Miradas cotidianas
de una época
Por Dalia Acosta
LA HABANA, 30/08/2006 (IPS) - Al final del día,
Alina Díaz suele ir a la orilla del mar a contemplar las profundas
aguas caribeñas que un día se tragaron a su hijo Abel. Dos años después,
aún no logra entender por qué el estudiante de 21 años se involucró
en aquella aventura que lo alejaría de los suyos y de la vida.
"Lo tenía todo: una casa bonita, novia, dinero,
el auto del padre, pero quería más y más. A veces pienso que nosotros
tenemos la culpa porque desde niño trabajamos para darle todo lo que
quería. Empezó a soñar con cosas que nunca tendría en este país",
confiesa a IPS esta madre de 45 años, vecina de la céntrica zona
habanera del Vedado.
Abel y unos amigos compraron un bote y se lanzaron al mar una noche de
abril de 2004. "Tres días después vino la novia, desesperada, a
contarme que el pariente que los esperaba en Estados Unidos no tenía
noticias de ellos. Fueron momentos terribles. Nunca hemos vuelto a saber
nada", agrega. Díaz quisiera tener la capacidad de retroceder el
tiempo y poder creer en algo.
En un barrio muy diferente, ubicado en las márgenes de un río que
atraviesa la capital cubana, la familia de Gabriel Jiménez vive en una
casa hecha de materiales reciclados, con piso de tierra y sin servicios
de electricidad, alcantarillado ni acueducto. Ninguno de los tres hijos
ha pensado en emigrar.
Cuando Jiménez quedó viudo a los 37 años, decidió que la única
manera de "echar pa'lante" era dejar su pueblo natal y viajar
a La Habana. "Y aquí estoy. Vivimos en un barrio marginal, el
colmo de la pobreza en este país. Sin embargo dos de mis hijos ya se
graduaron en la universidad y el tercero se hizo técnico", afirma.
Jiménez espera una respuesta a los graves problemas de vivienda que
enfrenta la isla. "Deberíamos tener aunque sea la opción de
alquilar un lugar mejor sumando mi salario y el de mis hijos",
comentó quien se declara "revolucionario hasta la muerte".
La vivienda es una de las mayores causas de insatisfacción de la
población cubana, según un sondeo sin pretensiones estadísticas
realizado por IPS entre 200 personas de La Habana, capital de este país
de 11,2 millones de habitantes.
La consulta periodística sobre los resultados de la revolución del 1
de enero de 1959 y el gobierno de 47 años de Fidel Castro arrojó como
las "insatisfacciones" más comunes los bajos salarios, los
altos precios, las ineficiencias de los servicios básicos, la circulación
de dos monedas (el peso corriente y el convertible) y la restrictiva política
migratoria que obstaculiza los viajes al exterior.
Aunque muchas personas reconocen que la crisis de los años 90 repercutió
negativamente en algunos sectores sociales, la mayoría expresó su
satisfacción con los servicios de salud y valoró la educación
gratuita para toda la población, gracias a la cual se ha creado un
importante capital humano.
Las personas entrevistadas también resaltaron el desarrollo económico
y social del interior del país, las garantías de empleo y de seguridad
social, la creación de oportunidades para las mujeres, la política de
igualdad racial, e incluso la seguridad ciudadana, pese al aumento de la
violencia desde 1990.
"Cuando la revolución triunfó yo tenía 15 años. Alfabeticé, me
libré del yugo familiar y empecé a trabajar y a estudiar, en fin,
cambió mi vida, y yo experimenté cómo se transformaba este país",
dijo Marta Díaz, una médica jubilada, quien a sus 62 años mantiene un
intenso trabajo como activista en los Comités de Defensa de la Revolución.
"Hago guardias, distribuyo la vacuna contra la polio, busco
donadores voluntarios de sangre y ayudo a las maestras de la escuela
cercana en los casos de niños mal atendidos por su familia… Hago todo
lo que puedo. Sé que no tenemos todo lo que aspirábamos en 1959, pero
este mundo es mucho más justo que aquel que yo conocí", añade.
Ahora Díaz mira con orgullo a su nieta, estudiante de periodismo en la
Universidad de La Habana, pero nota que es diferente: "Mis
conquistas para ella son derechos".
"Ya sé que hay problemas económicos que lo matizan todo, pero
deberíamos tener más acceso a la información, navegar libremente por
Internet, la opción de viajar a otro país y la posibilidad de pasar
unas vacaciones en un hotel en la playa. Podrían crearse más
diferencias sociales, pero ya existen", comentó la nieta de Díaz.
Además de minorías enriquecidas o privilegiadas, contrarias al
igualitarismo que promovió el gobierno durante décadas, actualmente
conviven diversas generaciones que tienen apreciaciones diferentes del
proceso social iniciado hace casi medio siglo.
Entre la población cubana hay desde fervientes seguidores del proyecto
de Castro, hasta opositores radicales, pasando por un grupo amplio que
promueve cambios dentro del mismo sistema, y otro que, sin mantener
clara una posición a favor o en contra, opta por la estabilidad y la
adaptación.
Ese último es el caso de un librero que tiene su puesto de venta en una
plaza del casco histórico habanero. "Yo tengo mi negocio redondo y
sé bien cómo funciona el sistema. Los turistas vienen a mí porque les
doy lo que las librerías estatales no tienen. La competencia cabe en mi
puño. ¿Para qué quiero un cambio?", dijo a IPS.
A juicio de un historiador, de 32 años, la gente se va porque se cansa
de esperar una mejoría que no llega. "Nos pasamos la vida echándole
la culpa al bloqueo de Estados Unidos, y es verdad que hace lo suyo,
pero la mayoría de los problemas son culpa nuestra, por ineficiencia y
políticas internas erradas".
Muchas personas abandonan Cuba o desean hacerlo, muchas más se quedan y
quieren vivir aquí. También se dan casos como el de un cubano de 27 años
que, tras vivir dos años en la ciudad estadounidense de Miami, regresó
de vacaciones y se quedó en la isla.
El balance que hizo fue claro. "Allá tenía que trabajar duro de
verdad. Aquí, aunque seas pobre, no te mueres de hambre. Mi familia
tiene una casa grande, alquilamos a los turistas y yo recibo mi parte
del negocio. Lo único que tengo que hacer es garantizar los
abastecimientos. Además, esto es lo mío", explicó.
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