¿Qué Oyes Orestes?
Una noche de mar, aventuras, un paseo por los vericuetos del
tiempo -espacio -tridimensional...
Ciudad de México, 11 de septiembre (Agustin Villalpando/Enkidu): En un
lugar mítico, donde el tiempo y el espacio parecen como el agua del
planeta: siempre presente, siempre en movimiento, llega hasta nosotros la
historia de un soberano que hará todo, incluso sacrificar a su propia
hija, por el "bien de todos". Una atinada dirección permite que
el espectador de "¿Qué oyes Orestes?" se involucre de
inmediato en este paréntesis multidimensional donde somos testigos del
presente-pasado más humano y más real.
Es la historia de Agamenón y Clitemnestra, así como de sus hijos,
Ifigenia, Orestes y Electra. Es la historia, pues de una familia donde el
deber sobrepasa cualquier otra consideración y donde el afan de poder,
descarnado, sin paliativos, lleno de una sensación karmática, del
destino pre-establecido. Pero no se trata de una familia nuclear sino de
La Familia, en el sentido Humano del término, donde Troya puede ser,
lástima, lo mismo el Medio Oriente que Tijuana, Bagdad que Afganistán.
La Familia Humana recae en los vicios de siempre: la ambición, la
venganza, los celos, el Amor. A lo largo de una hora, ocho actores
transmutarán sus cuerpos hasta lograr una coordinación de esencias que
permite deambular por la Grecia antigüa, por mar y tierra, hasta tomar
conciencia de que se trata de una obra que viene de la reflexión de este
grupo armónico, con acordes diferentes y todos unidos bajo la batuta de
la Maestra Juliana Faesler.
De entrada, la presencia de los actores convoca al aquelarre que
atestiguaremos. La voz de XXX despierta de lo más profundo del ser la
existencia de memorias ancestrales. Vemos cómo Agamenón dice "Es el
deber... terrible destino... No es un asesinato, es un sacrificio... Es la
voluntad de Dios... La voluntad de todo un pueblo".
Clitemnestra reflexiona en voz alta, cuestionando los sucesos. Se
pregunta si Helena "tal vez... es feliz. Tal vez las mujeres tenemos
el derecho a decidir con quién envejecer." Y cuando habla este
personaje fuerte, lleno de sombras y pasiones, cuando hace referencia a la
Paz, al Derecho de creer lo que quieras creer, al Tratado de Kyoto... el
coro entero, el foro entero responde al unísono: "Está Equivocada".
El tiempo pasa y de la misma manera en que un padre tuvo que matar a su
hija, Orestes regresa, "Madre, he venido a matarte," a lo que
ella responde: "Todos tenemos que morir", pues luego de 10 años
del sitio de Troya, al regresar victorioso, Agamenón fue asesinado por su
esposa. Ella habla del asunto y asegura que "No hay nada mejor para
un político que morir a tiempo," pues el asesinato implica que se
hayan olvidado los excesos del mandatario, sus traiciones, su "enriquecimiento
ilícito". Por lo que la muerte temprana llevó a elevar el legado de
Agamenón.
Cuando Orestes se ve confrontado con su realidad, en una soberbia
actuación que transmite impotencia ante lo que ha sucedido, la
confidente-guía del príncipe intenta confortarlo, pues afirma que todos
han perdonado que asesinase a su madre. El responde: "No me han
perdonado a mí, han lavado sus conciencias."
Muchos años después, entre los escombros, deambula una figura
impuluta. La hermana de Clitemnestra llega a realizar los ritos fúnebres
que no recibi al ser asesinada: Helena de Troya, encarnada por un actor
(Juan Carlos Cuellar) que prácticamente dialoga con la esencia del
público. Ella cuestiona la feminidad, cuestiona incluso "¿Quién
soy?... un pretexto de Agamenón para conquistar Asia." Helena ha
sobrevivido y se dispone a realizar los ritos fúnebres. Helena está
cansada, busca liberarse.
"¿Qué Oyes Orestes?" es un despliegue de garbo, energía
histriónica que teje fino y jamás desborda. Es a veces suave presencia,
en otras, compromiso en voz alta. Una noche de mar, aventuras, un paseo
por los vericuetos del tiempo-espacio-tridimensional. La música, la
iluminación y el canto destacan por su exactitud.
Hemos prometido regresar en ocho días a fin de presenciar la
interpretación de la otra parte del elenco, así que seguiremos en
contacto. Por lo pronto, amig@ lector@, traemos en exclusiva la entrevista
con la Directora y dos de los actores de este elenco admirable, quienes
tuvieron a bien contestar algunas preguntas y reflexiones de quien esto
escribe. Aquí está La Entrevista Enkidu:
Agustin Villalpando: Una puesta bien actual, ¿por qué esta obra?
Juliana Faesler, Directora: Porque siento que es una historia que tiene
que ver con nuestra historia de seres políticos contemporáneos herederos
de las grandes ideologías, de la caída del comunismo y del fracaso del
capitalismo, que para mí representan Clitemnestra y Agamenón y nosotros
somos como Orestes, que asesinamos al Capitalismo y asesinamos al
Socialismo de alguna manera. Ahora nos hemos quedado como en el vacío,
con una especie de culpa histórica -esto es en lo macro-, y también me
conmueve mucho este personaje Orestes que nace ya con un destino impuesto
y que no entiende muy bien. Yo creo que me siento involucrada con esa
historia. Es la historia de una guerra injusta, que es también lo que
estamos viviendo ahora.
Agustín Villalpando: ¿Qué tanto ha cambiado el ser humano?
Juliana Faesler: Nada. Yo creo que no hemos cambiado nada. Sí hemos
aprendido cosas, creo. Tenemos la capacidad de saber que estamos
destruyendo el planeta, sin ser extremistas ni oirse cursi. Creo que sí
tenemos que, por ejemplo, cuidar el agua. Tenemos que tener claridad sobre
nuestro mundo para poder avanzar. Eso sí creo que hemos ganado porque la
perspectiva histórica nos da la posibilidad de analizar hacia atrás y
proyectar hacia el futuro, si es que eso nos hace más inteligentes.
Agustin Villalpando: Hay un trazo feminista o cuando menos de
género.
Juliana Faesler: Eso me lo dicen mucho, pero la historia es así.
Muchas de las líneas más duras de Clitemnestra son de Esquilo, como
"las mujeres no debemos opinar", eso lo dice el texto clásico y
también el coro le dice "tu eres una mujer-hombre". Ella cuando
trae el hacha [para matar a Agamenón], el coro le dice: "Traes el
hacha del hombre y tú eres una mujer que habla como hombre". Esa
división y ese conflicto es de Esquilo. Aquí está potenciado en
nuestros días, siendo yo mujer. Me dicen "es que tú eres
súper-feminista" y sí , igual se hace el acento, porque soy yo y
por cómo lo oímos ahora. Evidentemente no puedo negar algunos
deliberados apartados, que ya es jugando con la idea.
Agustin Villalpando: El juego de roles de los actores.
Juliana Faesler: Yo siento que avanzamos hacia un Universo donde el
género no es determinante para entender las relaciones y aunque cada día
la biotecnología nos enseña las diferencias fisiológicas entre un
cuerpo masculino y uno femenino, yo creo que anímicamente cada vez
estamos más juntos. Yo siento ahí sí como mujer y desde un punto de
vista feminista que yo puedo, Juliana, experimentar el dolor de la misma
manera que tú lo experimentas en la esencia. Claro que nuestra educación
y nuestra propia historia nos hace ver las cosas de manera diferente pero
en esencia el dolor es el mismo, desde mi punto de vista. También es
romper con las ideas preconcebidas de Helena, ¿qué es la belleza? ¿es
ser blanco y de ojo azul o es ser moreno y muy mexicano como es Juan
Carlos [Cuellar]? Es decir, "yo soy Helena ¿y tú me lo vas a negar?"
Igual yo también te digo: "Hola, yo soy Helena de Troya" y tu
piensas que no, que para nada es la idea que yo tenía de Helena, pero ¿por
qué no? Todo es una posibilidad.
Agustin Villalpando: Los actores son muy individuales pero al
mismo tiempo se da una conexión muy intensa a lo largo de la obra, ¿cómo
fueron seleccionados?
Juliana Faesler: Venimos trabajando desde hace dos años de manera
intensiva. Vienen de diferentes partes, hay un bailarín, una cantante de
ópera, dos gentes del CUT [Centro Universitario Cultural, N/Enkidu], dos
gentes de Argos, con diferentes escuelas. Lo importante es aprovechar la
individualidad de cada uno de ellos. Por ejemplo, cuando trabajamos Lidia
[Rendón] nos da clases de canto, Hunab [Ku Mata] nos da clases de baile y
trabajamos mucho juntos. Espero lograr un día una cohesión absoluta y
crecer todos hacia algún lado. Esa es la idea de la Compañía de la
Máquina de Teatro y que sea una compañía multidisciplinaria, donde el
cuerpo es tan importante como tus emociones. No porque eres alumno del CUT
sientes más que Hunab que es bailarín. Lo que pasa es que él no ha
trabajado con sus emociones como los actores y los actores no han
trabajado con su cuerpo como los bailarines. De eso se trata, de buscar
medios de expresión del actor.
Agustin Villalpando: Llevan algún tiempo presentándose en
diversos foros, hacía dónde van?
Juliana Faesler: Pues a seguir. Es un proyecto que nos ha llevado hasta
La Gruta, queremos seguir haciéndolo. Ya lo hicimos en el patio de la
ENAP [Escuela Nacional de Artes Plásticas-UNAM], lo estamos haciendo en
La Gruta, queremos ver patios. Sólo que se estabilice el gobierno de la
Ciudad de México me interesa mucho ir a las delegaciones y a los foros.
Me interesa mucho llevar esta obra.
Luego nos fuimos hacia los actores, quienes iban saliendo e
integrándose al cóctel que El Helénico tuvo a bien convidarnos. Ahí
nos dieron algunas impresiones, sus rostros reflejaban el cansancio y la
satisfacción por un buen desempeño.
Por ahí andaba Lidia Rendón, quien tuvo a bien sentarse con nosotros
y compartir algunas palabras:
Agustin Villalpando: ¿Cómo sientes la obra?
Lidia Rendón: Es una obra muy fuerte. Me parece un poco como los
murales de Orozco que están en Guadalajara. Me parece sumamente actual
para lo que está pasando en el mundo. Me parece que nos llega a todos
pues todos hemos perdido a algún familiar, aparte, por la globalización
estamos viviendo lo que vive el otro. Tenemos demasiada información en
nuestras manos. Es como ver "al otro" que habla otro idioma y
sin embargo es igual que yo. Me parece una obra muy profunda y muy actual.
Es como traer a los griegos a la actualidad.
Agustin Villalpando: ¿Qué tanto ha cambiado el ser humano desde
entonces hasta nuestros días?
Lidia Rendón: Desafortunadamente no creo que haya cambiado mucho. Me
duele. Hace poquito estuve cantando en el Hospicio Cabañas, en
Guadalajara, y estuve viendo esas pinturas que ahora volví a ver y les
reencontré algo porque son eternas, no tienen tiempo. El ser humano sigue
siendo igual. Todos seguimos cargando nuestros mismos vicios. Siempre
existe el más fuerte, los intereses. Siempre estamos rechazando al otro,
por su forma de hablar u otras cosas y en realidad es porque nos da miedo.
Agustin Villalpando: El sentido de género es patente en la obra,
¿cómo lo percibes?
Lidia Rendón: Me encanta que no haya género, porque antes que ser
hombre o que ser mujer, somos seres humanos, entonces nos vamos a la
esencia del ser humano. No a un punto sexista pero me parece increible que
en un punto podamos ser idénticos, porque sufrimos de lo mismo. Nuestra
alma se encarna con la otra, sea hombre o mujer. De todas maneras lo
sufrimos, lo vivimos, lo disfrutamos. Llega un momento en que el sexo, en
este aspecto no importa, igual vamos a morir. Yo me imagino en ese momento
de la guerra no importa si soy niño o niña, hombre, mujer, pues perder a
la gente, ver tantos cuerpos ha de ser terrible.
Agustin Villalpando: Tu preparación como cantante de opera
enmarca muy bien el trabajo con los demás actores. ¿Qué tanto te
alimenta a tí esta obra?
Lidia Rendón: Justamente quitándome cualquier etiqueta. Yo aprendo
muchísimo de cualquier persona. Me encanta estar al lado de bailarines,
escultores, escritores, al final de cuentas todos hablamos de lo mismo: el
ser humano, su crecimiento o sus condenas. Para mí esta obra es sumamente
importante porque hay una parte de Casandra en mi personaje, quien no
puede decir lo que ve porque nadie lo cree y sin embargo lo está viendo.
Es un poco que todos tenemos esa parte de ese personaje, ese eco de la
ópera, ese eco de conciencia que nos permite ver lo que está pasando en
el mundo y no somos nada. Es algo sumamente doloroso y fuerte. Sobre el
trabajo en la compañía, es delicioso trabajar con gente de otras
disciplinas, súmamente enriquecedor. Además me ayuda a mí misma para mi
labor en cualquier escenario.
Agustin Villalpando: ¿Cómo percibes este foro, pues se han
presentado ya en varios?
Lidia Rendón: Me gusta mucho porque en un inicio la obra se creó y la
trabajamos para que fuera como en un ring, a cuatro frentes.
Desafortunadamente, las instalaciones de otros teatros no lo habían
permitido hasta ahora y entonces es riquísimo porque uno siempre tiene al
público cerca y entonces no está nada lejano y nos da más oportunidad
de interrelacionarnos con la gente porque nos queda cerca, llegamos e
inclusive podemos tocarla; nos dirigimos más a ella y que haya una
interrelación. Me gusta mucho estar aquí en La Gruta.
Finalmente, uno de los personajes que es versatil y siempre transmite
una energía especial, incluyendo en el papel de Electra, es Roldán
Jiménez, a quien nos acercamos unos segundos.
Roldán Jiménez: Es la primera vez que nos presentamos en un foro que
tiene los cuatro lados. La obra está diseñada para que se pueda ver
desde los cuatro lados aunque el formato original sólo permitía verlo de
frente; sin embargo, la presentamos en la ENAP y fue en el patio, entonces
toda la gente estaba en las escaleras y por los cuatro lados, por lo que
el formato cambi algunas cosas, pero está perfecta para abarcar a todo el
público.
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