Habitats
en peligro: Los cines
1ª
parte
“Las luces se apagaron/
esto va a empezar, / la chica de la antorcha /ya ocupó su lugar/
preludio de que algo emocionante va a pasar”
fragmento de El
Cine de Nacho Cano.
Por Su Cinéfila Majestad Doña Juana la Loca
Dedicado con
amor de largometraje a Don Armando Cristero, Miguel Ángel Ham y
Horacio Guerrero La Gran Diva del Cine Nacional
¡Aaay mis hijooos!, grita
Nuestra regia damita con voz de ultratumba; al pasar por las calles de
Fray Servando Teresa de Mier y ver el cascajo de aquel cine que fue El Cine Colonial construido por Carlos Crombé
e inaugurado el 1 de junio de 1940 para 5000 personas.
Ustedas que nacieron en tiempos del Blockbuster
y los monopolios de salas chiquitas, no saben lo que significan para la
historia del ligue gay, estos grandes espacios. En estos lugares muchos
homosexuales encontraron si no el gran amor de su vida, si la pasión en
una permanencia voluntaria. Hoy en día, los cines independientes son
muy pocos; casi todas las salas pertenecen a Cinemark
o Cinemex y son ¡tan decentes
y pulcras!, que cualquier tentativa del ligue, faje o coge es totalmente
imposible.

Por ello Su Maje les dará una
reseña sobre estos espacios en extinción comenzando con un 22 de marzo
de 1895 con la proyección por primera vez y para un público de 30
personas la experiencia cinematográfica a cargo de los hermanos
Lumiere: el cine había nacido.
El cine hizo su aparición en México en agosto de 1896 cuando Gabriel
Vayre y Fernando Bon Bernard ofrecieron a Don Porfirio Díaz una
demostración del cinematógrafo, siendo la primera proyección pública
el 14 de agosto de ese mismo año.
Don Porfirio no se contentó con ser un simple espectador, además lució
como el primer actortz del incipiente cine mexicano.
En México; el antecedente
directo de las funciones XXX fueron las “funciones para hombre solos”
a la que se asistía a través de una tarjeta de participación.
Sobre estas funciones no existe denuncia directa por parte del clero;
sin embargo existía una persecución silenciosa hacia el cine en
general por considerarlo inmoral y pecaminoso. En enero de 1899 aparece
en la revista Cómico un
comentario en contra del séptimo arte, mencionando el secreto de las
“funciones para hombres solos” donde se comenta que no sólo hay
sexo, sino también alcohol – Doña Juana supone, que las más
abusadas no sólo tenían alcohol y sexo sino también ¡hombres!-. La
pornografía provoca tal revuelo, que el Ayuntamiento de la Ciudad de México
prohíbe las ¡cachondítzimas! pinturas renacentistas de las tapas de
las cajas de cerillos.
En
aquellos tiempo una nota periodística de Lazo
de Unión encendió el debate de abrir o no un teatro para
“hombres solos”. En la nota, se señalaba que el hecho formaba parte
ya de las diversiones públicas en Europa y Estados Unidos; pidiendo que
se negara la entrada a estos establecimientos a menores de edad y
mantener la vigilancia policíaca
¿por qué esta última recomendación?, se pregunta Doña Juana ¿No
será que al estar solos, llegarán a tener malos pensamientos los unos
para con los otros?
Una de las primeras salas para
“hombres solos” fue La América
situada “en los altos de Ex seminario”. A Su Maje le resulta curiosa
la petición para que estos teatros o salas tuviesen una licencia
especial debido a los “escándalos” que se provocaban, similares a
los de las “casas toleradas”.
Ya dice el sabio refrán: “lo prohibido, es lo más buscado” y ante
la negativa del Ayuntamiento de la ciudad de México por abrir un teatro
para “hombres solos” o permitir funciones para este noble fin, esto
se hacía en la clandestinidad y semiclandestinidad obteniendo con ello
tanto empresarios como el Ayuntamiento; grandes ganancias y
tumultos en las calles.
Pero ¿como eran las películas
XXX en esos tiempos en México?, seguramente se preguntarán ustedas...
pues sucede que la fotografía pornográfica fue su antecedente más
directo y a falta de algún testimonió más antiguo, presentaremos el
de Don Vale Cervantes: “Habla un mexicano que había películas
inmorales, no me acuerdo cómo se llamaba, un gordo él, ay no me
acuerdo del nombre...él hacía películas inmorales...llegaba aquí a
Puebla, y me invitó en una ocasión, se ocupaba de sorprender parejas
que llegaban a los hoteles...”.El
caso es que las filmaba y luego el misterioso señor X ¡las andaba
exhibiendo en los cines! ¿Cómo ven? He ahí uno de los precursores de
los DVDS piratas de Hoteles XXX que se venden hoy en las calles de la
Ciudad de los Palacios.
En la calle de Santa Veracruz No.
19, se encontraba El Salón
Venecia, donde se proyectaban películas de sexo explícito, o sea
¡To-di-ti-ti-to! Y si no encontraban quien te consolara dentro, existían
para los bugas empedernidos prostitutas de lo cual da fe Salvador Novo.
Y como siempre pasa; las autoridades jugaban con la doble moral mexicana;
por un lado se oponían al pecado y por el otro permitían las funciones
para hombres solos de esta manera las funciones para hombres solos dejan
por ejemplo el Teatro Degollado en Guadalajara y se refugian al Teatro
Apolo –ahora Cine Cuauhtemoc- o a la carpa obrero a un costado de la
Iglesia de San Juan de Dios.
Entre
1920 y 1940 a causa de la moralina estadounidense varias películas XXX
se filmaron en nuestro país; entre las hetero se encuentran:
El Sueño de Fray Vergazo,
Las muchachas –que contenía
un acto lésbico-, El Monje Loco
y Cuento de un abrigo de mink.
La mayor parte de estos materiales eran proyectados durante la primera
mitad del siglo XX en prostíbulos o en el cine clandestino La Tarjeta, Isabel la Católica # 14, en el centro histórico de
Ciudad de México y propiedad del librero español Amadeo Pérez Mendoza.
Ya el marichi de La Bautista nos confiesa que por estas fechas se filman
las primeras películas porno gay en México donde se encuentran pedazos
en la Filmoteca de la UNAM. Entre los filmes gays destaca el titulado: Los
homosexuales donde al inicio de la película aparece una advertencia:
“es un film fuera de lo común e inclusive asqueroso, pero que es
necesario ver”
¿A que no sabían la otra
historia del cine? Así que pasaremos a una parte escabrosa e
interesante de nuestros lugares en peligro: La historia de la censura,
que de acuerdo con el crítico cinematográfico Rafael Aviña, se
remonta al periodo del presidente Francisco I. Madero, cuando se
establecieron los primeros lineamientos restrictivos para la incipiente
actividad fílmica en favor de la moral pública. De hecho, a finales de
1910, funcionaba ya un departamento de Censura Cinematográfica,
dependiente de la Secretaría de Gobernación.
La moral ha sido pretexto de la tijera gubernamental, pero los temas políticamente
incorrectos han dado mucho más que hacer al sistema autoritario
mexicano.
En
1899 el Ayuntamiento de la tres veces Mochilota Ciudad de Puebla de los
Ángeles recibía un reclamo por la utilización del Teatro Guerrero por
proyectar películas “para hombres solos” y como todo lo purifica el
fuego, el teatro se incendió en 1909. En San Luis Potosí también las
buenas conciencias hicieron sus estragos. En los años veinte tenemos el
cine mudo y una de las grandes obras sería Santa del libro homónimo de
Gamboa. Hacia 1918 nacerían las primeras salas de cine ya reglamentadas
y hechas para estos fines.
Entre las antiguas salas de cine
que se convirtieron en video salas porno se encuentra el Cine Teresa
construido en 1924 sobre San Juan de Letrán No. 109, hoy Eje Central Lázaro
Cárdenas, el llamado “cine para señoritas” que reproducía todos
los elementos del Art Déco, perdidos durante la remodelación sufrida
hacia los años 30 con la ampliación de San Juan de Letrán. Fue casi
demolido en su totalidad y reinaugurado en 1942 como actualmente lo
conocemos. Es probable que esta reestructuración le salvo del sismo del
85. A tan sólo un año de construido el cine Teresa; Salvador Novo le
dedicó a Antonio Dodero su poema Cine: “Amiga inmotivada del cine/
cuyos objetos de mano/ fueron culpables de nuestra amistad –como en la
literatura castellana -/ porque cayeron junto a mi...”.
Hoy en día los ligues, fajes y
cojes sin compromisos en ciertos cines son el pan de cada día; pero no
siempre fue así, por ejemplo el poeta Elías Nandino comenta que se
ligaba a sus chacales en los baños generales y de ahí los invitaba a
comer y al cine para trabajarlos poco a poco: “En otra ocasión lo
abracé en el cine. Como él no hizo nada tomé su brazo y lo puse en mi
cuello. Se separó un poco. – ¿Es necesario que te abrace? – Sí,
pero fuerte –dije acercándome a su oído. Así lo fui domando...”.
Nandino también nos habla del cinito en Lecumberri que sería la
delicia para las perversas de las ustedas: “Había días en que hacían
funciones de cine en las que juntaban a toda la población del penal.
Imagino que, mientras pasaban la película, en las butacas se
organizaban una orgías espantosas porque invariablemente a los dos días
de que habían ido al cine abundaban los presos con infecciones
sexuales”.
Esta historia CONTINUARA....
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