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El
feminismo, ¿moda que se renueva?
Que
el feminismo ha existido siempre puede afirmarse en diferentes sentidos.
En el sentido más amplio del término, siempre que las mujeres,
individual o colectivamente, se han quejado de su injusto y amargo destino
bajo el patriarcado y han reivindicado una a situación diferente, una
vida mejor.
En
este recorrido histórico por la historia del movimiento feminista
dividiremos la exposición en tres grandes bloques: el feminismo
premoderno, en que se recogen las primeras manifestaciones de "polémicas
feministas"; el feminismo moderno, que arranca con la obra de Poulain
de la Barre y los movimientos de mujeres y feministas de la Revolución
Francesa, para resurgir con fuerza en los grandes movimientos sociales del
siglo XIX, y, por último, el feminismo contemporáneo, en que se analiza
el neofeminismo de los años sesenta-setenta y las últimas tendencias.
El
proceso de recuperación histórica de la memoria feminista no ha hecho más
que comenzar. Cada día que pasa, las investigaciones añaden nombres
nuevos a la genealogía del feminismo, y aparecen nuevos datos en torno a
la larga lucha por la igualdad sexual. En general puede afirmarse que ha
sido en los periodos de ilustración y en los momentos de transición
hacia formas sociales más justas y liberadoras cuando ha surgido con más
fuerza la polémica feminista.
Es
posible rastrear signos de esta polémica en los mismos principios de
nuestro pasado clásico. La Ilustración sofística produjo el pensamiento
de la igualdad entre los sexos, aunque, como lo señala Valcárcel, ha
sobrevivido mucho mejor la reacción patriarcal que generó: "las
chanzas bifrontes de Aristófanes, la Política de Aristóteles, la
recogida de Platón". Con tan ilustres precedentes, la historia
occidental fue tejiendo minuciosamente -desde la religión, la ley y la
ciencia- el discurso y la práctica que afirmaba la inferioridad de la
mujer respecto al varón. Discurso que parecía dividir en dos la especie
humana: dos cuerpos, dos razones, dos morales, dos leyes. (Robotham,
1982).
El
Renacimiento trajo consigo un nuevo paradigma humano, el de autonomía,
pero no se extendió a las mujeres. El solapamiento de lo humano con los
varones permite la apariencia de universalidad del "ideal de hombre
renacentista". Sin embargo, el culto renacentista a la gracia, la
belleza, el ingenio y la inteligencia sí tuvo alguna consecuencia para
las mujeres. La importancia de la educación generó numerosos tratados
pedagógicos y abrió un debate sobre la naturaleza y deberes de los sexos.
Un importante precedente y un hito en la polémica feminista había sido
la obra de Christine de Pisan, La ciudad de las damas (1405). Pisan ataca
el discurso de la inferioridad de las mujeres y ofrece una alternativa a
su situación, pero, como certeramente indica Alicia: (Puleo, 1999),
no hay que confundir estas obras reivindicativas con un género apologético
también cultivado en el Renacimiento y destinado a agradar a las damas
mecenas. Este género utiliza un discurso de la excelencia en que elogia
la superioridad de las mujeres -"el vicio es masculino, la virtud
femenina"- formulación de igualdad.
La
cultura y la educación eran entonces un bien demasiado escaso y, lógicamente,
fueron de otra índole las acciones que involucraron a más mujeres y
provocaron mayor represión: la relación de las mujeres con numerosas
herejías como las milenaristas. Guillermine de Bohemia, a fines del siglo
XIII, afirmaba que la redención de Cristo no había alcanzado a la mujer,
y que Eva aún no había sido salvada. Creó una iglesia de mujeres a la
que acudían tanto mujeres del pueblo como burguesas y aristócratas. La
secta fue denunciada por la inquisición a comienzos del siglo XIV. Aunque
las posiciones de las doctrinas heréticas sobre la naturaleza y la posición
de la mujer eran muy confusas, les conferían una dignidad y un escape
emocional e intelectual que difícilmente podían encontrar en otro
espacio público.
El
movimiento de renovación religiosa que fue la Reforma protestante
significó la posibilidad de un cambio en el estado de la polémica. Al
afirmar la primacía de la conciencia-individuo y el sacerdocio universal
de todos los verdaderos creyentes frente a la relación jerárquica con
Dios, abría de par en par las puertas al interrogante femenino: ¿por qué
nosotras no? Paradójicamente el protestantismo acabó reforzando la
autoridad patriarcal, ya que se necesitaba un sustituto para la debilitada
autoridad del sacerdote y del rey. Por mucho que la Reforma supusiese una
mayor dignificación del papel de la mujer-esposa-compañera, el padre se
convertía en el nuevo e inapelable intérprete de las Escrituras,
dios-rey del hogar.
Sin
embargo, y como ya sucediera con las herejías medievales y renacentistas,
la propia lógica de estas tesis llevó a la formación de grupos más
radicales. Especialmente en Inglaterra, la pujanza del movimiento puritano,
ya a mediados del siglo XVII, dio lugar a algunas sectas que, como los cuáqueros,
desafiaron claramente la prohibición del apóstol Pablo. Estas sectas
incluyeron a las mujeres como predicadoras y admitían que el espíritu
pudiese expresarse a través de ellas. Algunas mujeres encontraron una
interesante vía para desplegar su individualidad: "El espíritu podía
inducir a una mujer al celibato, o a fiar el derecho de su marido a
gobernar la conciencia de ella, o bien indicarle dónde debía rendir
culto. Los espíritus tenían poca consideración por el respeto debido al
patriarcado terrenal; sólo reconocían el poder de Dios". Entonces
se las acusó de pactar con el demonio. Las frecuentes acusaciones de
brujería contra las mujeres individualistas a lo largo de estos siglos, y
su consiguiente quema, fue el justo contrapeso "divino" a
quienes desafiaban el poder patriarcal.
En
la Francia del siglo XVII, los salones comenzaban su andadura como espacio
público capaz de generar nuevas normas y valores sociales. En los salones,
las mujeres tenían una notable presencia y protagonizaron el movimiento
literario y social conocido como preciosismo. Las preciosas, que declaran
preferir la aristocracia del espíritu a la de la sangre, revitalizaron la
lengua francesa e impusieron nuevos estilos amorosos; establecieron pues
sus normativas en un terreno en el que las mujeres rara vez habían
decidido. Para Blanco, 1997, la especificidad de la aportación de
los salones del XVII al feminismo radica en que "gracias a ellos la 'querelle
féministe' deja de ser coto privado de teólogos y moralistas y pasa a
ser un tema de opinión pública". Sin embargo, tal y como sucedía
con la Ilustración sofística, seguramente hoy se conoce mejor la reacción
patriarcal a este fenómeno, reacción bien simbolizada en obras tan
espeluznantemente misóginas como Las mujeres sabias de Molière y La
culta latiniparla de Quevedo.
¿Es
el feminismo un movimiento de liberación y reivindicación? ¿Cuáles son
sus perspectivas e ideas?, ¿Cuáles son sus planteamientos y objetivos?.
¿Es posible explicar el feminismo a través del construccionismo social?
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