| Pasión en la Danza con la Compañía Tania Pérez-Salas
en el Teatro de la Ciudad
Ciudad de México, 14 de septiembre (Agustin Villalpando/Enkidu): Una
bocanada de sensibilidad inundó anoche el escenario del Teatro de la
Ciudad cuando, unos minutos después de las 20:30 Hrs. las luces se
apagaron, las cortinas se levantaron y vimos el rigor, la disciplina, la
energía apoteósica de verdaderos artistas quienes siguen -en paralelo-
el ritmo y la textura de música barroca lo mismo que contemporánea.
La agilidad, la contundencia, la fuerza de las figuras femeninas
contrast de manera elegante, con los trazos y la energía masculinas; sin
embargo, la obra es mucho más que esto, toda vez que los ejecutantes se
desprenden de los adjetivos y de las leyes convencionales de la naturaleza.
Son magos que vuelan y desplazan cada uno de los milímetros de sus
cuerpos en una especie de aquelarre que va de lo erótico a lo más humano
y de regreso.
"Pasión en la Danza", con la Compañía Tania Pérez-Salas,
es un verdadero Festin de Babet -aquella película danesa (1987) donde la
preparación y la degustación de una cena llevan al espectador a
despertar la sensación de gustos jamás experimentados, pero que se
saborean lo mismo que los actores-. En esta ocasión, la ingravidez
sorprende al espectador cuando dos bailarinas recorren el escenario en una
especie de vuelo circular. Sigue una bailarina que tiene un vestido blanco,
con crinolina blanca, enorme, de donde quedarán tres bailarinas más en
una danza difícil, pues cualquier movimiento en falso podría derrumbar a
las otras dos, toda vez que las ropas, los vestidos blancos, se encuentran
unidos en una relación de trillizas. La coordinación fue perfecta.
Pantallas que proyectan imágenes en paralelo, mientras se usan sogas
para ejecutar vaivenes y acabar suspendidos los cuerpos ante el público,
atónito, degustante, es uno de los momentos más espectaculares.
Acaban este acto cinco mujeres y dos hombres -aquí predominó lo
femenino-.
Hay un intermesso mínimo, tras el cual vemos a tres mujeres de
espaldas, que daràn pie a una danza donde imperan las percusiones y los
movimientos que acompañan estos tonos. El chelo inunda el escenario.
Aquí se da preferencia a las siluetas, las formas humanas en su máximo
esplendor. Resalta la forma en que los interpretantes abarcan los cuatro
puntos del proscenio.
Viene un intermedio de 20 minutos. Los aplausos han sido fuertes y
quedamos en concertar una entrevista con la Srita. Maricarmen Morales.
Regreso a mi lugar, E-21 -justo enmedio del teatro-.
Descubrimos que existe un techo formado por seis columnas que
descienden -de un lado son blancas, del otro negras-. Esto da, junto con
la luz, una perspectiva impresionante donde los bailarines, vestidos en
negro, en rojo, en blanco, desempeñan con aparente facilidad el arte del
movimiento corporal. Forman parejas, bailan en lo individual, terminan
cuerpos sobre cuerpos. Había pensado, antes del intermedio, que así como
los hombres pueden bailar con el pecho descubierto sería maravilloso que
las mujeres tuvieran esa posibilidad. Aquí sucede. Como si la compañía
hubiese leído mi deseo, vemos los cuerpos de los bailarines, hombres y
mujeres, con el torso desnudo. Más allá de la maestría de su cadencia,
se muestra lo sublime que es el cuerpo y el alma del Ser Humano.
La música, las imágenes, la escenografía, pero sobre todo la
Compañía destaca por sí misma, cuando vemos esa armonía, esa fuerza
para desafiar las convenciones y prácticamente dislocar la lógica
tridimensional. Una Master Class de la danza que, amig@ lector@ no debes
perderte si te gusta lo humano y si aún tienes fe en dejar volar tu
facultades todas. EXCELENTE.
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