Por
Alfonso Herranz (Casal Lambda, Barcelona)
Una de las
novedades más destacadas de la Mostra Lambda de este año ha sido la
presencia de numerosas producciones mexicanas, tanto en la sección
oficial como en las selecciones de documentales y cortos. Esta presencia
está motivada por el convenio firmado entre la Mostra y el Festival
Internacional de Cine y Teatro Gay de México (FICTGAY), que celebró su
primera edición el mes de enero. Aprovechando su presencia en Barcelona
durante la Mostra, hemos podido entrevistar a Alberto Legorreta, director
del FICTGAY. Con el trasfondo de la fiesta de clausura de la Mostra, hemos
hablado con él sobre el FICTGAY, sobre el cine mexicano, sobre la situación
de la homosexualidad en su país y otros temas de gran interés.

Para comenzar, ¿cómo llega un actor y director de
teatro a involucrarse en el mundo de los festivales de cine?
Bueno, en el año 2007 cumpliré ya 20 años haciendo
teatro. Comencé estudiando en la Universidad Nacional Autónoma de México
para ser actor, terminé la carrera ahí, tuve varios trabajos en teatro
y, posteriormente, me dieron mi primera oportunidad de dirigir en un
festival de teatro muy interesante, porque se trataba de crear obras de la
nada con un presupuesto mínimo pero con un discurso y una propuesta muy
clara. A partir de esta experiencia decidí estudiar dirección en una de
las escuelas más importantes de teatro de México, y comenzó una carrera
de dirección y actuación que no paró hasta que comencé a escribir.
Dentro de un laboratorio de teatro que hacía con la UNAM estrené mi
primera obra escrita, y ese nexo con la escritura me llevó a que un amigo
me propusiera ser coordinador editorial de una revista de espectáculos.
Otro amigo, que es también actor y director de teatro, de repente me dijo
que se iniciaba un nuevo programa de televisión sobre cine, producido por
una pequeña empresa que depende de Televisa (que tenía ya un programa de
diez años de tradición sobre cine). Y empiezo a escribir, primero para
el nuevo programa y después para el programa de Televisa, involucrándome
en el mundo del cine, que nunca había tocado en mi carrera de actor y
director. Ahí conocí a la directora de un festival de cine que comenzaba
en México, en Michoacán, y así me empiezo a involucrar también en el
mundo de los festivales. Entonces sentí que acababa un ciclo en el cual
estuve trabajando como actor, director, periodista, y también en producción
teatral y de eventos culturales.
¿Cómo surge la idea de hacer un festival de cine y
teatro gay en México?
Para mí un festival, cualquiera que sea el tema, es un
espacio de diálogo entre artistas. Dentro de mi carrera como director y
actor había hecho varios trabajos en torno a la temática gay, que me
interesaba mucho desarrollar en México, donde está un poco detenida,
cargada de clichés y estereotipos, y donde es necesario establecer
espacios de diálogo. Entonces llegué a la conclusión de que un festival
de cine y teatro gay era el lugar idóneo para empezar a dialogar con
otras culturas y con otros artistas. A partir de ahí comencé a preparar
el FICTGAY, que es el primer festival que se denomina “gay” en mi país,
utilizando un término muy claro, que involucra lo lésbico, lo transexual,
lo bisexual...
¿Cómo habéis planteado este primer FICTGAY, y como ha
funcionado? ¿Cuáles son tus objetivos para futuras ediciones?
El FICTGAY, por el momento, dura una semana y tratamos
de hacer una combinación entre cine y teatro. Hay una sede de cine donde
se presenta todo el trabajo de cortometrajes, documentales y películas
internacionales, y una sede teatral, el Centro Cultural Helénico, que es
uno de los centros de teatro más importantes de América Latina. Este año
se hizo la inauguración en la sede de cine, pero el próximo año se hará
en la sede teatral, para ir dándole su espacio a cada arte. Tratamos de
que la gente que va al cine sepa del teatro y que si un día va a ver una
película, al otro día pueda ir a una representación. Es una lucha por
lograr hacer converger dos artes, el cine y el teatro.
En el festival tenemos una dinámica de obras invitadas.
No hacemos un concurso ni de cine ni de teatro, porque no hay suficiente
producción mexicana con temática gay de un cierto nivel que nos
represente ante otros países. Pero mi sueño es llegar al nivel de
festivales como los que se hacen en España o en Francia, donde ves una
programación repleta no sólo de la temática, sino de los géneros, de
estilos dentro de un mismo género, etc... y entonces, sí, hacer un
concurso. La idea es, a partir del año que viene, dar un premio simbólico
de cine. Por otro lado, más allá del concurso, creo que el festival
tiene que ser un punto de diálogo y, además, ha de estimular la producción.
La gente se ha de sentir estimulada por un espacio que trabaja todo el año
para que su obra se vea y viaje, a partir del festival, por distintos
lugares del mundo.
Lo que sí pudimos hacer este año, y se está llevando
a cabo, es que, a partir de una lectura dramatizada de una obra de Oscar
Wilde que se hizo dentro del festival, el Centro Cultural Helénico nos ha
brindado el espacio para estrenar la obra dentro del FICTGAY 2007, ahora
ya como montaje escénico, así como para representarla una temporada en
el centro. Creo que es un logro que una obra abiertamente gay se ponga en
marcha en este centro. Finalmente, otro proyecto para el próximo año es
una maratón, que es realmente una locura. La idea es que a las 8 de la mañana
se comiencen a escribir una serie de obras por los grupos que se inscriban,
y que éstas se estrenen a las 8 de la noche. Obviamente es una actividad
lúdica, pero evaluaremos las propuestas para que el mejor grupo pueda
presentar públicamente su obra de teatro en un futuro no lejano.
¿Cuál ha sido la respuesta de las instituciones y de
la sociedad mexicana ante la celebración de un festival abiertamente gay?
Aquí tengo que decir que yo, desde el principio, tenía
una idea concreta de la imagen del festival, que fui trabajando a lo largo
de dos años. Yo creo que el hecho de que en muchos espacios la
homosexualidad vaya de la mano del carnaval, de la fiesta “travestida”,
no nos ha dado el peso que tendría que tener la participación de
cualquier minoría en la sociedad. Así que comencé a trabajar en una
serie de símbolos como el triángulo rosa, que el 90 por ciento de la
población mexicana no sabe qué quiere decir. Retomé cosas como el peso
histórico, dramático y trágico que tiene el triángulo, dejando de lado
símbolos como el arco iris, que es un elemento estereotipado. A partir de
nuestro trabajo en esta línea, de repente veo que el Centro Cultural Helénico,
que depende del Ministerio de Cultura, me da el sí, y que a los
propietarios de la sede de cine, que es una sala comercial pequeña donde
ningún miembro del equipo es gay, también les interesa la propuesta.
Finalmente, cuando anuncio el festival con una conferencia de prensa,
todos los medios se vuelcan, y no sólo los culturales, sino las revistas
de política, de economía incluso... Y pensé que había logrado lo que
quería, que era que le tomaran en serio. Porque yo siempre lo he dicho:
el FICTGAY es, en primer lugar, un espacio de cine y teatro, de temática
gay, sí, pero sobre todo un espacio para la gente que hace cine y teatro
y que necesita dialogar, un espacio para difundir y promover la producción
y fascinar a la gente con la idea de que su trabajo puede viajar a
Barcelona o a París.
¿Cómo describirías el momento por el que está
pasando el cine mexicano en la actualidad?
Después de haber tenido en México un cine de gran
calidad, desde el punto de vista de los actores, del lenguaje, etc. se
produjo un gran bache que impidió el desarrollo del cine mexicano, porque
las instancias culturales se vieron involucradas en procesos políticos. Sólo
se hacían telefilmes, con una visión puramente comercial por parte de
las grandes productores como Televisa, o un cine muy “pedagógico” por
parte del Estado, sin libertad de desarrollo artístico. Es a partir de
fonales de los años setenta principios de los ochenta cuando se retomó
una lucha por parte de los cineastas más jóvenes para que se volviera a
hacer cine, y gracias a aquel “nuevo movimiento” (como se denominó)
se produjo un boom que continúa hoy, aunque con muchos problemas por
falta de presupuesto. Actualmente hay una generación de jóvenes
cineastas con mucho empuje, que hablan de temas como la homosexualidad, la
marginación, las migraciones, etc. y que con eso intentan representar a
nuestro país, porque eso es lo que realmente somos: en México hay una
lucha constante de los grupos indígenas y de las minorías por poder ser
representadas en espacios como el Congreso, y el cine está ayudando mucho
en este sentido, sobre todo el cine documental y el cortometraje, que es
el género más “fácil” de llevar a cabo. El largometraje, en cambio,
sigue siendo un género muy costoso y, en ocasiones, casi imposible de
hacer.
Para acabar, ¿cómo ves la situación de los
homosexuales en la sociedad mexicana hoy día?
Creo que la sociedad mexicana tiene miedo de darse
cuenta de que no es como le han dicho, de que es mejor. Porque ser mejor
implica una responsabilidad y, si no quieres asumir esa responsabilidad,
acabas regresando al miedo. Espacios como el FICTGAY, no sólo en México
sino en todo el mundo, ayudan precisamente a eso, a que se eliminen tabúes,
a que la gente se desprenda de los estereotipos que ha tenido como
referente hasta ahora. De todas maneras, creo que a la sociedad mexicana
todavía le falta mucho camino por recorrer. En todas partes el hombre es
machista, pero en la sociedad mexicana ese machismo está enfatizado por
una serie de cosas, como la religión, la madre, la familia, etc. Así que
todavía sigue habiendo asesinatos e injusticias en contra de miembros de
la comunidad homosexual. Pero, bueno, creo que estoy hablando de algo que
está presente en muchos lugares del mundo. Es cierto que a mí, desde el
punto de vista personal, la vida me ha tratado muy bien, quizá porque no
me he preocupado sobre todo por el hecho de ser gay, sino por tratar de
ser un buen ser humano. Y es sólo después cuando veo que, como gay,
tengo que hacer también lo que yo creo que es una misión de cualquier
minoría, que es trabajar en pro del cambio.
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¿Cómo querrías despedirte de Barcelona y de nuestros
lectores?
Querría decir que la experiencia de la Mostra ha sido,
de verdad, retroalimentadora. He conocido gente fascinante que
espero que vengan a México y compartan su trabajo y su
experiencia. Cuando veo el movimiento que tiene la Mostra, y
pienso en lo que podemos hacer juntos los dos festivales, tengo la
satisfacción de no haberme equivocado, de estar en el lugar
correcto. Creo que se trata de hermanar ideas, sensibilidades,
necesidades... y ojalá podamos seguir haciendo muchas cosas con
la Mostra Lambda. Y, para acabar, decir simplemente que los
hombres de Barcelona son maravillosos y bellísimos, que me
encanta esta ciudad y que ojalá algún día yo vea la ciudad de México
como veo, con esta novedad y esta brillantez, en Barcelona. |
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