| Leyendo las Caricaturas del Holocausto en Teherán
Reading the Holocaust Cartoons in Tehran
Roya Hakarian, New York Times, 2 de septiembre (Traducción al castellano © AVS/Enkidu):
La noticia sobre la exhibición de las caricaturas del Holocausto en Teherán me llevó a un momento de mi infancia. En 1974, su primer año en la Academia para las Artes Visuales de Teherán, mi hermano montó una exposición de sus propias caricaturas. Los dibujos eran el mejor intento de un novicio sobre sátira política, pero fueron suficientes para alarmar a mi padre, obediente de la ley [law-abiding], quien envió a mi hermano fuera, a Estados Unidos. Nuestra familia nunca ha estado completa de nuevo.
En ese entonces, pensé que mi padre había tomado la decisión por miedo a Savak, la agencia de inteligencia del Shah. Años más tarde me di cuenta de que no era por temor sino por gratitud a todo lo que un hombre judío había podido lograr en Irán, lo que lo llevó a enviar a mi hermano lejos.
Nacido y criado en el pueblo mayoritariamente musulmán de Khonsar, contra todas las predicciones mi padre fue admitido en la Universidad, obtuvo un grado de maestría, se unió al ejército como teniente segundo, regresó a su pueblo vestido en el primer traje al estilo Occidental que los locales hubiesen visto, luego se trasladó a Teherán y se convirtió en educador destacado.
Sus historias de infancia continúan siendo los rasgos más característicos de nuestras reuniones familiares. Una vez un mullah malo vino a Khonsar, con la intención de crear problemas para los judíos; dos judíos maliciosos lo ahuyentaron al rociar su alfombra de rezos, en secreto, con licor. Luego hubo el momento en que un vendedor local ambulante de pescado se dio cuenta de que mi padre había tocado un pescado, por lo tanto había "ensuciando" toda la carga. El vendedor tiró el resto, proveyendo un festín de pescado gratuito a los judíos del pueblo.
Y lo mejor fue esto: Cuando llovió por ocho días consecutivos, mi abuela tomó por asalto la oficina del superintendente escolar en protesta por la regla de que los estudiantes judíos tenían que permanecer en casa los días de lluvia. Movido por la súplica de mi abuela, el director escoltó a mi padre a su salón de clases, le dio de beber un trago de agua, luego tomó el vaso y bebió el resto. El volteó a la clase y dijo: “Si esta agua es lo suficientemente buena para mí, es lo suficientemente buena para todos ustedes. Desde ahora, Hakakian vendrá a la clase en todo tipo de climas.”
Más que alguna instrucción religiosa, estas historias dieron forma a mi entendimiento de lo que significa ser un Iraní judío. En Persia, la tierra de la Reina Esther, cuya virtud superó el mal, uno podía, por agudeza o por sabiduría, superar cada intolerante. La retórica del Presidente Mahmoud Ahmadinejad sobre el Holocausto podría aterrorizar a la gente que desconoce Irán. Pero aquellos que sí le conocen, la encuentran, por encima de todo, trágica. Al resucitar símbolos como la cruz gamada [swastika] y otras reliquias de la era nazi, él está contaminando la esfera [realm] social iraní, donde tales conceptos apenas han existido. Sin duda alguna, los judíos han sido maltratados en Irán por toda su larga historia, pero en un grado es incomparable a lo sufrido por los judíos en Rusia y en Europa.
Durante sus 2,000 años de presencia en Persia, la comunidad Judía ha ayudado a dar forma a la identidad iraní. Algunos textos literarios persas importantes sobrevivieron la invasión árabe del siglo VII porque habían sido transliterados al Hebreo. La música tradicional persa debe su continuidad a los artistas judíos quienes la mantuvieron viva cuando se prohibió a los musulmanes practicarla. Con todo, los judíos iranís han tenido que esconder su identidad y contener [restrain] su expresión.
De todo el dolor que los musulmanes iranís han inflingido a los judíos, el más persistente es la obscuridad. Nosotros siempre hemos sido admirados por ser “completamente iranís”, el eufemismo para ser invisible, indistinguible de los musulmanes. Nosotros hablamos persa. Nosotros celebramos el Año Nuevo Iraní con tanto entusiasmo como cualquier otro iraní. Nuestras cocinas tienen el aroma de la cocina Persa. En nuestras festividades judías, bailamos la música persa. En Estados Unidos, con frecuencia hemos enfadado a nuestros contrapartes estadounidenses por no desear orar en sus templos, pues insistimos en conducir nuestros servicios en persa.
Con todo, los musulmanes iranís, incluso aquellos que nos han querido y que han entablado amistad con nosotros, jamás nos han conocido como judíos: en nuestras sinagogas, envueltos en chales de rezo, en nuestras mesas de fiesta relatamos la historia de nuestras batallas. Ellos carecen incluso del vocabulario adecuado por el cual referirse a los judíos: “¿Cómo debo llamarte, ‘Kalimi’ o ‘Johoud?’ ”, preguntan a veces. Estas palabras son los equivalentes persas de "Judió" y "kike" [término ofensivo utilizado para decir "judío", N/Enkidu]. Y de forma ocasional, como para infligir castigo preguntan: “¿Consideras que Irán es su verdadera tierra natal?” [Do you consider Iran your real homeland?].
Los iraní judíos también se mantienen como obscuros para los judíos no-iranís. Algunas veces les sorprende cuando digo que mi generación estaba manifestándose en las calles gritando: “!Muera el Sha!” [“Death to the shah!”].
Pero 1979 fue un movimiento maravilloso e igualitario [egalitarian] cuando la gente joven se despojó de todo lo que no los definía absolutamente como iraní.
Cuatro años más tarde, el régimen hizo lo mejor para iniciar políticas y prácticas hostiles en relación con minorías religiosas. Fuentes de agua y baños en mi preparatoria fueron segregados, algunos marcados con señales que decían: “Sólo para Musulmanes” [“For Muslims Only”]. Pero por lo general, los iranís no fueron receptivos de tal intolerancia. Nosotros entrecruzamos por entre los quiscos [We crisscrossed among the stalls] hasta que las señales se volvieron triviales.
El régimen post-revolucionario había tenido la desgracia de gobernar a un pueblo reacio a adoptar su mensaje radical. Por es que Iran continúa siendo el hogar de la segunda comunidad numérica de Judíos en el Medio Oriente —Israel es el primer lugar.
Mi padre apenas se aventura a salir de su departamento en Queens estos días. Cuando mis hermanos y hermanos y yo lo regañamos por no salir lo suficiente, él dice que no hay nada aquí que él desee ver. “Díganme que vamos a ir a Khonsar,” asegura él, “y nos vemos en la puerta.”
Roya Hakakian es autora de dos libros de poesía en Persa y de la autobiografía “Journey from the Land of No: A Girlhood Caught in Revolutionary Iran.” ["Viaje desde la Tierra de No: Una Juventud femenina atrapada en la Irán
Revolucionaria].
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