| Cartas privadas 107
Mi Estudio
Sin lugar ni época.
Querido H:
Tanto tiempo, sin tiempo.
Tanto, porque hace mucho que no sé de ti; sin tiempo porque creo que
hay cosas que ni siquiera el tiempo puede quitarnos. Los árboles crecen
cada vez más alto a pesar de los inviernos que escupen sus frustraciones
sobre sus lomos brotados de escarcha.

Imagen: © Lotus
Flower, por Francisco Sastre
Acabo de encontrar tu carta, tengo un cajón lleno de mis preferidas,
las cuales leo y releo para darme ánimos y sentirme más ceca de la gente
que admiro. ¿Alguna vez te pusiste a pensar lo fantástico que es poder
admirar a alguien? Saber que en algún lado existe una persona que se
adelanta a tu vida en todo el sentido, te deja menos solo y te escupe a la
cara la ganas de gritar que estas vivo para seguir estando vivo.
No te creas que soy una especie de San Martín en conquista de los
Andes -como el bien decía: "La conquista no es soplar y hacer
botellas" -; después de todo el cruzó la cordillera con neumonía
sobre una mula tapado con una manta y sin aspirinas.
Me dices que el trabajo del artista es doloroso. Recuerdo que una vez
se lo comenté a un colega, aquí en esta ciudad, y me dijo que el no
sufría, que la pasaba muy bien. Durante mucho tiempo reflexioné sobre
ello. No ceo que el ser artista nos haga sufrir, creo que es el no ser
reconocido como uno quiere serlo lo que nos hiere. No por el ser famoso y
pasearse en su yate por el Caribe (aunque hay varios casos), sino que uno
a veces no se siente comprendido, ni acompañado. No te sientas solo, mi
querido amigo, mientras te tengas a tu mismo no estarás jamás solo.
Tienes tu arte, esa fotografía que realizas es algo fuera de este mundo.
Tuve solo dos personas a las que amé en mi vida. Dos relaciones de
"pareja", mama siempre decía que era de mal gusto referirse a
ellas de esa manera, pero cualquiera sea el caso no podría haber sido de
otra; yo que era muy joven para casarme en aquellos días.
Hace más de quince años que no estoy en una relación y como ya sabes
los hombres somos animales de costumbre. Así que.
Sólos estamos cuando estamos muertos, yacientes en alguna tumba fría.
Sólo está un libro olvidado sobre una mesa con polvo, solo, con sus
ideas que lo acompañan para siempre. Es como estar buscando algo que
está allí, flotando alto, brillando con sus colores que no hacen otra
cosa que hipnotizarte para que trates de alcanzarlo sin llegar a tomarlo
jamás. Creo que la gente se siente sola cuando depende de la gente,
siguiendo el camino que le tienden sin abrírselo ella misma.
Como bien dices el poder está en la gente. ¿Pero en cuál? No hay
ciego mas ciego que el que no quiere ver. Creo que el problema no está en
ser parte de ella sino en como ella se deja manipular. Como ciudadanos, ¡Por
Dios! Que payasada.
Basta solo ver como la potencia supuestamente mas grande del mundo
acepta en silencio como un líder gana unas elecciones con fraude siendo
un completo fiasco en su mandato. Como consumidores, te vistes como te lo
ordena "el Gap, Banana Republic o Zara" o no eres nadie. Aunque
te confieso que el corte de los pantalones de la bananera no lo tiene
ninguna otra de sus competidoras en el mercado.
Ayer me invitaron a una fiesta de navidad aquí en Dallas, una casona
muy moderna tipo industrial, realmente fantástica. Exacta a como la
tendría yo, con todo lo justo, cambiaría un poco los muebles, creo que
todos y agregaría en alguna pared mi trabajo. Luego al salir de la fiesta
me enteré (en boca cerrada no entran moscas) que esa situación precaria
de muebles, que además es totalmente sin importancia, se debía a que los
anfitriones se habían gastado todo su dinero en "la casa
perfecta". ¿Pero qué sentido tiene vivir en una mansión si no se
puede disfrutar de ella?
Caemos de nuevo en las apariencias, en lo que debemos usar o decir.
Versailles aún reina como la más magnífica de los déspotas conservando
aún su cabeza de reina. Un grupo de gente vestida a la última moda, con
el corte perfecto de cabello, la actitud perfecta en pararse, en reírse
(no en modales domésticos por cierto), todo cumpliendo esas reglas de
actuación y comportamiento que ese pequeño grupo de gente dominante
ordena y decide que se debe seguir. En síntesis, una fiesta donde me
hubiera aburrido muchísimo a no ser por una artista que conocí muy
simpática además de talentosa. Es gracioso pero justamente hablábamos
del tema. Yo lo sostengo con una teoría muy simple:"No creo en mesas
de comedor". Jamás en mi vida pude seguir reglas de horarios u
obligaciones. ¿Por qué debo almorzar a la una y comer a las nueve si
tengo ganas de hacerlo a las cinco? Si, el poder de decisión esta en la
gente, pero la gente es cómoda y prefiere lo fácil. Que te digan lo que
debes hacer es más fácil que pensar en pensar en algo que hacer. Creo
que los artistas son "sapos de otro pozo", tienen alma propia y
saben conversar con ella, ¿Por qué no platicar con otras almas y
enseñarles que no hay solamente una Biblia?
- ¡Todos los hombres nacen libres! - clama Arturo al luchar contra el
yugo de los opresores sin importar si son sajones, británicos o romanos.
Libertad! es la palabra que se le escucha una y otra vez al recorrer los
verdes valles y las nevadas montañas de una histórica isla de lluvia y
niebla.
Libertad en elegir nuestro destino, nuestra indumentaria, nuestro
léxico, nuestra religión y nuestra mesa de comedor.
La verdad es que sólo me considero alguien muy afortunado que siempre
ha hecho lo que quiso y vivido a su manera. Creo que eso sería algo más
que maravilloso para enseñar a "la gente", que puede hacer de
su vida lo que quiera sin seguir reglas obligatorias de religiones sin
envolverse en sus banderas.
Esa es la única obligación soberana en la que creo. En la obligación
de hacer respetar mis derechos.
Siempre
F.S
F.S.
Dallas nov. 13 '06
Poesías
del nuevo siglo.283
Tu
jazmín sobre mi novela vieja.
Al
entrar a la vieja sala,
me
encontré con tu silencio
sentado
en un sillón de cuero,
vencido
por infinitas siestas.
Levantó
el rostro,
apenas
iluminado,
por
el fuego del hogar,
y,
a través de sus arrugas,
con
un gesto tembloroso
me
invitó que a me sentara a su lado.
Sonreí
tímidamente,
te
confieso,
un
poco cansado,
tanto
tiempo buscándote entre mis libros,
tantos
pueblos visitados,
tantas
callejuelas recorridas
bajo
la luz de faroles apagados.
Un
aroma me envolvía,
un
aroma con historia,
tu
aroma,
tu
historia.
Una
leyenda tantas veces leída,
con
hojas empapadas en perfume
de
las flores mas exóticas,
mas
impertinentes,
vanguardistas
de nuestra vida simple;
con
escenas de telenovelas mejicanas
pasajeras
sobre pantallas mudas
que
se burlan de sus romances falsos e hipócritas.
Un
perfume de yerba azucarada
y
un ejército de libros
espectadores
de una vida pasada
me
observaron,
y
, por primera vez me sonrieron.
Sobre
la pequeña mesa de tres patas gastadas,
una
taza de té, casi vacía,
con
secretos de gitana
flotando
en un fondo oscuro
sostenía
con resignación mi historia.
Un
par de lentes quebrados,
pegados
con una tela adhesiva sucia
manchada
con tinta negra
descansaban
sobre
una
novela abierta.
La
mas preciosa, la mas corta y bella;
la
nuestra.
Sobre
ella,
una
flor moribunda
falleciendo
sobre nuestra novela vieja,
vestida
apenas,
con
pétalos de bordes apergaminados,
pisoteados
por una tarde de lluvia,
con
sus bordes empapados en oro,
como
la armadura de un Arturo
vencido
por una Guinivere virgen,
enamorada
de un Lancerote desesperado.
Una
flor tan perfumada como
la
historia de amor mas relatada.
Sentado,
te
tomé entre mis dedos
e
iluminado por una luna ciega
a
través de la ventana de mi estudio,
vi
por primera vez mis manos arrugadas,
que
temblando
en
un susurro pronunciaron tu nombre.
No
lo oigo,
solo
siento, ahora,
una
ráfaga helada sobre mi pecho
que
me hace sentir vivo
y
un murmullo, frío, en silencio,
besándome
al oído,
me
recuerda tu historia.
F.S.
Dallas 5 Dic.
04
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