Lou la sibila de Hainbberg en el Teatro Santa
Catarina:
"La dramaturgia de Martínez Osorio subraya el milagro de la
vida"
De Beatriz Martínez Osorio.
Dirección: Claudia Ríos.
Teatro Santa Catarina.
Jardín Santa Catarina 10, Coyoacán.
Presentaciónes:
Viernes: 20:00 hrs
Sábados: 19:00 hrs
Domingos: 18:00 hrs
Ciudad de México, 1° de septiembre (Agustin Villalpando/Enkidu): Una noche de llovizna que cae blandamente sobre el sur de la Ciudad de México. El frío impulsa a tomar un café. Agradecemos la sugerencia de la Maestra Ella Laboriel, quien junto con Delia de la O, nos trataron, como siempre, con una cortesía sin igual y nos aconsejaron el restaurante junto al Teatro Santa Catarina. Excelente elección por si el clima te sorprende ya que por sólo $14 pesos podrás degustar un café de olla en jarrito de barro y todo...
Regresando a las 20:00 Hrs. y ya con nuestro amigo, el actor Raúl Sánchez (quien ha prometido escribir su propia reseña de esta obra), ingresamos de inmediato a la sala, pues estábamos a unos minutos de iniciar la función. Un hombre jóven, con las luces cenitales, avanza y desvela el plástico que cubre los muebles y, como evocando recuerdos, dejará una recámara que es, a un tiempo estudio, en otro sala, lo mismo en Alemania que en Rusia... El pasillo, cubierto de hojarasca, será campo, jardín, huerto...
Entramos así a la cuarta dimensión del Arte Dramático -con mayúsculas-, pues el tiempo y el espacio pierden su inmutabilidad para desdoblarse durante el decurso de esta puesta en escena sobre la vida de Lou Andreas Salomé, donde la primerísima Actriz Adriana Roel comparte con tod@ el respetable, una vez más, su plenitud interpretativa y gracias a su maestría se transforma en niña, en mujer mayor, en adolescente, en joven y madura; todo a lo largo de dos horas que pasan como si apenas fuesen un par de instantes. Un acierto es la escenografía e iluminación (Matias Gorlero), al tiempo que la música (Alejandra Hernández) y el vestuario (Cordelia Dvorak) son de lo más actual y evocador.
La energía que proyecta la Roel, el dominio sobre su expresión corporal, así como la presencia de un escenario sobrio que, como los sonidos del ferrocarril o de la guerra, la música, la luz y, por supuesto las actuaciones de todos los actores, evocan momentos clave en la vida de Lou, libre-pensadora, mujer compleja de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX quien, en nuestros días, podría calificarse de "poliamorosa" pues, reconoce durante la obra, cuando se dice que ella ha tenido, en cada ocasión, siempre, a dos hombres como pareja y ella afirma "no es cierto, fueron más".
No es un asunto de concupiscencia, sino más bien nos encontramos ante una bofetada -con sonrisa de niña incluida- de lo que implica conquistar la Libertad personal, cualesquiera que sean nuestro pasado genético o nuestra identificación genérica, de edad, étnica, etc. Va más allá, pues es un llamado de atención al respetable: Desde el principio de la obra, sabemos que Lou muere el 5 de febrero de 1937, a las 20:00 Hrs., lo mismo que sabemos que el régimen nacional socialista alemán quemará las cosas que encuentre y que hubieron sido de ella.
Y sin embargo, la dramaturgia de Martínez Osorio subraya el milagro de la vida. Una vida que, como todas, es original e irremplazable. Una vida que, como pocas, adolece de la sensación de culpa y ésta es reemplazada por la felicidad. Lou siempre es feliz, aunque le hayan quitado todo -el padre, su hijo nonato-. Ella persevera en vivir lo que "No son fantasías, sino cosas fantásticas".
Cientos de frases que convendría rescatar de esta obra, miles de momentos y seguramente cada uno de los asistentes tendrá sus propia relación personal con "Lou, la sibila de Hainberg". Al preguntar Rilke a Lou "¿Me amas?" ella responde: "Tu eres mi primera realidad, mi única realidad". En otro momento, ella dice que no es feminista, simplemente busca "la integridad como individuo". Nietzche, enamorado asegura: "Ya no volveré a estar solo. Y podré aprender a ser humano, otra vez." Sobre la individualidad dice Lou: "No hay nada como la independencia para evolucionar, para crecer", y mientras Freud afirma que "Viena ya no es un lugar seguro en estos tiempos", Lou señala: "El retorno a uno mismo es el regreso a la armonía primera... Soy una mujer que vive en la alegría." Y después, relatándole momentos a Ernst, parafrasea un chiste de Freud: "Cuando uno de los dos muera, yo me iré a vivir a París".
La conciencia de la guerra y de lo que ocurre a su alrededor llevan a que Lou confíe sus cosas más queridas a un personaje vital en el desarrollo de la trama de la vida real: Ernst Pfeiffer [Fidel Monroy], jóven que llegó a contarle su vida a la Doctora Salomé y con quien comparte amistad, confianza y trabajo profesional. Pfeiffer será albacea de los bienes de Lou al tiempo que resguardará libros y documentos (y publicará) escritos de la intelectual. Es notable el cuidado de Lou por sus libros por lo que deberán ser puestos en cajas y resguardados pues, dice, "quiero que sigan vivos en otras manos".
Una mujer compleja que es consentida por su padre, un general de la Rusia Zarista, Gustav von Salomé, quien la marcó lo mismo que otros hombres, igualmente avasallantes, de quienes se rodeo: Sigmund Freud, Friedrich Carl Andreas (estos tres personajes bajo la excelente interpretación de Eugenio Cobo). Vemos desfilar ante nuestros ojos lo mismo a Friedrich Nietzche o Hendrick Gillot (Humberto Solórzano, con una ejecución elevada en ambos papeles), al igual que a Rainer María Rilke o Friedrich Pineles (Zemeck) (Antonio Araiza, en una soltura y control total de personajes).
Humor, ternura, una sensación de querer vivir y descubrir, antes de morir, cuál es el orígen, cuál el sentido, cuál la esencia pero, sobre todo, una Master Class de la praxis de vida, del savoir-vivre aunque, en palabras de Freud al enterarse de la muerte de su seguidora, a veces haya un "duro precio por sobrevivir a quienes amamos."
Sensaciones, vivencias, Lou, por ejemplo reinterpretó a Ibsen y transformó seis personajes del autor noruego en seis patos salvajes en búsqueda de su libertad. Sólo nos queda acompañarla y, en lo personal, desear, con ella, concluir esta jornada nuestra en esta balsa planetaria, con la frase: "Gracias. No me arrepiento de nada. He vivido mi vida toda."
Antes de concluir me gustaría agradecer de todo corazón esta obra, pues la dramaturga utiliza un castellano sólido, se observa la investigación de la Directora y su compenetración con los actores. El fruto logrado con "Lou, la sibila de Heinberg" contiene una madurez plena, lo que resalta -sin ser estrambótico- con palabras en alemán, francés así como las frases de una canción rusa -cantada por Roel en ruso, claro- y sin que tuviese que haber una sola grosería. Albricias para quienes gustamos del Arte Dramático y, amig@ lector@, no puedes dejar de verla.
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| Fotos: Marco
Lara |
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Obra: Lou, la sibila de
Hainbberg
De Beatriz Martínez Osorio
Dirección: Claudia Ríos
Lugar: Teatro Santa Catarina
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