumentos fue confirmado por los eventos. Israel ha ganado algún respiro de la violencia terrorista en los años recientes. Pero esto ha sido el resultado mucho más de los tahdi'eh (cese al fuego) unilaterales palestinos y al retiro de las tropas y los colonos de Israel de Gaza y de tras las barreras altas de concreto y acero del Banco Occidental (Cisjordania), de lo que pudo haber sucedido por el derrocamiento de Saddam. En 2005, luego de que Saddam y sus antiguo aliado palestino Yasser Arafat no estuvieron más en la escena política, los israelitas aún no deseaban negociar con el líder palestino, mucho más moderado, Mahmoud Abbas. Luego, mientras caía la credibilidad de Abbas entre los palestinos, la simpatía política de Hamas aumentó. Ninguno de estos fue vinculado en forma alguna con la caída de Saddam.

En cuanto al argumento (hecho por el experto en Medio Oriente Fred Halliday, entre otros) de que Bush estaría tan agradecido con Tony Blair sobre Irak que entonces seguiría el consejo de Blair sobre Palestina, bueno, ¡fue sólo un sueño! A pesar de todas las súplicas de Blair en este sentido (y seamos honestos, éstas no han sido tan fuertes como pudieron haber sido) Bush y el Congreso de Estados Unidos han continuado otorgando ayuda financiera y política generosa a un Israel que, bajo Sharon y Olmert, ha persistido en la construcción de una barrera en Cisjordania, en la purificación étnica de amplias ringleras del Este de Jerusalem, y en burlarse del muy sumiso pequeño "mapa de carreteras para la paz" que Bush había expuesto en junio de 2002.

Así que en cualquiera de estas dos formas propuestas se ha probado que "el camino a la paz en Jerusalem pasa por Bagdad. "En lugar de eso, el mundo se ha acostumbrado a ver en sus pantallas de TV imágenes alarmante similares de ambas ocupaciones: Tanques pesados ruidosos que atraviesas ciudades y poblados; hombres árabes acorralados y forzados a sentarse por horas con sus cabezas gachas y sus muñecas esposadas [cuffed] dolorosamente detrás de sus espaldas; pueblos rodedos por cable de púas; jóvenes soldados conrolando el paso lento de los civiles por medio de puntos de retén sin fin. Las similitudes no son sorprendentes, dado que el ejército de Estados Unidos importó muchas de sus tácticas (e incluso muchas de sus municiones) de Israel. Pero esas similitudes han hecho que Estados Unidos aparezca por todo el mundo como un aliado cercano y bobo de Israel de lo que se percibía con anterioridad, y con ello han alimentado el resentimiento activo o la mayor incomprensión enmudecida con la cual mucho del mundoharoa percibe como la Política Exterior de Estados Unidos.

Así que, ¿cómo me siento sobre el fracaso del proyecto de Bush al interior de Irak? Reivindicada, en un nivel, me imagino, pues en mis columnas para el diario Christian Science Monitor y en otras partes, hice todo lo que pude antes de marzo de 2003 para advertir contra la locura peligrosa desatada por la invasión prometida. Y justo alrededor de estos momentos de malos resultados específicos, mis advertencias se cumpliero. Pero este tipo de justificación es un plato muy amargo de tragar.

Estados Unidos, que es ahora mi país, cuenta con muchos atributos. Pero siempre me ha preocupado la arrogancia y el militarismo con que se enfrenta al resto del mundo. Tal vez esto es porque crecí en Gran Bretaña en lo que parecía entonces, a fines de los 1950´s y 1960´s, que cada dos semanas otra porción del Imperio Británico se estaba separando y obteniendo su independencia política. Una gran narrativa de descolonización que dominó esos años me pareció ser algo fundamentalmente bueno y justo. Y aún me lo parece. Incluso aunque todos sabemos mucho más sobre las instancia de errores y descomposición política en algunos países post-coloniales, no puedo imaginar que una continuación del control colonia habría sido algo mejor para los pueblos colonizados. Sin lugar a duda, habría sido algo extremadamente anti-democrático e injusto.

La invasión estadounidense de Irak no fue, al hacerle frente, una aventura "colonial" abierta. Sin embargo, ha tenido muchos de los atributos del colonialismo, incluyendo dos aspectos básicos: la administracion estadounidense en Irak buscó una versión nueva de for de gobierno de Irak acorde con sus propios planes, y subordinó la economía iraquí a los deseos de las corporaciones que tienen su sede en Estados Unidos. Y cuando Washington se enfrentó a la resistencia iraquí a esta jugada, recurrió a muchas de las mismas tácticas de contrainsurgencia utilizadas por los poderes coloniales a través de la historia: divide y vencerás, encarcelaciones masivas, políticas incómodas para el control de la población, tortura y abuso.

Yo creo que los factores domésticos y globales que ahora presionan a Washington para que asuma una retirada completa (o casi completa) de Irak, son ahora tan poderosos que este retiro tendrá lugar antes del fin de la presidencia de Bush. Pero Estados Unidos no únicamente se retirará de la posición que ocupó el 18 de marzo de 2003, la contracción del poder de Estados Unidos por todo el mundo será mucho más amplia que eso. Existe una razón muy simple para ello: Estados Unidos necesitará la cooperación de otras potencias si el retiro de Irak desea ser ordenado. ¿Pero por qué debería Rusia, China u otra de las potencias dar su cooperación a Washington si ellos pueden temer que Washington sólo redirija sus impulsos hegemónicos hacia otro lugar -- tal vez incluso contra ellos? Así como las potencias más importantes ayudan a Washington a salir de Irak, es casi seguro que un precio deberá ser pagado. Este podría ser solicitado en dos monedas: alguna forma de garantía fuerte de que Washington no emprenda de nueva una guerra "preventiva" descabellada como la acción militar altamente desestabilizadora y destructiva que inició en 2003, y un rol más fuerte para las potencias no-estadounidenses en las siempre sensibles negociaciones globales israeli-árabes.

En esta última instancia, pienso que Fred Halliday se equivocó. Al ir a Irak, la gente de Bush no sentía que "necesitaba" el apoyo de Tony Blair (o de nadie más) lo suficientemente urgente como para que necesitasen ceder su posición monopólica en la diplomacia árabe-israeí, o en su apoyo unilateral al gobierno israelí del día a fin de ganar. Al salir de Irak, el balance de poder entre Washington y el resto del mundo será, muy probablemente, algo muy diferente.

Así que mientras Estados Unidos se retira de Irak, podrían haber algunos desarrollos en la política internacional que fortalecerán la estabilidad global. Estados Unidos podría perder la habilidad que ha tenido por tanto tiempo de bloquear cualquier resolución sobre la disputa Palestino-Israelí que no se ajuste a los deseos de Israel. Estados Unidos y las otras potencias del mundo podrían, finalmente, trabajar de manera seria en la estabilización de Afganistán (y otras partes del mundo que han sido desde hace mucho abandonadas como Somalia, la República Democrática del Congo y Darfur), en lugar de permitirles enconarse y así encubar nuevos al-Qaidas u otros grupos, con redes que están aún por verse de agitadores internacionales. Y de manera crucial, el desequilibrio del poder bruto entre los 300 millones de personas de Estados Unidos y los 6 mil millones de humanos que no son ciudadanos de Estados Unidos podrían finalmente cambiar hacia una posición más igualitaria y, por tanto, más justa y estable. Pero al lado de estas posibles "ganancias" desde el punto de vista de la construcción de un mundo más justo, tambien necesitamos hacer un recuento de las pérdidas inflingidas por todo el proyecto brutal de Bush en Irak primero, las pérdidas masivas inflingidas al pueblo de Irak, pero también las pérdidas de vidas y del tesoro [treasure] estadounidenses.

Me doy cuenta que muchos estadounidenses que no se encuentran listos, como yo lo estoy, de dar la bienvenida al prospecto de un decrecimiento [diminishment] (o, yo diría, una rectificación) de la cantidad desproporcionada de poder que nuestra nación ha sido capaz de ejercer en los asuntos mundiales durante los últimos 60 años. Muchos estadounidenses hoy --como muchos ciudadanos británicos o francesde hace 80 años-- piensan que es algo así como "natural" que su nación intervenga en los sucesos de otras nacines alrededor del mundo y actúe como el árbitro crucial en los asuntos internacionales. (Y sí, por medio de la historia casi todas esas las intervenciones siempre llegan vestidas con atuendos de "salvasionistas". Muy pocas naciones realmente emprenden, sabiéndo, una guerra o cualquier otro tipo de intervención extranjera cuando su pueblo claramente entiende que es algo injusto en ese momento. Si tal entendimiento llega en algún momento, sólo se sabe después.)

¿Por qué el hegemonismo de Estados Unidos en el mundo parece "natural" para tantos estadounidenses? ¡Penetrar en las raíces de esa noción particular sobre el concepto más amplio sobre el excepcionalismo estadounidense [American exceptionalism] tomaría un largo tiempo! Baste anotar aquí que después del 11 de septiembre, los ataques de ese día cubrieron su propia fuerza de conmoción, temor y enojo en lo fundamental de esas viejas actitudes estadounidenses. Por casi 30 meses después del 11 de septiembre, los sentimientos de venganza, y de la rectitud de la ira estadounidense (y de todas las acciones que discurrieron desde ahí), pareció aún dominar la conciencia de una amplia élite política en Estados Unidos. Sólo fue luego de las revelaciones de Abu Ghraib, en abril de 2004, que el discurso dominante del país sobre la guerra, y sobre lo que había convertido su sed de venganza a los Estados Unidos, se convirtió en algo más conciente y abierto a la auto-crítica.

Actualmente, una clara mayoría de estadounidenses juzgan que la invasión a Irak fue algo malo por hacer. Una clara mayoría similar asegura que la Administración debería establecer un calendario para el retiro. Esta disposición para retar la perspectiva de la gente de Bush sobre la situación en Irak es recibida como un signo del creciente entendimiento público, pero no es indicación de ningúna disposición automática para retar el principio del excepcionalismo de Estados Unidos con más amplitud. Confrontados con el asunto, yo creo, nuestro siguiente gran reto como ciudadanía, y es un reto que los acontecimientos de los próximos años casi de seguro nos forzará a confrontarnos de frente.

SPIEGEL ONLINE - Junio 9 de 2006, 10:29 AM (Traducción al castellano © de Enkidu)

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