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Cartas privadas 64
Carta a H. desde Madrid
Madrid 7 de Febrero'06
Querido H:
Tengo que agradecerte mucho la carta tan cariñosa que me enviaste por
mi cumpleaños. Gracias por recordarlo. Fue bueno volver a casa después
de una larga semana de lidiar con el bazar de caridad organizado por la
princesa Estefanía. No te puedes imaginar lo que fue lidiar con ella.
Ayer tuve en el museo unos de esos viernes nefastos, pues era el día de
la inauguración del evento. Para que tengas una idea de mi día, el
percance de menor importancia fue cuando a cuarenta cinco minutos del
cóctel de apertura a uno de los gendarmes del piso principal se le
ocurrió pasar un plumero al maniquí de la reina Sofía, que supongo
reaccion con un estornudo perdiendo la cabeza; la cual termino cayendo de
a dos en dos escalones por la escalera principal con el pobre hombre
desesperado corriendo atrás hasta que la misma, sin control, salió
rodando por la puerta de entrada hacia el Paseo Santa Isabel para terminar
su carrera bajo las ruedas de un camión repartidor de productos lácteos.
El hombre aún está internado en una clínica por su estado de nervios
(lo llevaron en una camilla gritando: "He decapitado a Sofía, he
decapitado a la reina") y el maniquí aun sin su cabeza. Pero,
¡Gracias al Cielo!, todo salió muy bien. La reina Sofía es una mujer
absolutamente encantadora y hoy me enteré que tuvo la delicadeza de
enviarle un ramillete de flores al gendarme, quien no ha parado de llorar
desde recibirlos. Los españoles tienen algo que no deja, a diario, de
asombrarme. ¿Recuerdas el personaje Manolito de la tira cómica argentina
Mafalda? Pues lo dejo a tu imaginación. Trabajar con sesenta y dos
personas a tu servicio más otras ciento cincuenta a cargo de ellos, tiene
sus pormenores, pero no deja de mantenerme entretenido. Aunque a veces
puede llegar a agotarme el metier en que estoy metido (valga la
redundancia), y de lleno, hasta el cuello realmente, lo amo con pasión.
Sumergirme de cabeza dentro del mundo del arte es apasionante y jamás
dejará de fascinarme.
Tendrías, de verdad, que venir a visitarme unos días a Madrid, ya
hace demasiado tiempo que no tenemos una de esas entretenidas charlas
sobre arte, mi amigo, o hasta podría ir a verte a Lima, ya sabes cómo me
gusta tu ciudad en Marzo, y sobretodo como gozo de ese cebiche tan
delicioso que prepara tu mamá. ¿Cómo se encuentra tu familia? No
recuerdo si te comenté que me encontré con tu hermano Lorenzo en la
fiesta de gala en el Teatro Estates de Praga, por la celebración del
cumpleaños de Mozart. Durante los últimos meses Europa ha podido olvidar
sus problemas políticos y celebrado de una manera muy emotiva este evento
tan importante para los melómanos del mundo.
Ahora, a lo tuyo; noto entre líneas que no pareces feliz, que te
preocupa algo. Me confiesas que tienes miedo de emprender esta relación
en la que te embarcas. El único temor que tendría yo de hacerlo seria
pues hacerlo en un domingo, "El domingo no te cases ni te embarques",
como decía ese dicho de nuestros abuelos. A parte de ello no veo porqué
no has de hacerlo, amigo mío. Me habías escrito hace unas semanas
contándome de tu reencuentro con alguien que habías conocido hacia
algún tiempo atrás y que te sentías muy contento y entusiasmado. Nada
es color de rosas, vivimos en el siglo XXI, la era de la comunicación
cibernética, conozco gente que se ha conocido de esa manera y después de
bastante tiempo de mantener una relación espíritu-técnica, dieron el
paso de conocerse y en algunos casos anduvo y en otros no. Particularmente
yo creo que en cualquier clase de relación, si tú no vuelcas el alma de
lleno en ella, estés de la mano o a mil kilómetros de distancia no
funcionaría jamás. Como te he dicho anteriormente, la palabra distancia
no me aleja de nadie, por el contrario me acerca. Es solo una traba más
del destino, un movimiento sobre el tablero de ajedrez sobre el cual
batallamos. La distancia es como una comunión con lo esperado, con lo
deseado, tómala como si fuera un reto. Ella está ligada directamente a
nuestra fe, a nuestro deseo, a nuestra voluntad, todas ellas graciosamente
relacionadas con nuestro espíritu.
Me estoy animando a darte el coraje necesario para que no dejes escapar
de tus manos una oportunidad que el destino te ha dejado delante de tu
puerta. Me habías comentado en otras cartas ya, que esta persona te
gustaba, que te trataba bien, con respeto, hasta con admiración. Se que
has sufrido, que has tenido decepciones duras e inesperadas, pero ello no
es causa para no seguir adelante, para no seguir creyendo.
Desde hace más de veinte años que tengo un amigo en Buenos Aires, y
siempre que me ve, se ríe, y con un abrazo me dice: -"Aquí llegó
el soldadito a cuerdas". Desde que me conoce ha compartido mis
alegrías, mis desilusiones, mis frustraciones. Dice que me parezco a un
soldado de metal a cuerdas, que jamás cesa de andar, camina, choca contra
una pared y dando una media vuelta sigue hasta chocar contra otra pared,
para comenzar su marcha de nuevo. La diferencia es que el juguete es de
hojalata y uno está vivo y repleto de esencia y tiene un corazón como
cuerda voluntaria y eterna. No creas que por seguir adelante no he sufrido
en carne propia tu experiencia. Me río de ello, no una mi amigo, cientos
de veces, miles de veces. Tantas naranjas agrias en mis manos. Pero se con
infinita certeza que un día una sabrá a néctar y endulzará mi paladar
hasta el día de mi muerte. El paladear fruta pasada no es el problema, el
problema es no probarla.
Imagina la extraordinaria emoción de volver a tu hogar para
encontrarte con tu camarada, con el alma que sabe absolutamente todos tus
secretos (bueno, casi todos, soy de acuario); con la persona que sabe
exactamente que decir para halagarte y aún mejor, cuándo hacerlo; que te
pone un hombro para que le cuentes tus fracasos, una boca ardiente para
celebrar tus triunfos.
Años atrás organicé uno de los primeros concurso aeróbicos entre
varios gimnasios de Buenos Aires, nunca se había hecho eso hasta ese
momento. Organizarlo sin ayuda financiera y con el poco dinero que uno
podía juntar era tarea bastante difícil, hasta agotadora. Más de tres
meses de estrés y sacrificios con horas muy largas entrenando aparte de
todo, a mis alumnos. Si no hubiera sido por mi pareja no se que hubiera
hecho.
Más de una noche volvía cansado a casa y hasta casi frustrado y
siempre me encontraba con un hombro donde descansar y un abrazo donde
refugiarme Esperarme en casa con comida caliente, un abrazo y unas
palabras de aliento era todo lo que necesitaba para poder seguir adelante.
Solo puedo decirte también que sin mirar afuera de mi hogar tuve el
ejemplo de un par de seres maravillosos que se amaron durante cincuenta y
tres años. Observar de niño el amor con que papá miraba a la mujer de
su vida, el respeto, la confianza, el compañerismo que existía entre
ellos, no hacía mas que darme la mejor esperanza de que algún día yo
tendría lo mismo. Esa complicidad que solo se da con los años en la
entrega absoluta de un ser a otro. Recuerdo que mi viejo tenía la
particularidad de a penas abierta la puerta, cuando regresaba de trabajar,
silbar una tonada que hasta hoy tengo grabada en mi memoria. Con mi
hermana menor sabíamos que al oír esa doble tonada llegaba el Sr. De la
casa y como si eso fuera poco, siempre con un chocolatín, un sobre de
figuritas de colección, o un libro para colorear.
Y aunque te parezca mentira, mi querido H. ¡Existe! Si, existe, solo
abre tu corazón y te aseguro que estará frente a tus narices. Pero dale
una oportunidad. Date una oportunidad, y sobretodo amigo mío, dale una
oportunidad a ese personaje que te ha encontrado. No cierres tu corazón a
un sin fin de mañanas que no harán otra cosa más que iluminar tu día
haciéndolo mas brillante y llenándotelo de infinitos colores.
Te muestro aquí la carta que hace ya tanto tiempo escribí a la
persona que colmaba mis mañanas, no dejes pasar el tiempo mi amigo. El
seguirá reinando en su trono mientras tú ya no existas.
Te deseo de todo corazón que puedas decidirte. Siéntate tranquila
delante de a luna y deja que tu corazón te cuente lo que piense.
Un abrazo
Tu amigo F.
Mí querida alma gemela:
Llegaste a mí en el momento más crucial de mi semana, mi único día,
la única hora
de mi existencia. Te vi a través de mi ventana empañada por mi
solitaria tarde e iluminaste mi casa con la sonrisa de una criatura
traviesa. Una sonrisa que me recordó a la mía, la misma que quedó
borrada en mi espejo alguna mañana al afeitarme hace ya tanto tiempo.
No sé si el tiempo se llevará tu recuerdo de vuelta a tu isla, no sé
si esta mañana o si en mi noche moribunda; pero si sé que aunque golpee
a mi ventana con mil huracanes con ganas bravas de raptar tu sueño,
jamás logrará alejarme de la esperanza noble que me trajiste, de tus
ganas de ser alguien, de ese sabor nuevo de vida que pusiste a mis
páginas vacías, de esos brazos abiertos coronados por tu sonrisa sincera.
Tantas cosas para darte, tan llenas de nada; sólo te puedo regalar mis
ganas de ser alguien, mis sueños ya casi transparentes. Por favor no los
olvides entre las poesías de tu juventud loca.
Recuérdame en tus mañanas, en tus tardes y en tus noches solitarias.
Beso tu frente mientras duermes y la empapo con una lágrima tonta.
Tuyo para siempre.
F.
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