| Alfombra roja en la Berlinale para ex presos de
Guantánamo
Berlín, 14/02/2006 (EFE).- La Berlinale desplegó hoy su alfombra roja
para dos ex presos de Guantánamo presentes en el festival de la mano de
Michael Winterbottom y su nuevo exponente de cine denuncia, "The Road
to Guantanamo", acompañando la desesperanzadora visión de Irán que
es "Zementan", de Rafi Pitts.
Winterbottom regresó a Berlín, tres años después de llevarse el Oso
de Oro con "In this World", determinado a plasmar en buen cine
una realidad que clama justicia inclusive ya desde el edificio de la ONU:
la ilegalidad de la cárcel construida por EEUU en territorio cubano.
"Si hace cuatro, cinco años, hubiese hablado de un lugar así,
con centenares de presos retenidos por el Gobierno de EEUU fuera de toda
legalidad, nadie lo hubiese creído posible (...) Hoy estoy aquí con dos
antiguos presos", dijo el director británico, recibido con rango de
héroe tras la proyección para la prensa.
Los antiguos presos arrancados de las jaulas de Guantánamo y presentes
sobre la alfombra roja son Ruhel Ahmed y Shafiq Rasul, dos de los cuatro
británico-paquistaníes que en septiembre de 2001 salieron de Birmingham
en dirección a Karachi para asistir a la boda de uno de ellos.
De Pakistán pasaron a Afganistán siguiendo la llamada de un imán
"para ayudar a nuestros hermanos en su dolor", explicó Rasul.
Empezó un largo viaje de Karachi a Kandahar, luego a Kabul, a Kunduz,
hasta caer prisioneros de la Alianza del Norte, primero, y de EEUU,
después.
Para entonces ya eran sólo tres, puesto que el más joven del cuarteto
fue separado del grupo y nunca más supieron de él.
"The Road to Guantanamo" fusiona los testimonios del trío de
muchachos paquistaníes, más escenas rodadas con actores que muestran el
genio de Winterbottom para convertir la ficción en documento, e imágenes
de televisión "made in USA" sobre los bombardeos de Afganistán
y las acciones contra objetivos talibanes.
Arranca de una conferencia de prensa de George W. Bush y Tony Blair,
con el presidente de EEUU afirmando que los presos de Guantánamo "no
son buena gente". El testimonio de los paquistaníes que salieron de
Birmingham para una boda trata de probar lo contrario.
La pregunta no es cuántos "errores" como ésos hay entre los
centenares de presuntos fanáticos miembros de Al Qaeda en Guantánamo;
tampoco se pretende demostrar que se encerró ahí a cientos de inocentes.
La cuestión es si Guantánamo no es, simplemente, un producto de otro
tipo de fanatismo, independientemente de a quiénes se ha torturado ahí.
Cuántas convenciones internacionales se rompen desde el momento en que se
empaqueta a un preso, tapándole la cabeza con una bolsa de cartón con un
número y hasta que se le mete como un animal en una jaula.
Los tres muchachos que iban de boda pasaron más de dos años en la
isla de Cuba hasta su regreso a Londres, donde, tras un nuevo
interrogatorio, fueron absueltos de todo cargo.
Ellos se convirtieron hoy en la voz de los centenares de presos que
pasaron o siguen ahí, sin un pasaporte occidental que les respalde.
"The Road to Guantanamo" no fue el único testimonio de la
jornada. "Zemestan" -"It's Winter", en su versión
internacional inglesa- supuso el regreso a la Berlinale, tras tres
décadas de ausencia, de un film iraní a concurso, lo que de por sí
tenía un mensaje político.
La película de Rafi Pitts, que sí ha representado anteriormente a su
país en los festivales de Venecia, París y Locarno, es todo lo contrario
al cine amable o fácil de ver.
Desde el principio se asiste al paisaje de la más absoluta pobreza,
con un protagonista, Marhab (Ali Nicsolat) andando de arriba abajo, junto
a una vía de un tren, en busca de trabajo, una esposa, una simple
perspectiva.
La pobreza sin paliativos acompañan cada imagen, cada escena.
Aparentemente no ocurre nada, más allá del incesante discurrir de Marhab
andando sobre la nieve, sobre las piedras del andén.
El sentido del film queda contenido en una muleta: la del esposo cuyo
lugar ocupa ahora Marhab, un hombre que un día emigró en busca de una
vida mejor para los suyos y que un invierno después se da cuenta de que
nunca podrá recuperar el hogar que dejó.
El heroico film de Winterbottom y la heroicidad misma que supone hacer
cine en Irán ocuparon la jornada a concurso, complementada con un
"thriller" tailandés, "Invisible Waves", de Pen-ek
Ratanaruang, una cinta hermosa y relajante, que probablemente poco o
ningún espacio encontrará en las crónicas de la jornada, colmada de
emociones.
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