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La
muerte, el sida y los
dolientes
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Rubén Fischer/Enkidu
Los
muertos, ¿siguen presentes presentes? Por tradición, ¡bendita tradición!,
nos reunimos para recordar a aquellos que por diversas razones han
tenido que dejar esta vida. Sin embargo, es un hecho que en nuestros
recuerdos siguen vivos, latentes, sonrientes, cachondos, amatorios,
hilarantes, poéticos, amigables, querendones y demás adjetivos, aunque
a veces esos mismos recuerdos nos lastimen y nos hagan llorar. Nuestra
ceremonia, o quizá sería mejor llamarla rito, entraña hermanarnos con
el más allá (cualquier cosa que esto sea) y tender puentes efímeros
desde esta vida por donde transiten, al menos una vez al año, y puedan
conciliar con nosotros en este presente y en esta vida llena de
vicisitudes.
El
primero de noviembre, la Alameda Central se llenó de velas, calaveras,
flores, dulces, condones, lubricantes, cruces, ángeles, copal, tumbas,
frutas, papel picado, papás, mamás, hijos, hermanos, esposos, maridos,
maridas, esposas, primos, entenados, viudos, curiosos, solidarios,
activistas, médicos, maestros, perros callejeros, catrinas, condoneras,
dolientes, vendedores, música, artistas diversos, cuenta cuentos,
bailarines, caras sonrientes, caras tristes, pesares, recuerdos, sueños,
deseos, amor, dolor y más, conformando el escenario que atrapó la
atención de diversos visitantes.
Por
décimo tercera ocasión, organizaciones de la sociedad civil (La casa
de la sal, A. C., Cappsida, Comisiones Unidas Centro Alameda, Conciencia
para el futuro, cups 25,
Diversum México, Frenpavih, Gapes, Redsida, uvips,
Vih...ctoria, Voz y sida,
Colectivo Sol y algunos más) se reunieron para recordar a aquellos que
han sido víctimas del vih-sida,
por cifras oficiales, pero también tomando en cuenta a aquellos
posibles que están fuera de esos conteos.
Este
es otro año en que se suman más a esa lista en que han ido quedando
grabados los nombres de muchos de los muertos manifiestos por sida, ¿por qué este mal aumenta y no se detiene? ¿En qué
estamos fallando, no sólo los activistas o las instituciones
gubernamentales sino la población en general, que seguimos contrayendo
el bicho maldito que ha llenado de pánico al amor? ¿Falta educación
familiar, escolar, institucional? ¿Qué buscamos cuando tenemos
relaciones sexuales sin protección?... quedan las preguntas como un eco
cuyo rumor asusta el sueño.
Escuchaba
a Astrid Hadad, casi al final de evento, dando su recomendaciones de
cuidado y prevención a los escuchas atentos que, complacidos,
tarareaban sus canciones: Cuidarse más para disfrutar más el amor... Y
yo me pregunto, ¿no sería maravilloso, por fin, quererse más, querer
más nuestra vida y alargar lo más posible nuestro placer de estar, de
compartir, de amar, y volver a cifrar el deseo desde la salud emocional,
física y mental? El vih-sida es un gran problema y nos compete a todos. Mejor,
celebremos la vida con sexo seguro y protegido.
En
sus relaciones: mujeres, ¡exijan el condón!; hombres, ¡pónganselo!
Por
favor, que no haya más víctimas por vih-sida:
no matemos el amor ni la salud.
Pequeño
registro visual
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