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La cinematografía como arte de redención
Por
José F. Colón “Brokeback Mountain”, un film del amor prohibido entre dos hombres vaqueros en los estados estadounidenses de Wyoming y Texas, por su precision histórica, se ha convertido en un documento de resistencia contra el sectarismo, el prejuicio y el discrimen del fundamentalismo contra los grupos progresistas, incluyendo por supuesto, la comunidad GLBTT. Esta película, que encierra una ternura escondida por temor al rechazo y a la muerte misma, surge en medio del segundo termino de uno de los presidentes estadounidenses que más ha contribuido a fomentar el conservadurismo y la institución de la familia tradicional como eje de la sociedad: el Presidente tejano George W. Bush, Jr. Siguiendo, quizás sin querer, el rumbo que tomó el afamado documental Farenheit 9/11, la película dirigida por Ang Lee y protagonizada por Heith Ledger, Jake Gillenhaal y Anne Hathaway, (nominada para siete “Golden Globe Awards”, premiación que se lleva a cabo en la noche en que escribo este escrito), este film saca a relucir fantasmas viejos y no tan viejos que han afectado la vida de miles de seres humanos que han escondido su preferencia sexual, y han vivido esclavizados por la reglas rígidas de una sociedad cerrada donde rige el discrimen y el prejuicio contra quienes no amen como “se supone”. Los fantasmas van desde los matrimonios por obligación, el dolor de una persona al saberse engañada, (como es el caso en el papel que protagoniza Hathaway, la esposa que descubre por casualidad la homosexualidad de su marido), el impedimento de poder vivir una vida feliz, (los protagonistas encarnan una pareja que nunca pudo vivir en paz debido a las circunstancias de su relación), y peor que nada: la realidad de que vivimos en tiempos en los cuales todavía el odio es causa de crímenes... “Brokeback Mountain” es un documento que erige un monumento a la esperanza y a la belleza. La montaña representa la cúspide de una lucha que sufrimos para desencadenarnos y poder amarnos como nos dicta el corazón, no como quiera un gobierno o una sociedad conservadora. El film está lleno de simbolismos similares: el caballito de madera, la camisa vieja puesta en una bolsa de papel, las cenizas de un ser querido y la tumba familiar que entierra a quien debió y debe ser suyo, no permitiendo que la voluntad del fenecido se cumpla... En medio de esta tragedia moderna existe la madre, llena de ternura hacia quien fuera el compañero de su hijo asesinado, y el padre, que sigue representando la terquedad del fundamentalismo oficial. Sin embargo, la mera presencia del amante que “sobrevive” en casa de su amado muerto exhibe una apertura a tiempos futuros donde pueda haber verdadera justicia... En medio de una guerra de raíces inciertas es refrescante y esperanzador ver como la industria cinematográfica cumple con su responsabilidad y contesta abierta y sin temor las actitudes de apatía y desdén con las que por desgracia tenemos que enfrentarnos día a día... Hoy, cuando quizás sintamos que nos abaten golpes bajos, somos testigos de que la humanidad siempre encuentra un medio para lograr la redención, aun cuando éste tarde. El cine comercial puede ser sumamente destructivo, violento y grosero pero a su vez puede cumplir un propósito, como es en el caso de “Brokeback Mountain”, y convertirse en una cima alcanzable a través de la ternura, la pasión y el amor... Invito al lector a que en cada premiación que reciba esta pieza del celuloide sintamos un aplauso a la perseverancia de la lucha que llevamos juntos, hasta la victoria. El arte, en este caso el cine, es fiel ejemplo de la vida... Muchas
gracias.
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