| El Mercado de Arte está en Auge: Los Inversionistas
se Vuelven Locos por la Cultura
Ulrike Knöfel & Joachim Kronsbein, Spiegel, 13 de diciembre (Traducción
al castellano AVS/Enkidu): Nunca ha había tenido tanto dinero con
la venta de pinturas como en 2006, con algunas obras vendidas para tanto
como un Boeing. De Shangai a Nueva York, la sed por la belleza -o una
buena inversión- aparece insaciable. Pero algunos se muestran cínicos
sobre el despliegue publicitario.
Una nueva era amanecerá en el Medio Oriente en marzo próximo, cuando
la primera función de arte contemporáneo del Medio Oriente, la Feria de
Arte de Golfo [Gulf Art Fair], abrirá a Dubai bajo el patrocinio de Su
Altesa Real la Princesa Haya Bint Al Hussein de Jordania. La mayoría de
los propietarios de galería que participan viajarán a Dubai desde los
centros de arte más importantes de Occidente, como Los Angeles, Nueva
York, París, Helsinki y Londres.
Las posibilidades son deslumbrantes, por lo menos si uno creer en la
publicación "El Periódico de Arte" [The Art Newspaper]. El
interés en el mundo árabe en el arte joven de Occidente ha sido tentador
en el pasado, pero, escribe "El Periódico de Arte", "ante
el alza rápida de los bienes raíces de Dubai.... ha emergido un mercado
de arte contemporáneo."
Galería de fotos: Los Amantes del Arte se reúnen en la Basilea de
Arte de Miami Beach; da click en una fotografía para lanzar la galería
(5 fotos) de bienes raíces? Arte contemporánea? Dubai? Cuál es la
conexión aquí exactamente?
Quedan bien juntos perfectamente, como parece, porque el dinero es el
cemento que sujeta las cosas juntas. Y, en la región del Golfo, el dinero
está circulando como de ningún modo en otro lugar del mundo entero.
Incluso Christie's, la casa de subastas prestigiosa, ha aparido en Dubai.
Mientras que los Impresionistas fueron las estrellas en los 1980s, el
mantra de hoy es que mientras los artistas son más jóvenes, es mejor. La
nueva tendencia es para la llamada Baby Boomer Art [Arte de los Nacidos
tras la Posguerra].
Para una nueva élite del capital, el arte es el petroleo nuevo, el
nuevo oro. Ciudades como Shangai, Seúl y Moscú está descubriendo el
negocio del arte y organizan shows de arte. El arte contemporáneo está
experimentando incluso una alza rápida en India, siguiendo las huellas de
la economía en auge del país.
Con los ultra-ricos del mundo que aumentan de manera constante, hay
numerosos compradores. Hay un estimado de $ 33.3 mil millones alrededor
del mundo sólo esperando a ser invertidos, y el arte son un lugar
especialmente atractivo para colocar efectivo. En un artículo sobre
fondos de protección fuerte, el diario Wall Street Journal aconseja que
los inversionistas "olviden Wall Street" y emulen a los sagazes
directores de fondos de protección, quienes han empezado a coleccionar
arte costoso. "Los muchachos del fondo de protección [hedge fund
boys] están lanzando su dinero al mundo del arte como si fuese confeti",
dijo Richard Feigen alborozado, un comerciante de arte de Nueva York.
Incluso en un país económicamente inestable como Venezuela, con su
golfo inmenso entre ricos y pobres, "el arte es el querido de los
inversionistas ansiosos", apunta el New York Times. De acuerdo con un
artista a quien el periódico cita, en Venezuela el arte es "el
único mercado que no asusta a los consumidores."
El arte es considerado enriquecedor -muy literalmente- por todo el
globo. Es un mercado mundial y, desde una perspectiva estética, una
potencia mundial. La belleza intangible del arte ha sido transformada en
un valor medible y totalmente materialista.
De acuerdo con un estudio realizado por la Fundación Europea de las
Bellas Artes [European Fine Art Foundation], las ventas de arte en el
mundo asciendieron a $25.2 mil millones en 2002. Los cálculos más
recientes sugieren que el total anual ya ha aumentado por sobre los $30
mil millones. Incluso esta cifra subestima el total verdadero, pues muchos
compradores y vendedores prefieren guardar sus transacciones afuera del
conocimiento público.
DDP
"Escena de calle de Berlín" ["Berlin Street
Scene"] de Kirchner vendió en un increíble precio de € 38
millones de euros en 2006. En la actualidad, el negocio del arte emula la
empresa de la vida: falto de aliento, intenso y extremadamente costoso.
Las obras excepcionales del arte pueden costar tanto como un Boeing. La
compra de arte es el nuevo juego de salón de los llamados "Compradores
Pesados" que buscan construir sus colecciones, lo cual sirve de
manera simultanea como un mundo paralelo atractivo y estéticamente-ameno.
Los miembros del jet set no son los únicos que coleccionan arte estos
días. La búsqueda de pinturas y el deporte de rebuscar en este mundo
paralelo, uno que está claramente separado de la realidad, se valida por
crisis, también ha llegado a las clases medias. En una edad en que se
desintegran las certidumbres, la búsqueda de la belleza está llevando
multitudes a museos y exposiciones únicas. El espectáculo siempre es un
acto creativo, si es Goya, Picasso o las colecciones en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York.
Pero los titulares reales son hechos en el pinaculo del mercado de
arte, donde una apreciación de la belleza y por el conocimiento
[connoisseurship] va de la mano con fondos sin límite. Los banqueros ya
han reconocido el potencial: Los directores del gigante de banca suizo UBS,
consideran al arte como un sector de inversión importante, e incluso han
fundado un nuevo departamento llamado "La Banca del Arte" [Art
Banking].
El arte es visto como un medio de ganar el acceso a los mundos de
clientes privados sumamente prósperos. Incluyen a quienes coleccionan
arte por la pasión, pero también muchos que esperan hacer dinero con el
arte. Un estudio confirma la demanda poderosa por inversiones alternativas:
su parte de las inversiones en conjunto está aumentando, de 10 por ciento
en 2002 a un pronosticado 22 por ciento para 2007.
Y las cajas registradoras en el mundo del arte indudablemente están
resonando. En 2004, la pintura de Picasso "Boy with a Pipe" [Muchacho
con Pipa] hizo añicos la marca psicológicamente importante de $100
millones. Un comprador anónimo pagó exactamente $104.2 millones por la
pintura, que fue subastada en Sotheby's. Los precios han llegado al cielo
desde entonces. Un retrato por Gustav Klimt llegó a los $135 millones, y
una de las pinturas dripping de Jackson Pollock pudo recientemente haber
sido vendida incluso a un precio más alto. Precios mayores a la marca de
$200 millones no son más inconcebibles, y las subastas de otoño de este
año en Nueva York registraron un récord de $1.3 mil millones en las
ventas en sólo dos semanas de noviembre.
"Los nuevos compradores de China y Rusia han adquirido
recienemente muchas de las mayores obras icónicas del período de la
posguerra", declaró Tobias Meyer, subastador estrella en Sotheby's.
"Ellos han hecho subir las pujas y continuarán haciéndolo".
"Estamos experimentando una cima histórica, y todavía es
probable que el negocio se expanda más", dijo David Zwirner, alemán
con sede en Nueva York, que es uno los propietarios de galería más
importante del mundo. El incluso puede permitirse entragar arte como una
forma de comercializar su propio negocio -él donó un retrato de una
Condoleezza Rice con apariencia seria, del pintor belga célebre Luc
Tuymans al Museo de Arte Moderno de Nueva York.
A pesar de las advertencias repetidas sobre un choque inminente, todo
en el mundo del arte marcha hacia una expansión. El número de museos,
bienales y muestras de arte se encuentra en aumento. Ante el sumamente
exitoso show "Arte Basilea de Miami Beach" ["Art Basel
Miami Beach"], establecido en 2002, 13 shows paralelos han surgido.
Allí ciertamente parece haber el suficiente poder adquisitivo para
bastar. Los miembros del jet set, viajando en sus aeronaves particulares,
se reunen para estas orgías de compra, donde el humor de los clientes
está tan lleno de vida como el champán. La noción del "Arte por el
arte" ["art for art's sake"] ya no es más la única fuerza
estimulante en estos nuevos shows, donde la multitud quiere el
espectáculo. Y el espectáculo es lo que obtiene. Incluso museos
venerables como el Guggenheim, de Nueva York, han empezado a montar
ceremonias de premiación como si se tratara de premiers de Hollywood.
El arte, subraya el corredor de arte Jeffrey Deitche, es algo para los
compradores que se mueven el los tipos de círculos donde las personas
"apenas se puede esperar que pongan con un pin un calendario de
Playboy en sus paredes."
Los coleccionistas de la vieja-escuela están horrorizados por el
despliegue publicitario, como lo están algunos artistas. "Este
mercado se ha convertido en parte de la industria del entretenimiento",
asegura el renombrado pintor alemán Gerhard Richter.
Y los alemánes se están convirtiendo en particular populares. Tomma
Abts, un pintor alemán de 38 años, con base en Londres, acaba de ser
galardonado con el British Turner Prize [Premio Británico Turner].
Traditionalmente artistas alemanes excéntricos como Joseph Beuys y
Martin Kippenberger, y pintores como Gerhard Richter y Sigmar Polke, Georg
Baselitz y Anselm Kiefer, establecieron una reputación para el arte
contemporáneo alemán como profundo, en momentos sumamente irónico y
constantemente bien hecho. Todos estos artistas se encuentran ahora
representados en los museos más importantes del mundo.
Los fotógrafos de la región alemana de Renania fueron el
descubrimiento de inicios del milenio. Nombres como Andreas Gursky, Thomas
Struth, Thomas Ruff y Thomas Demand obtuvieron fama mundial -y costosa- de
la noche a la mañana. Una prueba de una edición de Gursky podía ser
obtenida por menos de 10,000 marcos alemanes en 1995. En la actualidad,
las fotos del artista se venden en más de $2 millones en las subastas.
Y los coleccionistas internacionales se están volviendo tan locos por
las pinturas de la ciudad de Leipzig, al este de Alemania, que ahora se ha
convertido en algo así como una denominación de marca para el arte
alemán contemporáneo. Las obras de pintores alemanes jóvenes,
actualmente la exportación cultural más requerida de Alemania, son un
absoluto Debes-Tenerlo [must-have] para los coleccionistas ansiosos por
mantenerse al ritmo de los tiempos.
A la cabeza de esta tendencia se encuentra el pintor Neo Rauch, de 46
años y de Leipzig, cuyas pinturas provocaron un renacimiento en la
pintura figurativa. Los coleccionistas estadounidenses, en particular,
están ávidos de sus obras surrealistas y melancólicas. Gerd Harry (conocido
como Judy) Lybke, el propietario de la galería de Leipzig que tiene el
puesto envidiable de representar el trabajo de Rauch, describe a los
compradores de arte de hoy como a personas que "quieren sobresalir de
la multitud" ["want to stand out from the crowd"].
La función de galería más reciente de su pintor estrella fue vendida
inmediatamente. Las pinturas de Rauch, cada una con precios en varios
cientos de miles euros, está siendo vendida a compradores en lugares como
China, Israel y Hawai.
Los motivos del artista ya son copiados en China. Una imitación de una
de las obras de Rauch es titulada: "Copia de Arte # 51, Neo Rach"
["Copy Art #51, Neo Rach"]. Rach suena lo suficientemente
cercano a Rauch, y las pinturas, que producen alguna semejanza con las
obras del pintor de Leipzig, son una ganga de € 130 ($173 dólares de
Estados Unidos).
Mientras tanto, Jonathan Meese y Daniel Richter, ambos representados
por Bruno Brunnet, propietario de galería en Berlín, están encabezando
una segunda ola del arte alemán.
El mercado ha descubierto ahora una fuente nueva para el arte, que es
tan delicada como lucrativa -los inventarios de los museos-. El arte de
reparación -es decir, el arte que fue esencialmente robado de sus
propietarios perseguidos durante la era nazi y que terminaba en museos, ya
sea de manera directa o más tarde a través del mercado de arte- ha
obtenido algunos de los precios más espectaculares últimamente. Cada vez
es más frecuente que los herederos de los propietarios anteriores están
exigiendo la reparación de las obras. En muchos casos, los abogados
involucrados están luchando por ventas rápidas y reciben hasta el 50 por
ciento de las ganancias en honorarios.
Varias transacciones prominentes han atraído la atención mundial.
Inmediatamente después de la reparación del icono "Adele
Bloch-Bauer I", de art nouveau de Gustav Klimt, el multimillonario
estadounidense de los cosméticos Ronald S. Lauder compró la pintura en
junio por $135 millones, y un segundo Klimt, un retrato de Adele
Bloch-Bauer, obra restituida fue vendida recientemente en una subasta por
justo debajo de los $88 millones. Las pinturas habían sido exhibidas en
un museo de Viena desde 1938. Lauder también compró el "Escena de
una calle de Berlín" ["Berlin Street Scene"] de Ernst
Ludwig Kirchner, que había estado en la colección del Museo Brücke, de
Berlín -por $38.1 millones-.
Tales pinturas, largamente vistas como inasequible para la venta, de
repente se han vuelto vendibles. Los corredores de arte, quienes están
prometiendo a sus clientes un mercado "fresco", calculan el
valor de las obras de arte robado que todavía no han sido devueltas en
arriba de $25 mil millones.
Más sorpresas están por llegar. Cézannes, van Goghs (y Klimts) está
prácticamente agotados, y un día los Picassos también. El mercado de
arte necesita nuevos clásicos, obras provenientes de mediados del Siglo
XX e incluso posteriores.
Las nuevas obras maestras de la pintura clásica -los nuevos Cézannes-
son artistas como Edward Hopper, Jackson Pollock, Willem de Kooning, Andy
Warhol. Ex enfant terribles como Jeff Koons y Damien Hirst pronto se
unirán con sus pares. Ambos, Koons y Hirst, forzaron los límites del
arte en sus propias maneras, Koons con kitsh mientras que Hirst con
tiburones embalsamados en formaldehído.
Sin embargo, a principios de este otoño, un Picasso casi se hizo la
pintura más costosa de todos los tiempos. Steve Wynn, mogul de casinos,
planeó vender el retrato cubista tardío de una mujer "Le rêve",
del pintor español, por $139 millones. Pero cuando Wynn metió
accidentalmente su codo al lienzo y dañó la pintura, el trato se volvió
humo. "No exactamente una situación ganadora [Wynn-win
situation]", bromearon dentro de la industria.
Algunas semanas después, un rumor surgió en el sentido de que David
Martinez, un hombre de negocios mejicano de nacimiento, había comprado
una de las pinturas de goteo [drip], del famoso Jackson Pollock, para su
nuevo departamento en Nueva York, supuestamente por $140 millones. La
industria, ávida de nuevos récords, parecía estar consiguiendo su deseo.
Pero se dijo que el precio de venta real fue algo menos que $140
millones y el apellido del comprador, aparentemente, no fue Martinez.
Sotheby's, donde se efectuó la transacción, está protegiendo la
información alrededor del trato, como si fuese un secreto de Estado.
Quienquiera que haya adquirido la pintura, no lo fue una compra
impulsiva. La pintura podía demostrar ser una inversión inteligente.
Pollock es una leyenda. Un intruso y un rebelde, él también fue
desafortunadamente, un alcohólico que, borracho en el volante, se murió
en un choque de automóvil en 1956. Estados Unidos asocia una nueva era
con Pollock, un vanguardista estadounidense real ya no determinado por los
europeos.
Una de las pinturas de goteo de Pollock fue vendida en subasta por $11
millones a comienzos de los 1990s. El precio de la pintura que fue
recientemente vendida representó una ganancia de más del 1,000 por
ciento en el espacio de 15 años. La liquidación reciente no fue un hecho
aislado. Si el valor de uno solo de los Pollock aumenta, el valor de todas
las obras del pintor automáticamente se elevan como resultado. Los
propietarios de las obras de Pollock deben estar bailar en las calles,
dada la ganancia sensacional de sus inversiones que la reciente venta
ayudó a causar.
Pero el arte provee más que sólo plusvalías. Poseer arte es una
señal de prestigio social y aquellos sin arte son vistos de alguna manera
como menos respetables en el escenario social. Alguien que se identifica
seriamente a sí mismo a través del arte, puede fijar su auto-imagen en
un aura de sofisticación. El arte la nueva razón para existir, comprar
una pieza de arte única es un acto de individualización y la pasión por
el arte podría, incluso, ser vista como un tipo de religión sustituta
[ersatz religion].
Alguien como Michael Ovitz, una vez el "Padrino de Hollywood"
y uno de los promotores e impulsores más fuertes de la industria del
cine, describe al colectar arte como algo similar a una adicción. Ovitz
debe saberlo. Después de todo, él se las ha arreglado para asegurar su
propia inmortalidad como un amante del arte, apoyando generosamente al
Museo de Arte Moderno de Nueva York -y obteniendo a cambio, una sala de
exposición nombrada en su honor-.
Los mayores coleccionistas quieren más que sólo las mejores pinturas.
Quieren la mayor cantidad de las mejores pinturas como sea possible y las
quieren de inmediato. ¿Qué otra cosa podría explicar la entrada sin
autorización de François Pinault -disfrazado como un comerciante-, en el
Show de Arte de Basilea en 2005, antes de que la exposición fuese
oficialmente abierta?
Pinault, un francés, posee compañías como Gucci, Château Latour y,
lo suficientemente apropiada, Christie's. Pero en el show de Basilea,
estaba decidido a disfrutar un preestreno privado de la selección, antes
que nadie más. Pinault abrió su propio museo en el Palazzo Grassi, en
Venecia este año.
La industria apoya la fiebre de caza y está saliendo, de manera
constante, con una lista nueva "Top 200" o "Power
100", enumerando a los coleccionistas y jugadores más importantes
del mundo del arte.
Los nombres que aparecen en los listados representan una nueva
comunidad global de imitación-bohemios ultra-ricos [ultra-rich wannabe
bohemians], una mezcla llena de color de hombres de negocios exitosos,
herederos y alta nobleza. El coleccionista Pinault es un miembro de este
grupo selecto, de la misma forma que lo es Miuccia Prada, quien encabeza
la casa de modas epónima, y Francesca von Habsburg, cuya ocupación
principal está siendo chic. Hapsburg, hija del legendario coleccionista
de arte Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, compara el mercado del arte a
las industrias del cine y de la moda, ambas de ellas también han
experimentado una "industrialización, una tendencia para resultar
atractivas a las masas". La información útil de Hapsburg, en el
mercado del arte actual, es lo que ella llama el "arte escénico vivo
en Islandia" ["lively art scene in Iceland"].
Un hombre con medios independientes como Friedrich Christian Flick
también aparece con regularidad en los listados del mundo del arte,
especialmente después de haber dado un hogar a su Colección Flick en
Berlín. Alemania, por su parte, tiene su propio círculo de celebridades
coleccionistas, el ejemplo más de moda es Julia Stoschek, de 31 años de
edad, una heredera, ex jinete de dressage y actual coleccionista de video
arte. Ella tiene en estos momentos en construcción, un espacio para
exposiciones en Düsseldorf, para su Colección Julia Stoschek.
Alemania ha sido, de manera tradicional, uno de los centros de arte
más respetados del mundo y Berlín, con aproximadamente 390 galerías,
desde entonces se ha convertido en el mercado de arte más importante del
país. Treinta y cinco galerías nuevas, la mayoría de ellas sucursales
de galerías extranjeras a la útima moda de Londres, Amsterdam y Nueva
York, abrieron sus puertas en la capital alemana desde 2004.
En una escala global, la comunidad del arte se está volviendo más
pintoresca, menos inhibida y más grande, mientras la periferia alcanza a
los centros tradicionales. Beijing ya tiene 150 galerías y Shangai cuenta
con una cifra impresionante de 1,000 galerías, aunque solamente 60 pueden
ser tomadas en serio en el escenario internacional.
Pero Nueva York se mantiene como la capital del mundo del arte. Nueva
York establece el paso para el aumento o la caída de los precios,
principalmente en las casas de subasta y galerías de la ciudad, de las
cuales hay 300 sólo en el vecindario de Chelsea.
Los propietarios de las galerías más importantes son exigentes (e
insoportablemente snob, ante los ojos de los clientes rechazados). Ellos
desearían ver a directores de museos y a coleccionistas establecidos como
clientes, en lugar de a los nouveau riche. Pero cuando se trata de
subastas, los nombres o los trabajos significan nada. Todo lo que importa
en una subasta es quién hace la puja más alta.
Nueva York tiene dos temporadas de subasta, una en mayo y otra en
noviembre. En cada temporada, el centro de atención de la primera semana
es en el impresionismo y el arte moderno, religiosamente seguido, en la
segunda semana, por los períodos más recientes.
Cada una de estas subastas contemporáneas es un show. Los salones de
subasta se llenan por completo, incluso más este noviembre. Nunca en la
historia del arte se ha vendido tanto en tan poco tiempo.
Una verdadera fiebre del mercado se ha arraigado en las subastas de
arte de Nueva York -en Sotheby´s los martes, en Christie´s los
miércoles y en Phillips los jueves. Las casas de subasta compiten para el
mejor producto y por los clientes más ilustres, con las casas preparadas
para tomar los riesgos más altos para ofrecer los precios más altos
garantizados a sus proveedores.
Con ventas por $537 millones en el espacio de unas horas -solamente
para el arte contemporáneo-, el mercado de subastas de Nueva York es, sin
lugar a dudas, caluroso. A collection of Warhols consiguió $88 millones,
con uno de los retratos de "Mao", vendido a un coleccionista de
Hong Kong por $17.4 millones.
La obra más costosa de la temporada fue una pintura de 1977, de Willem
de Kooning. El humor explosivo de la obra abstracta de de Kooning, "XXV",
convenía al estado de ánimo de la subasta. Un corredor de arte, actuando
a nombre de un cliente, compró la pintura en Christie´s por $27.1
millones, el precio más alto alguna vez pagado por un de Kooning.
Las obras de pintores alemanes jóvenes se encuentran por todos lados.
La pintura semi-desnuda de Martin Eders, "Bonjour Tristesse",
que el artista pintó en 2003, fue vendida en Sotheby's por más de medio
millón dólares. Las obras chinas también se están volviendo cada vez
más dominantes en la plataforma de subastas, los que ayuda a la industria
a crear nuevos segmentos de mercado. También significa que la industria
se está reinventando constantemente, al igual que desde una perspectiva
estética.
¿Podría la historia repetirse a sí misma? El mercado estaba casi tan
caliente una vez en el pasado, en los salvajes 1980s. Los japoneses
estaban locos por los impresionistas, y un corredor fue citado al decir:
"El arte atrae dinero de la forma en que la gravedad hace que las
manzanas caigan a la tierra" ["Art attracts money the way
gravity makes apples fall to the earth"]. Pero luego, en 1990, el
mercado falló mundialmente. Con la guerra de Irak y una crisis posible de
petróleo en el horizonte, la economía empezó a temblar con
anticipación.
Los propietarios de galerías estadounidenses, no pudieron deshacerse
de sus David Salles, Keith Harings y Julian Schnabels. Nadie estaba
interesado. El mercado de arte alemán estuvo en el mismo aprieto. Un
pintor como Rainer Fetting, la estrella del movimiento Neue Wilde (Los
Nuevos Salvajes), fue considerado una fuerza muy importante del mercado.
Sus pinturas se vendieron por 60,000 marcos alemanes en término medio.
Hoy su precio está en más o menos el mismo nivel, o entre €20,000 y
€35,000 euros. Si uno hubiera invertido 60,000 marcos en acciones en
1986, la inversión se habría cuadruplicado, en valor, con el día de hoy.
Pero Zwirner, el propietario de galería de Nueva York, cree en esos
que insisten en que el boom actual es simplemente un resurgimiento de los
80s "están diciendo disparates", Zwirner subrayó que hay
"muchos coleccionistas serios quienes no tratan el arte simplemente
como un bien [asset]".
Max Hollein, Director de Kunsthalle Schirn y del Museo Städel en
Francfort am Main, ha escrito un libro sobre el mercado de arte de los
1980s. Como en los 1980s, escribe Hollein, el mercado de hoy también
está siendo alimentado por una economía fuerte. Aunque contento "por
el amplio interés en el arte", Hollein está disgustado por los
precios altos, pues hacen casi imposible para un museo financiado por el
gobierno comprar arte. "Afortunadamente, nuestra adquisición más
reciente fue un obsequio". Pero en lo que corresponde a Hollein, la
noción generalizada de que el buen arte -es decir, el arte de vanguardia-
sólo es creado en los tiempos menos prósperos es un "cliché
absurdo"
El arte, la nueva potencia mundial, está palpitando. Tiene su propia
dinámica y sus propias leyes. Es una aventura.
En el pasado, los innovadores mantuvieron su distancia de la parte del
negocio del arte. En la actualidad, ellos se sienten más cómodos en el
medio de cosas: en el centro del mercado de arte del mundo.
Tradujo del alemán, Christopher Sultan; del inglés Agustín
Villalpando/Enkidu.
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