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Othelo sobre la mesa
o sobre los deportes extremos y las relaciones humanas
(II Parte –Entrevistas de
Enkidu)
Ciudad de México, 16 de noviembre (Agustin
Villalpando/Enkidu): Este 11 de noviembre, tras el estreno de Othelo
sobre la mesa charlamos con el dramaturgo, el director y un par de los
actores esta puesta en escena. En Exclusiva para tí, amig@ de Enkidu
Magazine, charlamos con Jaime Chabraud Magnus, quien acababa de recibir el
Premio Victor Hugo Rascón Banda por su obra Rashid 9/11:
Agustin Villalpando: Antes que nada muchas
felicidades por el premio Victor Hugo Rascón Banda, ¿qué significa para Jaime Chabraud Magnus?
Jaime Chabraud Magnus, dramaturgo: El que sea el
premio Rascón me congratula desde que lleva el nombre de Victor Hugo
porque para mí, de los dramaturgos más significativos el día de hoy en
México, los que a mí más me gustaban, los que más me interesaban, eran
Jesús González Dávila, Oscar Liera y él, de esa generación, pues
Victor Hugo y Sabina Bergman son los únicos que me parecen dramaturgos de
una estatura importantísima. Luego, se la están dando a una obra que me
parece muy importante que exista y que se difunda y se ponga que es “Rashid
9/11” que es sobre
el asunto de las Torres Gemelas. La teoría que comparto con Chomsky y con
mucha gentes más, es que los atentados, si no fueron planeados por los
gringos, cuando menos fueron perfectamente conocidos y permitidos por
ellos. Así que me parece un doble premio porque a mí me importa mucho
esta obra en particular, me importa tanto que exista y se diga y que se le
de este galardón y, además, que sea el Rascón Banda. Además, un premio
siempre cae como un apapacho al ego, como una ratificación de que estás
en el buen camino, como un aliciente para no tirar la toalla, como un
ubicarte en el medio y también como un alicate para asumir
responsabilidades sobre tu trabajo profesional. Siempre, el enorme reto,
es y después qué, cuál obra viene y qué tamaño debe tener, no me refiero aquí al contador de palabras de la
computadora, sino el tamaño
que debe ser para que esté a la altura de su propio trabajo.
Agustin Villalpando: Sobre Othelo sobre la Mesa, ¿qué
le pareció esta encarnación?
Jaime Chabraud Magnus: De por sí es un texto
rarito, minimalista, que yo hice y que Alberto [Villarreal Díaz,
N/Enkidu] sintió la necesidad de incluir textos de Daniel Veronesse, del
Marqués de Sade, etcétera, y que yo creo que es uno de mis textos
inacabados en el sentido de que es sumamente abierto a la interpretación
del director. En ese sentido, permite una libertad muy grande a cualquier
director como para hacer un trabajo de experimentación. A mí me parece
que Alberto, como siempre, ha ido hasta sus últimas consecuencias en las
cosas que le obsesionan trabajar: el cuerpo, ir contra las corrientes del
drama tradicional, incluir elementos del teatro post-dramático, no
trabajar desde el personaje sino desde la propia teatralidad, etc.
Entonces esta neutralidad en la que trabajan los actores corresponde a esa
estética particular que Alberto ha emprendido como camino de vida y
camino de experimentación.
De inmediato me dirigí al Maestro Alberto
Villarreal Díaz para preguntarle sobre los vericuetos específicos que
implicó traer la obra del Maestro Chabraud a escena.
Agustin Villalpando: ¿De dónde surge ese trabajar en las vertientes físico y teatral?
Alberto
Villarreal Díaz, Director: Todo surge del texto de Jaime [Chabraud
Magnus, N/Enkidu]. Cuando
Jaime me entregó la propuesta que yo leí en esta revisión, una vuelta
al tema de Othelo, al tema de los celos, al tema de la seducción, al tema
del temor, del hombre por lo femenino, de la seducción, del misterio. Aquí
empezamos a planear una puesta en escena donde continuara, dando una
segunda vuelta de tuerca, el ejercicio que ya Jaime proponía y cómo
incluir las intenciones de la imágenes de Jaime a nivel de escritura en
una puesta en escena. A partir de allí decidimos hacer una ensayística
en el teatro, esto es, una confrontación de voces, de ideas, un
pensamiento libre donde todo puede tener que ver con todo y donde
cualquier idea puede caber. A partir de ahí decidimos darle una
materialidad real a las emociones ficcionales de los personajes. Es un
movimiento de los celos absolutamente radical, difícil de llevar y
desgastante, así que decidimos convertirlo en acciones reales,
desgastantes para los actores, y a partir de ahí generar en cuatro mesas,
un trumbling, una barra y dos caminadoras, cuatro mesas metafóricas,
cuatro máquinas de pasiones, poder generar todo este movimiento radical
del que habla la obra de Jaime Chabraud.
Agustin
Villalpando: ¿Cómo respondieron los actores a este reto?
Alberto
Villarreal Díaz, Director: Afortunadamente con muchísimo entusiasmo. Los
cuatro son actores fantásticos, de los mejores actores de las nuevas
generaciones, tres de ellos forman parte de Artillería Teatro, que es
precisamente un laboratorio que busca este tipo de riesgos con la
actoralidad: el crear un teatro absolutamente contemporáneo para el
espectador, que quiere ver otro tipo de propuestas. Sobre todo en el
sentido de que quiere estar más cercano a nosotros. El punto de partida
de la actoralidad, de la radicalidad, viene de que nosotros no creemos que
es el espectador el que no comprende una obra, sino que es el teatro el
que está atrasado en relación al espectador, muchas veces. Así que
tratamos que sea el teatro mismo el que pueda alcanzar la vertinigosidad,
la inteligencia, la agudeza de los espectadores en puestas mucho más
radicales, mucho más comprometidas con los contenidos y hacer del teatro,
obviamente, un fenómeno vivo y radical.
Ahora sí, ya encaminado, platiqué con dos de los
actores de esta obra, Gabino Rodríguez (Yago) & Rodolfo Blanco
(Casio), quienes tuvieron a bien responder algunas de las preguntas
sobre el trabajo actoral y la forma en que las relaciones humanas pueden
ser tan desgastantes como la vida misma.
Agustin Villalpando/Enkidu: ¿Cómo
fue el montaje de esta obra?
Gabino Rodríguez (Yago): Fue muy complicado
porque habían dos cosas: primero los textos, la historia de Othelo y, por
otro lado, teníamos ese dispositivo escénico que es el tumbling, las
barras, las caminadoras, las pelotas. Ambas cuestiones debimos abordar
juntos pero teníamos un entrenamiento físico, pues a pesar de que las
barras parece algo simple, sostenerte en ellas durante tres minutos cuesta
mucho trabajo. Fue dificil juntar las dos líneas, el discurso y la línea
física y luego generar la línea emotiva. Estuvimos trabajando como seis
meses.
Agustin Villalpando/Enkidu: ¿Por
dónde se te va la memoria, pues ambas cosas requieren mucha concentración?
Gabino Rodríguez: Es un estado de actuación muy
raro, porque normalmente, uno como actor, se apega a la anécdota y
entonces vas accionando conforme la historia va proponiendo, si uno va a
matar a alguien, saca la pistola, grita algo y así, pero en este tipo de
dispositivo que propone Alberto [Villarreal, N/Enkidu], hay que separar
las dos cosas y a la vez juntarlas, así que uno tiene que estar como en
automático para poder entrar a otro tipo de línea.
Agustin Villalpando: ¿Qué tan complicado es lograr el trabajo del texto con la acción física?
Rodolfo Blanco (Casio): Fue como la primicia
de este trabajo, buscar que la acción física no empatara con la cuestión
actoral o emotiva, en el personaje ni en la secuencia de la obra. Tanto lo
físico como lo emotivo debían tener una separación, para contrapuntear
y que no vayamos muy rápido por una cuestión física, toda vez que debe
considerarse la acción emotiva. Lo que se buscó fue usar el medio de un
deporte difícil o extremo, con gimnasia y el uso del tumbling, que es muy
riesgoso, donde entran los celos y la lucha de poder entre las máquinas y
el ser humano e incluso de la mujer, quien en medio de todo esto,
pareciera que ella no pudiera ir contra las máquinas ni contra los
hombres que están alrededor de ella. Aquí el contrapunto es cómo esta
mujer está en medio de los tres hombres y que maneja este poder a
diferentes niveles con cada uno de ellos.
Agustin Villalpando: ¿Las relaciones humanas son un deporte extremo?
Rodolfo Blanco: Sí, todas tienen un riesgo muy
grande. Desde el momento en que entregas esa confianza a la persona, ya
sea amigo o una pareja, estas corriendo un riesgo que decides hacerlo. En
todo momento estás corriendo un riesgo porque no sabes cómo va a
responder la otra persona; somos muy complejos en ese sentido y eso es lo
que se refleja en la obra.
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